¡CÓMO PASA el tiempo! En unos días más, exactamente el viernes (20 de marzo), la primavera se instalará con profusión en la Naturaleza. Al mismo tiempo, y como contrapartida a las lluvias del gélido ciclo invernal, los campos comenzarán a llenarse de vida y de pasión; y se darán cita los colores encendidos de las flores que coronan los valles y senderos del Archipiélago. Y hasta es probable que al alba bulla la melodía serena de los espíritus reacios al dominio del invasor: "Bendita mi tierra guanche"? Delirio de escuchar a Bencomo elogiar la tierra de sus antepasados. Ya sueño con ello, y en el sueño veo que había montes y nacientes de agua fresca y cristalina exentas de impurezas; bajo un mar de nubes que impedía ver, por más rico y dulce que fuera, el rostro de los dioses del Olimpo, pero no el Teide gigante.
Bueno, ya quisiera yo caminar por los parajes que recorrían los guanches con el ganado; barrancos profundos y angostos, lejos de los energúmenos que declinan recoger los envoltorios de los alimentos que disponen para la jornada de "guerra contra el medio". Sus autores no vacilan en plasmar la "mala uva" que les embarga. Y así el deterioro y la inmundicia que se observa en cualquier zona de esparcimiento ya sea en el monte, en la playa o en la ciudad; como si la única ley vital fuera la destrucción de lo que encuentran cuando salen a retozar. En sus casas dudo que rompan las cortinas. Ah, y los ecologistas ni se inmutan. ¡Qué extraño!
Desde la cuna arranca el déficit de educación y desarraigo que acusan los cuatro niñatos que van por ahí sembrando el caos. Menos los buenos modales, sus mentores les proporcionan de todo lo habido y por haber; ésa es la razón de muchos de sus males. Y digo yo, de qué valen los medios a disposición de los mequetrefes que deambulan a la buena de Dios (o del diablo, tal vez), cuando no revierten en el comportamiento. A poco de venir al mundo los dejan en manos de cuidadores / orientadores, sicólogos; con la nevera al completo de delicadezas, porque al infante no le debe faltar de nada? (¿) Bien, pero mejor que no los dejen de la mano cuando son mayorcitos. ¿Me explico?
El Estado invierte cada vez más en la educación, en el aprendizaje, pero la misión va más allá de los organismos responsables. Las actividades propias de la escuela, más las extraescolares, amén de las que disponen los cabildos y ayuntamientos (deportes, talleres, viajes, etc.), no son suficientes para encarrilar a los que vienen torcidos desde el hogar. Si los padres no se involucran más (en términos generales) en la instrucción de sus hijos, evidentemente, la apatía, el vicio y un sinfín de implicaciones negativas terminarán por hacer mella en la "criatura". Pues bien, ¿a que esto no ocurre cuando la educación es parte esencial del perfil de los progenitores; verdad que no?
En cambio, cuando los hijos observan los desvaríos de sus padres, uf, mucho cuidado, no esperen que los educadores restablezcan los efectos del "cisma"; imposible. El ambiente que rodea a los adolescentes jamás pasa desapercibido. Cala hondo en el comportamiento, es decir, lo guarda en el "disco duro" del subconsciente. Es más, algunos padres se enfrentan con los profesores cuando se les requiere para explicar la conducta de sus hijos. Y, claro, así no me extraña que haya tanto desaprensivo haciendo de la suyas aquí y en la Conchinchina. Y lo peor de todo, ingieren ansiolíticos y relajantes para inhibirse y sobrellevar las aflicciones de sus desgracias. Esto se veía venir; es más, las políticas de ZP avivan el fuego. "Ay, Señor, cómo está el patio".
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