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Kosovo y el aborto

22/mar/09 07:34
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SE SUPONÍA que esta semana política tendría en la crisis económica y financiera uno de sus protagonistas destacados, pero no ha ocurrido así. La oscuridad es una de las características de cómo el Gobierno trata de actuar para hacerle frente, aunque esta apreciación podría ser errónea, y que en realidad lo que sucede es que el Gobierno, sencillamente, no hace nada porque no se le ocurre nada, y por eso da la impresión de que maniobra en la sombra al margen de todo conocimiento público. Ahora acaba de insinuar, más o menos oblicuamente, que dentro de pocos días se sabrá qué entidades de crédito serán objeto de intervención y cuáles habrán de ser absorbidas por otras o, directamente, cerrar sus puertas. El Gobierno, por todas las trazas, no acaba de captar del todo la diferencia entre la prudencia que debería transmitir confianza y la indecisión que transmite incertidumbre. Y así andamos, tratando de sobrevivir y sin saber a qué carta quedarnos.

Kosovo

Repentinamente, hace un par de días saltó la noticia: el Gobierno ha decidido retirar las tropas españolas destacadas en Kosovo, y lo ha hecho sin avisar previamente a nadie, ni a la OTAN, ni al mando de la KFOR (sigla de la "Kosovo Force", compuesta por la OTAN y Rusia). La Alianza, Washington y portavoces de los países que tienen también efectivos destacados allí han manifestado, sucesiva o simultáneamente, sorpresa y decepción. Pero los portavoces españoles han reaccionado explicando que España -al igual que Rusia y al contrario que muchos otros países, entre ellos Estados Unidos y Alemania- no aceptó la declaración unilateral de independencia de Kosovo, que los serbios siguen considerando parte de su territorio, y que, una vez lograda cierta pacificación de la zona, carece de sentido que las tropas españolas permanezcan allí. Pero como esta explicación no aclara la razón de que esta decisión se haya tomado sin previo aviso siquiera a los aliados, las fuentes oficiales españolas han matizado que la retirada se hará escalonadamente.

Todo esto ha ocurrido en un momento en que concurren dos circunstancias: una fase de desconcierto de la OTAN que se viene prolongando desde el desplome de la Unión Soviética (y, en consecuencia, de una geoestrategia global bipolar), por una parte, y las vísperas del primer viaje de Barack Obama a Europa. A primera vista no parece que sea el entorno más propicio para una sorpresa como ésta, lo que induce a pensar que, en realidad, no conocemos las verdaderas razones de esta nueva pirueta de nuestra política exterior. ¿Dificultades económicas insuperables para mantener a esos militares en los Balcanes, ante la perspectiva de reforzar nuestros efectivos en Afganistán? ¿Pago de un precio pactado con Rusia para asegurarnos el suministro de gas? ¿Pura ignorancia adolescente de lo delicado de una decisión así, que esta vez se ha tomado sin medir sus consecuencias? No lo sabemos, ni tampoco nos lo dicen.

Algo, pese a todo, parece fuera de duda: no puede decirse que esta súbita retirada de Kosovo sea un factor que contribuya precisamente a consolidar ante nuestros amigos y aliados la imagen de una España en la que valga la pena confiar.

Aborto

Otro de los asuntos destacados de esta semana ha sido la reacción de significativos sectores sociales contra el proyecto del Gobierno de establecer una ley de plazos sobre aborto provocado, convirtiendo de este modo el hecho de abortar de delito en derecho durante las primeras semanas (dicen que catorce) de embarazo. Parece obvio que no estamos ante una cuestión que reclame urgentemente la atención del Gobierno en estos momentos, y no se trata tampoco de una cortina de humo para desviar la atención de cosas más importantes como la crisis económica, según algunos observadores han diagnosticado: esa posible ley sobre aborto es mucho más importante que la crisis económica, porque va al corazón mismo de la convivencia en libertad, que es la dignidad de todo individuo humano por el hecho de serlo.

Un grupo de científicos y profesores universitarios puso a la firma un manifiesto de defensa de la dignidad del individuo humano concebido y aún no nacido. Iba a llamarse "Manifiesto de los Trescientos", pero las adhesiones han desbordado las previsiones más optimistas, y los firmantes se han acercado a los mil, así que se le ha cambiado el nombre previsto por el de "Manifiesto de Madrid". En él se establece que el inicio de la vida de un individuo humano es el instante de la fertilización del óvulo, y que eso no es cosa de creencias, sino de ciencia; también se denuncia la mentira ignorante con que el Gobierno emplea el término "viabilidad" para justificar su proyecto, y se llama a la opinión pública a defender la dignidad inviolable de todos, especialmente de los más inocentes e indefensos miembros de la familia humana.

Evidentemente, ni Rodríguez Zapatero ni su inexplicable ministra de Igualdad calcularon que su iniciativa fuese a reabrir con tal fuerza no ya el debate de ley de plazos o ley de supuestos, sino el debate de fondo del aborto provocado. El Partido Popular, que en su día presentó recurso de inconstitucionalidad contra la reforma del Código Penal de 1985, abandonó toda posición de principio tras la sentencia del Tribunal Constitucional, y se dio por conforme con el veredicto cobardón. Pero los sectores sociales que ahora se han alzado contra la nueva ley proyectada han pasado, como suele decirse, de partidos políticos, y han decidido ser ellos mismos los protagonistas de su acción, sin haber de fiarla a ningún liderazgo, sea político o religioso.

La Conferencia Episcopal Española, por su parte, ha emprendido una campaña publicitaria contra el proyecto de Zapatero, pero lo ha hecho al rebufo de las protestas sociales. El Gobierno y sus amigos se esmeran ahora en identificar toda oposición con la iniciativa eclesiástica y trata de ridiculizar la campaña, pero esta vez parece que el viejo truco no va a funcionar tan bien como en otras ocasiones. Ahora todos están haciendo cuentas de los apoyos que podrá obtener Rodríguez en el Congreso; porque podría no contar con los suficientes. Pero eso ya se verá.

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