COLPISA, Madrid
Será como una terapia de "shock". El sorteo de los cuartos de final de la Liga de Campeones quiso que Barcelona y Villarreal se enfrenten al Bayern de Múnich y al Arsenal, dos enemigos que traen nefastos recuerdos a las aficiones españolas. Ni los "culés" saben lo que es ganar a los alemanes en partido oficial, ni el "submarino amarillo" a los londinenses. Además, cuentan con la desventaja de disputar la vuelta fuera. El bombo deparó como eliminatoria estrella la reedición de las semifinales de la temporada pasada entre el Liverpool y el Chelsea. El vigente campeón, el Manchester United, se las verá con el Oporto.
En Barcelona decían con la boca pequeña sentirse favoritos ante cualquier rival, pero lo cierto es que el Bayern no era uno de los preferidos. No tiene el empaque y el cartel de los ingleses, pero su palmarés (cuatro Copas de Europa) y férrea mentalidad, unida a su juego directo, físico y potente, hacen de él un rival temible. No era extraña la mueca del presidente Joan Laporta tras conocer el rival: "El sorteo nos lo ha dejado complicado porque jugamos la vuelta fuera, pero el reto es más fuerte y tendrá más mérito".
El Barça se ha enfrentado al Bayern en cuatro ocasiones y nunca ha conseguido imponerse.
El Villarreal también tendrá la oportunidad de cerrar una herida que lleva sin cicatrizar desde el fatídico penalty fallado por Riquelme hace tres años. Ese día El Madrigal enmudeció y lloró al despedirse de una final de la "Champions" que ya acariciaba. En aquella ocasión la derrota por la mínima en Londres fue suficiente para apear a los de La Plana de la máxima competición europea en el año de su debut. Pero el Arsenal ya no tiene a Henry y deambula cuarto por la "Premier" muy lejos de la lucha por el título. El español Cesc Fábregas es el cerebro y principal arma de los de Arsene Wenger, que vienen de eliminar a la Roma.
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