Lá RECIENTE ex comunión en Brasil de los médicos y la madre de una niña de nueve años que abortó dos gemelos de un embarazo fruto de la agresión sexual de su padrastro vuelve a poner sobre la mesa el debate de quién considera la sociedad que tiene más razón, los médicos y la madre o el arzobispo brasileño José Cardoso Sobrinho y el Vaticano.
Si atendemos la razón de los médicos que procedieron al aborto porque la vida de la niña corría riesgo si el embarazo continuaba su curso, dada su corta edad y un embarazo gemelar, y si además la madre no quería de ninguna manera que su hija tuviera hijos como consecuencia de la violación por su padrastro, pues la decisión del aborto parece razonable, dado que, además, la ley brasileña contempla estos supuestos como motivo de interrupción del embarazo.
Sin embargo, el arzobispo vio en la decisión de abortar un acto de perversidad moral incompatible con la confesión católica, una posición arropada luego por el cardenal Giovanni Battista Re, estrecho colaborador del papa Benedicto XVI y presidente de la Comisión Pontificia para América Latina, que se pronunció en el periódico italiano La Stampa en el sentido de que el verdadero problema radica en que los gemelos concebidos eran personas inocentes, que tenían el derecho innegable a la vida, basándose además en que la Iglesia Católica siempre ha defendido el derecho a la vida y debe continuar haciéndolo, sin adaptarse a las modas de cada época o al oportunismo político.
Dos posiciones muy contrapuestas, la de la Medicina y la de la Iglesia, que han enfrentado al gobierno legítimo de Brasil y su cúpula católica, llegando el presidente Luiz Inácio Lula da Silva a afirmar que como cristiano y católico lamenta profundamente que un obispo de la Iglesia Católica tenga tal comportamiento conservador, puesto que no se debía permitir que una niña violada por su padrastro tenga ese hijo si su vida corría riesgo. En Brasil, la separación de papeles entre la Iglesia y el Estado está claramente plasmada en el preámbulo de la Constitución de 1988.
La posición eclesiástica parece no contar con la comprensión de la mayoría de los creyentes brasileños, que echan de menos al fallecido arzobispo de Olinda y Recife, Hélder Câmara, profundo humanista precursor de los movimientos católicos de base y activista defensor de los derechos civiles y humanos, que se enfrentó valientemente a la dictadura militar que doblegó Brasil durante 21 años, siendo perseguido y hasta acusado de comunista. Los brasileños ven este aborto más como una cuestión de salud pública y supervivencia de la niña que religiosa, cuando además conocen casos de mujeres que abortan clandestinamente en condiciones infrahumanas y han visto cómo por ello muchas han perdido la vida.
Tras leer y analizar detenidamente todos los argumentos de unos y otros, y teniendo en cuenta a la niña inocente de nueve años, creo en esta ocasión que los médicos y la madre tienen más razón que un santo.
jvicentegbethencourt@yahoo.es
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