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RICARDO MELCHIOR NAVARRO *

El puerto de Granadilla y el desarrollo de la Isla

22/mar/09 07:34
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EL FUTURO de las sociedades se fundamenta en su capacidad para emprender iniciativas y alcanzar nuevos objetivos. Nunca ha sido posible el progreso sobre la base del inmovilismo porque ello sólo conduce al atraso, a la pérdida de competitividad y, consecuentemente, a la generación de pobreza. Es por ese motivo que se hace imprescindible acometer programas que procuren el desarrollo de una forma ordenada y razonable con arreglo a las capacidades que ostente la propia sociedad.

Nuestra Isla constituye un ejemplo evidente de lo que puede suponer la inacción y, por el contrario, la creación de bases sólidas sobre las que construir un porvenir más esperanzador. De hecho, en las últimas décadas el grado de desarrollo que hemos logrado entre todos ha sido ciertamente notable y ello se debe de forma directa a la realización de unas infraestructuras que nos han permitido generar oportunidades y puestos de trabajo para nuestra población, así como desplegar actividad económica.

Podríamos hacer un ejercicio de imaginación y concebir qué habría sucedido si no nos hubiésemos dotado de los puertos, aeropuertos, autopistas, establecimientos turísticos, etc. De seguro la situación sería radicalmente distinta y Tenerife permanecería aún anclada en un pasado marcado por la falta de expectativas y definido por unas estructuras sociales obsoletas, alejadas de la modernidad. Se trata, obviamente, de una perspectiva que no atraería a casi ninguno de quienes residimos en esta tierra.

Siguiendo la misma línea de actuación mantenida hasta ahora, desde hace ya bastante tiempo se ha planteado la construcción de un nuevo puerto en Granadilla para ser dedicado fundamentalmente al tráfico de transbordos. Es esta una fórmula sobre la que se basará en buena parte el futuro del transporte marítimo que no es posible aplicar desde el actual puerto de Santa Cruz, inmerso en la ciudad y sin capacidad para dotarse de los complementos necesarios. Sin embargo, la propuesta ha sido desde el principio contestada por un sector de nuestra sociedad, que ha recurrido a argumentos ecológicos para reforzar su oposición a la obra.

Así, han sido realizados alegatos públicos y también se han interpuesto recursos ante instancias institucionales y judiciales con el fin de entorpecer la ejecución del proyecto. El último capítulo se ha escrito con la paralización de las obras debida a la suspensión cautelar de la descatalogación de los sebadales por parte del Tribunal Superior de Justicia de Canarias. Se trata, sin duda, de una decisión legítima tomada en función de las atribuciones que le corresponden; no obstante, observamos cómo pasan los días y no se registra un pronunciamiento definitivo que aclare la situación, produciéndose serios perjuicios sociales para Tenerife.

Esa infraestructura es capital para Tenerife, para el bienestar futuro de sus habitantes, porque permitirá abrir una nueva vía de diversificación de nuestra economía. Consecuentemente, cualquier decisión que le afecte ha de ser adoptada con la suficiente celeridad y no puede permanecer en el alero durante un tiempo que se considera precioso, y más aún en una coyuntura de crisis como la que atravesamos en la actualidad.

La construcción del puerto, hay que decirlo, no ha de interpretarse como un atentado contra la Naturaleza, que, como decimos, es la excusa empleada por quienes se oponen a la obra, quiero pensar que más preocupados por frenar el desarrollo insular que por otra cosa. Nadie podrá acusar al Cabildo de Tenerife de no respetar el medio y de no llevar a cabo numerosas iniciativas para cuidarlo. De hecho, la mitad de la superficie de la Isla cuenta con un elevado grado de protección ambiental y son constantes los programas de reforestación y restauración emprendidos cada año.

Las instituciones insulares y autonómicas son conscientes de la realidad y basan sus decisiones en estudios técnicos debidamente acreditados. En este caso, se cuenta con el respaldo de especialistas que garantizan que la obra del puerto de Granadilla no representa un daño irreparable para el medio ambiente marino. Por el contrario, sí supondrá una garantía de futuro para los tinerfeños.

* Presidente del Cabildo de Tenerife

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