CUANDO hace unos días conté a mis amigos de esta Casa el problema que llevan padeciendo desde siempre los habitantes de Bajamar y algunas partes de Tejina y la Punta del Hidalgo, de la falta de cobertura televisiva, creían que estaba bromeando. Pues no sólo se trata de la imposibilidad de ver los programas que las diferentes cadenas emiten de forma analógica por la caja tonta, sino que también tengo que recurrir a mi coche para escuchar por la radio cualquier tertulia en FM que sea de mi interés. Especialmente cuando se tratan temas locales, provinciales o que afecten a Canarias en general.
Desde que en 1998 decidí venir a vivir con carácter casi fijo a este tranquilo lugar del litoral lagunero, porque la capital se me hacía en muchos aspectos agobiante, he podido observar cómo, salvo la remodelación de las piscinas naturales, no se ha hecho prácticamente nada, a pesar de tener en su momento al concejal anterior de Vías y Obras como vecino. Mejor dicho, sí se ha realizado una remodelación absurda en la rambla que figura a la entrada del barrio, que sólo ha conseguido hacer desaparecer la sombra benefactora existente, por la brutal tala de los árboles (ficus) allí existentes. Difícilmente me van a demostrar desde el Consistorio, respecto a esta obra, que se han conseguido muchas más plazas de aparcamiento, ya que antes de ésta se hacía en ambas aceras y ahora sólo se aparca en un sentido, en diagonal. A mi juicio, no ha estado justificado gastar dicho presupuesto, habida cuenta de que sólo se han incrementado levemente las plazas de estacionamiento, y por el contrario han obligado a cerrar a los dos únicos pequeños supermercados que allí existían. O lo que es lo mismo, en lugar de facilitar los accesos a éstos se decidieron por complicarles aún más el rendimiento económico. Y no creo que sea santo de devoción de nadie tener que cerrar una Pyme y dejar a su plantilla en paro.
Decía antes que vine a vivir justo cuando Ana Oramas estrenaba legislatura. Y ésta, fiel a las consignas aprendidas de Manuel Hermoso, visitó antes que nada a la asociación de la 3ª edad y le prometió la sede que ahora disfruta, como también lo hizo en la Punta. Asegurar los votos de las clases pasivas (mortadela a go-gó) siempre ha sido una importante asignatura en el organigrama de estos nacionalistas de diseño. Sin embargo, como respuesta a mi demanda sobre la mejora de la recepción televisiva, sólo obtuve de ella un encogimiento de hombros. Decididamente, apunté para otro lado, y el interpelado fue el ex alcalde de Candelaria y ex consejero de Presidencia del Gobierno de Canarias Lorenzo Suárez, responsable de la concesión de licencias de radio y televisión. Una sonrisa condescendiente y otro movimiento de hombros finiquitaron mi inútil reclamación.
Años después, nada ha cambiado. No se pueden sintonizar los seis canales bien (la Sexta y las locales nunca) y me pregunto qué pasará cuando en 2010 sobrevenga el desenganche analógico y no se vea, como ahora, el sistema digital. También se carece hasta de lo esencial, como un servicio ambulatorio para emergencias. La única ambulancia con que cuenta la zona está en el centro comarcal de Tejina y no es medicalizada, pese a la alta tasa de mayores que aquí viven o residen en invierno. Es de todos conocido que cuando a los longevos les da un infarto, suelen llegar a los centros hospitalarios listos para el funeral.
Otra cuestión es la falta de frecuencia de guaguas y la imposibilidad de conectar desde Santa Cruz después de las 20:55 horas, siendo la última desde La Laguna a las 23 horas, y en sentido inverso a las 23:40. Censurable en una población de más de 5.000 habitantes (y tal vez me quede corto). Tampoco hay taxis, porque en las dos paradas existentes (Bajamar y La Punta) dejaron de funcionar por jubilación de los propietarios, y sólo se cuenta en caso de apuro con la solidaridad vecinal.
Podría enumerar más carencias, pero concluyo para denunciar otra vez la lamentable apatía administrativa de los políticos para con este bello rincón de Anaga, cuyos habitantes pagan religiosamente sus impuestos y viven (vivimos) llenos de carencias urbanas y sociales. Pero, tranquilos, que con mortadela y excursiones opcionales en época electoral se resuelve siempre la lamentable permanencia de los mismos.
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