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Colección de batatas

El Centro de Conservación de la Biodiversidad de Tenerife, con sede en Tacoronte, desarrolla un ambicioso proyecto de salvaguarda y protección de las variedades de batatas propias de las Islas.
18/mar/09 07:49
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RAFAEL BARRETO, Tacoronte

En Tacoronte, en concreto en el Centro de Conservación de la Biodiversidad del Cabildo de Tenerife (CCBAT), se desarrolla un ambicioso proyecto de salvaguarda de las variedades de batatas propias de las Islas. El banco de batatas está situado en la finca de Las Haciendas (Candelaria), con 103 entradas, con un duplicado no completo en la del Boquín, en Icod de los Vinos. Asimismo, se prevé una tercera colección en la finca La Mosca, en Tejina.

En el proceso de conservación se emplea el mantenimiento de plantas en contenedores por un período de dos años.

El técnico Cristo Medina indica que "el proyecto abre dos nuevas vías de estudio, en colaboración con el Centro Internacional de la Papa (CIP) que se encuentra en Perú, donde se mantienen las colecciones mundiales de papas y batatas, y en el que se analizarán las características filogenéticas entre las muestras existentes en América y las Islas Canarias para establecer el parentesco. De esta forma se podrá establecer la procedencia de cada una de las variedades y dilucidar la ruta que siguieron para llegar a las Islas". Asimismo, se hará un estudio sobre la caracterización molecular de las variedades del CIP y de la España peninsular.

El técnico del CCBAT explica que "en Canarias han entrado muchas variedades nuevas de batatas en las últimas décadas, principalmente, con los flujos migratorios, de ahí las calificaciones de esta raíz como batatas cubana, venezolana y uruguaya, que hacen mención al lugar de donde se trajeron".

El objetivo principal del centro de la biodiversidad consiste en conservar el material existente, porque una gran parte del mismo sufre riesgo de erosión genética, incluso puede desaparecer, porque algunas de las variedades son poco rentables o por la carencia de mercado o bien porque tienen un ciclo de cultivo muy largo, que oscila entre los tres y los doce meses. En Tenerife se cultivan batatas que requieren un año de permanencia en la tierra, con lo que los agricultores se van decantando por otras variedades que no necesitan tanto tiempo de espera y que tienen la misma aceptación en el mercado. Medina se pregunta en voz alta qué agricultor, en una economía que se rige por la ley del mercado como la actual, hipoteca un terreno durante un año para sacar una producción de batata a sabiendas de que en ese intervalo de tiempo puede obtener hasta cuatro cosechas. En consecuencia, reconoce, existen variedades que corren un riesgo elevado de desaparecer, sobre todo, las que llevan más tiempo en el campo. También apunta a la importancia de los gustos del consumidor.

La biodiversidad agrícola de Canarias está relacionada con su situación de puerto de paso entre continentes durante siglos y se puede considerar a las Islas como un centro secundario de origen de algunas especies. El Centro de la Biodiversidad del Cabildo de Tenerife ha registrado 2.000 entradas, que incluyen semillas, frutales y otras especies de reproducción vegetativa como las papas, batatas y ajos.

La batata es una raíz de origen y domesticación centroamericana, cuya primera introducción en Europa fue realizada por Cristóbal Colón, a finales del siglo XV, de regreso de su primer viaje a América, procedentes de las islas de La Española y Cuba. Todas las evidencias históricas indican, según comenta a EL DÍA el técnico del Centro de la Biodiversidad Cristo Medina, que la batata se importaba desde América a España desde la primera mitad del siglo XVI. El que Canarias fuera un lugar de paso durante siglos pudo haber contribuido a que en épocas tempranas una gran diversidad de material vegetal de Ipomea batatas se quedara en las Islas, y más aún si se tienen en cuenta las especiales condiciones subtropicales de sus zonas costeras. Sin embargo, la presión de los virus y otras circunstancias de carácter agrosocial hacen que las batatas de las Islas estén en peligro de erosión genética.

Desde el punto de vista geográfico e histórico, la batata es originaria de la península del Yucatán, en México, y Venezuela. Sin embargo, algunos estudiosos aseguran que los restos fósiles de batata más antiguos que se conocen datan de 8.000 años antes de Cristo. La dispersión de la batata siguió tres rutas. La prehispánica, que la dispersó desde la costa del Perú hasta la Polinesia; la que se introdujo en Europa a partir del primer viaje de Cristóbal Colón en 1492, y con ella, la expansión hacia África y la India y la denominada ruta del camote (nombre que se le da a este rizoma) que lleva la batata desde México a Filipinas. La ruta de esta apreciada raíz cobra especial trascendencia en Canarias por su implicación en las relaciones filogenéticas y las primeras introducciones de éstas en Europa y África.

Una institución puntera

En principio, se desconoce con exactitud la entrada de las batatas en las Islas, aunque ya en 1544 su presencia es evidente, según Gil y Peña, citado en un informe del Centro para la Conservación de la Biodiversidad Agrícola de Tenerife.

Durante los años 2005, 2006 y 2007 el CCBAT efectuó una recolección de material, que se ha traducido en la existencia de 103 entradas en el banco. Durante 2006 y 2007 se ha procedido a la caracterización morfológica, que se concluyó en 2008.

El objetivo del proyecto es el mantenimiento de la colección de batatas del CCBAT "in vivo" en fincas localizadas en dos agrosistemas diferenciados de la isla de Tenerife.

El Centro de Conservación de la Biodiversidad Agrícola de Tenerife surge en el año 2003 como una de las acciones del "Plan Insular de Biodiversidad 2001-2005" del Cabildo de Tenerife. Este recurso se ubica actualmente en Tacoronte y tiene como "hijuela" para las colecciones "in vivo" la finca Las Haciendas, en Araya de Candelaria. Su principal objetivo consiste en la recuperación y conservación de las variedades agrícolas tradicionales que se cultivan en Tenerife, algunas de las cuales están en serio peligro de extinción.

Estas variedades constituyen una enorme riqueza agrícola y un importante legado patrimonial, por lo que el papel del Centro de Conservación de la Biodiversidad Agrícola de Tenerife, junto con el de los agricultores, es fundamental en la pervivencia de los conocimientos del agro y de las variedades agrícolas asociadas para las generaciones futuras.

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