Tenerife
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EDITORIAL

¿Es que tenemos alguna libertad?

15/mar/09 07:31
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ARRANCAMOS nuestro editorial de hoy con una carta al editor que publicamos en nuestra edición del viernes. Compartimos lo dicho en la primera parte de esta misiva por el lector que la remite, pues nos recuerda que en nuestro editorial titulado "¿Hemos olvidado el genocidio de los guanches?", atribuimos todos los males "divinos y humanos de Tenerife al PSOE, al PP, a los canariones... y de paso a todos los tinerfeños que votan a estos partidos, pero he de recordarle que desde 1987 viene gobernando el Cabildo de Tenerife Coalición Canaria, primero con Adán Martín Menis y luego con Ricardo Melchior Navarro; numerosos ayuntamientos de la Isla vienen siendo gobernados por esta misma coalición, y, vamos, la isla está hecha unos zorros, degradándose cada día más y siendo una sombra de lo que en su día fue".

Tiene razón. Asumimos nuestra parte de responsabilidad porque en su día apoyamos a unos nacionalistas que luego nos salieron ranas. Y no sólo ranas: sapos de la peor especie. Batracios de mucho croar, pero que escapan raudos al menor ruido o pasos que se les aproximan.

RESPECTO a Cabo Verde, señala este lector que se trata de un país situado en el puesto 174 entre todos los del mundo según PIB nominal, y en el 102 si atendemos al índice de desarrollo humano. Además, según señala, "está fuera de la OTAN, a merced de Marruecos y de posibles dictadores que pululan por el continente africano. Me quedo tal y como estamos actualmente en Europa y en libertad". ¿En qué ?o con qué? libertad, apreciado lector? ¿En la libertad de decir que sí a los amos que nos colonizan desde hace seis siglos, tras una invasión genocida? Al menos los caboverdianos poseen una identidad propia en el mundo; nosotros, no. Cavo Verde es un país libre; nosotros somos una colonia, una colonia abierta y potencialmente riquísima, expoliada por la Hacienda española, como todas las colonias que han sido.

En realidad, porque la realidad es al final lo único importante, todos los canarios sabemos y comprendemos que nuestra vida política no puede continuar como camina actualmente, ante todo porque quienes nos dirigen no piensan en el futuro. Las medidas que se adopten hoy, aunque se trate de medidas provisionales, han de estar regidas por la precaución y el seso. Son decisiones que se adoptan para un pueblo digno como el canario, y no para cerdos que retozan en la porquería de un chiquero.

Tenemos, por ejemplo, el reparto de alimentos caducados. ¡Qué horror si Franco levantara la cabeza! El general fue un gobernante que llevó a rajatabla la máxima de "ni un hogar sin lumbre, ni una mesa sin pan". Los perros de la ira y sus secuaces tinerfeños nos acusarán de fascistas por elogiar a un dictador. No elogiamos a Franco. Al contrario: decimos abiertamente que fue un dictador sin piedad para aquellos que no estaban en su bando ?y esta Casa y José Rodríguez fueron víctimas suyas?, pero tenía seso. Cuando se trataba del bienestar del pueblo, obraba con sentido común, pensando en lo mejor para los ciudadanos y no en su bolsillo. Murió pobre porque nunca metió la mano en la Hacienda pública, ni permitió que lo hicieran sus familiares. Algunos parientes aprovecharon la proximidad con el general para enriquecerse, pero Franco personalmente no lo hizo. En cambio, la podredumbre política actual sólo piensa en saquear las arcas de cualquier institución a la que llega.

POR SI FUERA POCO, no hacen nada. O se entretienen en disparates. Se dedican a jugar a la política pura en Madrid, y a reformar el Estatuto de Autonomía en Canarias. ¡Qué asco! Se nos ponen los pelos de punta sólo con pensar en ese absurdo Estatuto, cuya principal finalidad es perpetuar nuestro disfraz de comunidad autónoma para que sigamos siendo una colonia; una finca de los peninsulares, que saquean nuestras riquezas mientras el pueblo rebusca en los cubos de la basura unas sobras que llevarse a la boca. ¿Cuándo vamos a coger el látigo? Qué falta nos hace una nueva política, unos nuevos políticos y un nuevo país, que no es otro que el país canario; una nación canaria orgullosa de sí misma, con bandera y asiento en los foros internacionales. ¿Queda alguien en su sano juicio capaz de defender que siga todo como está ahora? ¿Queda alguien capaz de resistir la pestilencia sin sufrir un vahído? ¿Podemos seguir con los mismos bueyes sobre la misma tierra explotada sin misericordia por manos ajenas?

Qué nefasta la actuación del PSOE y el PP, empeñados en conservar la finca sea como sea. Lo único que les importa es seguir extrayendo el jugo de Canarias. Convertirlo todo en dinero y después llevárselo para ingresarlo en la Hacienda española. Luego, lo único que nos devuelven son migajas; un goteo en forma de ayudas y subvenciones, con el que se conforman algunos políticos canarios. Esos políticos a los que debemos sustituir por hombres y mujeres de nueva hornada, capaces de convertirnos en un país rico una vez liberados del yugo colonial.

Y AQUÍ UN PUNTO y aparte para recordar, una vez más, que don Paulino Rivero debe formar ya su consejo de notables, para convencer al inquilino del Palacio de la Moncloa de que debe iniciar cuanto antes negociaciones conducentes a conseguir nuestra soberanía. Al respecto, nos remitimos al artículo que publica en nuestra edición de hoy José Luis Concepción, presidente del Movimiento Patriótico. Insistimos, tal y como lo hace Concepción, que el proceso a seguir para lograr el estatus de país libre ha de estar guiado por el razonamiento inteligente y la negociación pacífica. No dudamos de que, una vez alcanzada nuestra soberanía, mantendremos con España una relación más fructífera que la actual, pues será una relación bilateral entre países con los mismos derechos e idéntica representación en los foros internacionales. Será, en definitiva, una relación digna, no como la actual, que es entre godos e indígenas canarios. Lo repetimos, apenas alcancemos la libertad para decidir por nosotros mismos, podemos ser uno de los países más ricos del planeta debido a nuestros recursos naturales y la posición estratégica de la que disfrutan las Islas. Una situación única en el mundo. Para alcanzar ese estado de bienestar es suficiente con que administremos nuestra economía; con que las decisiones las tomemos nosotros, y no los colonizadores metropolitanos como sucede ahora.

LA SITUACIÓN de la España peninsular, la única España, difiere mucho de la realidad canaria. Nos da pena que algunas regiones insistan en segregarse del todo hispano, pues el mapa español quedaría con significativas mordidas en su parte norte. Algunos godos atrevidos que pululan por aquí, y que desconocen aquello de lo que debe ocuparse un periódico de provincias, insisten en analizar la situación de Cataluña, de Euskadi y Galicia, dejando de lado los problemas canarios. Allá ellos.

Problemas como la absurda oposición que encontramos en Tenerife a la realización de importantes infraestructuras para nuestra Isla. Resulta cómico que aquí no podamos tener el puerto de Granadilla, tan esencial para nuestro desarrollo, y en Canaria se empeñen en que se les construya un tren para el que no tienen espacio. Y ya que hablamos de la tercera isla, podríamos decir que el Tribunal Superior de Justicia de Canarias está en Las Palmas, pero omitimos abordar esta cuestión porque sus miembros son magistrados justos e imparciales. Siempre hemos acatado sus sentencias porque suponemos que las han dictado jueces objetivos. No obstante, algunos, en determinado momento, han actuado con subjetividad contra nosotros. Por eso hemos recurrido al Consejo General del Poder Judicial. El contencioso sigue en marcha.

COMENZAMOS este editorial con una carta y lo concluimos con otra, en este caso enviada por uno de nuestros colaboradores que ya comentamos en días pasados. En ella, esta persona subraya que don José Rodríguez, editor de EL DÍA, tiene razón cuando opina que Gran Canaria no se merece el calificativo de gran. "El mal de Canarias ?señala este colaborador? es el síndrome de Fernando Guanarteme, la falta de liderazgo, la falta de visión, el creer en falsas promesas y el ser engañado por ingenuidad o desconocimiento...Yo no quiero una sociedad cobarde que me diga qué es lo que puedo o qué es lo que no puedo soñar; yo no quiero una sociedad que me diga qué es lo que puedo o no puedo ambicionar. No quiero un Estado español que limite mis posibilidades. No quiero que mediocres sin formación me digan lo que es o no es posible basados en ideas preconcebidas porque son incapaces de pensar por sí mismos; no quiero que líderes sin visión hipotequen nuestro futuro. Quiero ser libre para soñar y ambicionar lo que me da la gana y poder actuar para conseguirlo. Al fin y al cabo esa es simplemente la definición del sueño americano". Por supuesto que sí. De ahí que la soberanía sea una meta irrenunciable.

 

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