EL PAPA Juan Pablo II, en plena madurez de su pontificado, en diferentes momentos, y ante cualificadas representaciones mundiales, indicó, y aún suplicó, la necesidad de una vuelta de Europa a sus raíces cristianas. Para que sea ella misma en el contexto de la civilización occidental. Parecidamente, con firmeza de teólogo, lo sigue entendiendo así el Papa Benedicto XVI.
Recientemente, el cardenal Rouco ha sugerido constituir un grupo de trabajo en la diócesis de Madrid que viniera a estudiar, más o menos, las causas morales de la crisis mundial. Y este es el aspecto que de alguna manera no diré que proféticamente, pero sí con anticipada visión, apuntó el sociólogo y economista alemán de comienzos de siglo XX (1864-1920) Max Weber. Tenido por nuestro Ortega y Gasset como "uno de los hombres más sabios e imparciales de nuestra época". Su obra más destacada, que pronto se hizo famosa y clásica para todo investigador socioeconómico, fue "La ética protestante y el espíritu del capitalismo". Su traducción, en 1955, por el maestro Legaz Lacambra, catedrático de la Universidad de La Laguna, y luego de la Santiago de Compostela -rector en ella unos veinticinco años-, y luego de la Complutense, pasando por la Subsecretaría del Ministerio de Educación, y la dirección del Instituto de Estudios Políticos, causó impacto en las ciencias jurídicas y sociales. Al propio maestro del Derecho le vino muy bien -como le había ocurrido con Kelsen- para ensanchar, equilibradamente "el Derecho como forma de vida social, por el que se realiza un punto de vista de la justicia".
La actualidad bibliográfica es que tal obra ha sido reeditada por la "Revista de Derecho Privado", de la que se me ha confiado el honor de hacer su presentación para la edición de la Editorial Reus. Pero, además de la noticia, después de su reposada, serena y tranquila relectura, he podido contemplar, con cierta sorpresa, que allí encontraríamos algunas de las explicaciones de esta crisis económica mundial que, aparte de las "insuficientes" y "desconcertantes" medidas en España, sus causas profundas podrían advertirse mejor en no pocas ideas del sociólogo alemán. La suya es una investigación ascético-religiosa, dentro de la evolución de la riqueza, del lucro, de la aristocracia del saber, de la educación, de las profesiones, etc.
Hay una pérdida de esa dimensión ascético-ética, en la economía, en el trabajo, en la riqueza, al tiempo que se incrementa el riesgo (Ulbrich Bek), la audacia, la avaricia y la corrupción, y se "seculariza" el bienestar, que se convierte en "lucro incesante", sin límites, sin valores. "El capital se gasta inútilmente" (Weber). Desaparece la sana "aristocracia del patrimonio burgués", del trabajo, de la vida misma.
Los economistas -y en su caso los banqueros-, como también los productores, si no logran rearmarse de valores éticos, que se plasmen jurídicamente en leyes y ordenamientos jurídicos, será difícil remontar a corto o medio plazo el derrumbe no sólo de la riqueza y producción en cada libro, sino de una conciencia moral y de un esfuerzo que nos hagan salir de la crisis. En el caso español, es trágico, porque la cortina de la crítica situación económica se la quiere apuntalar con una ley suicida y criminal del aborto libre, presentada con la hipocresía de revestirla de derechos de la madre para "matar al hijo", y de los hijos en el seno de la madre, con derecho a nacer (?). Es un ejemplo de adónde se va. Nosotros, insistimos, en el interés de la obra de Max Weber. Que parece nos anticipó o presagió el desenlace de un capitalismo, financiero o no, que ha ido mermando, en cada país con signos peculiares, en todo el mundo una visión humanista, cuyas raíces cristianas se diluyen, o se secuestran para otros fines. Legaz tuvo el acierto y visión de traducirlo, con muchos trabajos de investigación, en 1955. Hoy, en 2009, sigue siendo de plena actualidad.
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