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El "monstruo de Amstetten" se declara "no culpable" de asesinato

Josef Fritzl, de 74 años, se declaró ayer "no culpable" de la acusación de asesinato de uno de los siete hijos nacido fruto de la relación incestuosa con su hija, a la que encerró y violó durante 24 años en el sótano de su casa. De esta manera arranca un juicio marcado por el dramatismo y gran expectación mediática.
17/mar/09 07:41
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JOSÉ F. se cubre el rostro con un archivador en los momentos previos al juicio en el Tribunal Regional de St. Poelten, en Austria./ EFE
JOSÉ F. se cubre el rostro con un archivador en los momentos previos al juicio en el Tribunal Regional de St. Poelten, en Austria./ EFE

EFE, Austria

Josef Fritzl, conocido como el "carcelero de Amstetten", se declaró ayer "no culpable" de la acusación de asesinato de uno de los siete hijos nacidos fruto de la relación incestuosa con su hija, a la que encerró y violó durante 24 años en el sótano de su casa.

En la primera sesión del proceso contra él en la Audiencia Provincial de Sankt Pölten, Fritzl rechazó también el cargo de "esclavitud" y admitió ser "parcialmente culpable" de las acusaciones de violación y coacción.

Con voz temblorosa y apenas audible, el acusado, que el 9 de abril cumplirá 74 años, sí reconoció ser culpable de incesto y privación de libertad.

Fritzl entró en la sala ataviado con un traje gris claro y con el rostro oculto tras un archivador azul. Sólo cuando las cámaras abandonaron la sala, Fritzl, descubrió su rostro para atender las alegaciones de la fiscal del caso, Christiane Burkheiser.

El Ministerio Fiscal se dirigió a los ocho integrantes del jurado, cuatro hombres y cuatro mujeres, para escenificar los 24 años que pasó Elisabeth encerrada en un sótano, donde fue sometida a innumerables violaciones y dio a luz a siete hijos.

En un discurso cargado de dramatismo, Burkheiser describió la humedad y la estrechez del sótano y pidió al jurado que oliera objetos sacados del habitáculo para que se hicieran una idea del hedor en una habitación sin luz ni ventilación natural y en la que la humedad se concentraba en las paredes.

La fiscal indicó que Fritlz trataba a su hija "como a un perro" y que decidía qué y cuándo se comía y la ropa que usaba.

Burkheiser recordó que los primeros 9 años de su cautiverio, Elisabeth vivió en 18 metros cuadrados, en los que quedó embarazada y dio a luz a tres hijos.

Para el primero de los partos, en 1988, contó por toda ayuda con "una manta no esterilizada, unas tijeras sucias y un libro de preparación al parto".

La sucesión de violaciones y amenazas, indicó la fiscal provocaron que la joven, encerrada cuando tenía 18 años y que hoy cuenta 42, "estuviera rota".

"Luz apagada, violación, luz encendida, moho", indicó la fiscal para describir la rutinaria vida de Elisabeth.

En su alegación, Burkheiser se refirió a la muerte en 1996 de uno de los mellizos que Elisabeth dio a luz. Una muerte de la que responsabilizó a Fritzl por desoír las peticiones de ayuda de su hija, que se percató, dijo, de los problemas respiratorios del bebé.

"Sangre de su sangre, señor Fritzl" recriminó la fiscal al acusado. "Eso es asesinato por omisión de auxilio", señaló.

El abogado de Fritzl, Rudolf Mayer, solicitó al jurado que "dejen sus sentimientos afuera", al referirse al interés mediático que el caso ha generado.

"Ustedes no son vengadores", espetó el letrado, quien recordó que tanto él como su cliente han recibido amenazas de muerte y recordó que todo el mundo tiene derecho a un juicio justo.

Mayer criticó la "actuación" de la fiscal y pidió que el jurado se atenga a los hechos. También aseguró que en el mundo abundan los casos de violación e incesto y que lo que hace especial la historia de Fritzl es su deseo de "crear una segunda familia".

Mayer negó que con la sistemática violación a su hija Fritzl sólo buscara una satisfacción sexual. "Si fuera así no habría tenido hijos", explicó.

El defensor indicó que si Fritzl fuera el monstruo que la prensa ha presentado, habría matado a todos sus rehenes y dio como ejemplo de su preocupación por su familia que llevara a su hija-nieta Kerstin al hospital, cuando enfermó en abril de 2008, lo que destapó el caso.

Mayer retó al jurado a que demuestre la responsabilidad de su defendido en la muerte del bebé y le advirtió de que es preciso separar la diferencia entre privación de libertad y el delito de esclavitud que se imputa a Fritzl.

El proceso ha atraído a numerosos medios de prensa, especialmente anglosajones y alemanes, que han ofrecido suculentas cifras por fotos de Fritzl en prisión preventiva en la localidad de Sankt Poelten desde hace casi un año.

Los cargos a los que se enfrenta Fritzl, que el 9 de abril cumplirá 74 años, son asesinato, violación, incesto y privación de libertad, entre otros, que le pueden acarrear una pena máxima de cadena perpetua.

Su abogado defensor, Rudolf Mayer, que ha recibido amenazas por tener a un cliente de esa ralea, declaró a la prensa que Fritzl ya se ha hecho a la idea de pasar el resto de sus días en la cárcel. El "monstruo" de Amstetten se ha declarado "no culpable" en la primera sesión del juicio.

recuerdos

El testimonio grabado

Elisabeth tiene hoy 43 años y su testimonio fue grabado para evitar que tenga que presentarse ante su propio padre y autor de innumerables violaciones y malos tratos en esos años de cautiverio. En grabaciones que suman 11 horas de declaración, la mujer contará cómo su padre la encerró en un sótano a la edad de 18 años, cómo la mantuvo un tiempo encadenada, cómo la violó sistemáticamente y cómo dio a luz a siete hijos, uno de los cuales falleció poco después del parto, lo que puede valerle a su padre una condena por homicidio voluntario.

Elisabeth relatará cómo fueron los 24 años que pasó encerrada en un zulo de 60 metros cuadrados, sin luz ni ventilación natural, donde crió a tres hijos que no conocieron otra cosa que ese húmedo sótano hasta que fueron liberados el pasado abril.

Los otros tres niños, los más débiles y ruidosos, fueron llevados sucesivamente por su padre-abuelo a vivir a la superficie con él y su esposa en la localidad de Amstetten, a 130 kilómetros de Viena. Para poder justificar la repentina presencia de nuevos niños en la casa familiar, Fritzl afirmó que los pequeños habían sido abandonados frente a la casa por Elisabeth, tras fugarse de casa.

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