RECIBIMOS, remitido por una lectora, un vídeo titulado "Los mejores polvos del mundo". Para que nadie piense mal, adelantamos que se refiere a la conocida Fiesta de Los Indianos del Carnaval de La Palma, que los canariones han copiado y usurpado como hacen con todo. Un atropello más, ya que los amarillos, espoleados por la envidia que sienten los que no son nada y lo saben, no hacen otra cosa, como decimos, que copiar, copiar y copiar, amparándose en un "gran" que no les corresponde y no les ha correspondido jamás.
Una prueba más de que ese "gran" delante del nombre de Canaria es ficticio lo tenemos en el mapa que publicamos en esta misma página. Pertenece a la obra "Reisebilder von den Canarischen Inseln", del erudito alemán K. von Fritsch. ¿Dónde está el "gran"? Tanto en este mapa como en la realidad, Canaria es Canaria y nada más, por mucho que se empeñen sus dirigentes políticos en perpetuar la engañifa, en falsear la realidad.
ESTE Archipiélago sufrirá los males derivados de la falta de armonía entre las Islas ?elemento imprescindible para que avancemos hacia nuestro irrenunciable estatus de nación libre? si los políticos, especialmente aquellos que han sido elegidos por el pueblo de Tenerife, permiten la perpetuación de un calificativo inadecuado. Canaria ni es la isla más grande, ni la más poblada. No obstante, se les permite a los canariones que usen y abusen del "gran", como si con ello poseyesen un derecho de pernada sobre los hombres y mujeres del resto del Archipiélago.
Asunto distinto sería si ese "gran" se utilizara en el sentido que le dieron Gadifer de La Salle y su tío Jean de Bethencourt. Según nos apunta acertadamente un lector, ambos, admirados por la bravura de Artemi Semidan, que los derrotó en sendas ocasiones, y también por su grandeza como persona al perdonar la vida a ochenta prisioneros capturados entre los invasores vencidos, calificaron a Canaria como grande Canaria, pero siempre con minúscula, pues se pensaba, asimismo, que era la isla más grande del Archipiélago. "Desgraciadamente, los canarios de hoy, especialmente sus líderes, ya no muestran ni esa bravura ni esa grandeza de Artemi Semidan, sino más bien el entreguismo de Fernando Guanarteme", señala el lector que ha tenido a bien recordarnos unos hechos históricos de gran trascendencia para nuestras islas. "Estos líderes, en mi opinión para su vergüenza, ya no son dignos del calificativo "gran". La libertad no es gratuita; la libertad tiene un precio".
UNA libertad de la que carece nuestro Archipiélago, sometido, ¡qué pena!, desde hace seis siglos al vil colonialismo que nos impone España. Dice este lector que no quiere un Estado español limitador de sus posibilidades. "No quiero que mediocres sin formación me digan lo que es o no es posible, basados en ideas preconcebidas porque son incapaces de pensar por sí mismos. No quiero que líderes sin visión hipotequen nuestro futuro. Quiero ser libre para soñar y ambicionar lo que me dé la gana". Pero no somos libres porque seguimos bajo el yugo español. Anunciábamos en nuestro comentario del viernes que hoy hablaríamos de una imagen cien por cien colonial. La foto, publicada por varios diarios españoles el pasado jueves, muestra a la princesa Ana de Inglaterra durante su polémica visita a Gibraltar. Un hecho que no ha gustado a las autoridades españolas pues consideran, y con razón, que Gibraltar es la última colonia que queda en Europa. En Europa sí, pero en África no. La primera ?y la más rentable, según señala acertadamente José Luis Concepción, presidente del Movimiento Patriótico Canario? colonia de Europa es Canarias. Pero volvamos a la imagen. En la foto, como decimos, aparece la princesa Ana con su sombrero, como corresponde a una dama británica, se ve una banda de música cuyos miembros van tocados con salakof ?la palabra castellanizada es salacot; ese sombrero característico que utilizaban los británicos en los países cálidos que tenían colonizados? y un alto funcionario que la recibió en el Peñón luciendo, suponemos, el inevitable bigotito rubio de los anglosajones distinguidos. Lo dicho: pura colonia.
LOS ESPAÑOLES, como decimos, tienen razón para protestar por esta ofensa de los británicos hacia su dignidad como país. Pero, ¿qué pasa con Canarias? ¿No tenemos el mismo derecho a sentirnos ofendidos por seguir siendo una colonia? Además, de qué forma. Porque Inglaterra izó la bandera de la Union Jack en Gibraltar después de una guerra entre naciones iguales, y tras la firma del tratado de Utrecht. En cambio, España se apoderó de Canarias tras una conquista genocida, sin que los aborígenes tuviesen la menor oportunidad de defenderse. Las tropas regulares de Castilla y los crueles mercenarios que las acompañaban, armadas con corazas y haciendo uso del acero, redujeron a un pueblo pacífico que, debido a su aislamiento, no disponía de una tecnología militar adecuada para defenderse. En definitiva, Inglaterra puede poseer algún derecho sobre Gibraltar, pero a España no le asiste ninguno sobre Canarias y los isleños que habitamos estas Islas.
Por todo lo anterior, así como por todo lo que venimos afirmando en estos editoriales desde hace mucho tiempo, le pedimos tanto a los nacionalistas como a los teóricos que reaccionen; que no tengan miedo a volar solos. Tenemos por delante un mundo ilimitado de riqueza y prosperidad, siempre que seamos nosotros, y no los españoles, quienes administremos los recursos de esta tierra. Reaccionemos todos y salgamos de la jaula cuanto antes. Los amantes de la españolidad de Canarias no tienen cabida en estas Islas, porque son amantes de los asesinos de nuestros padres. Viven muy bien al amparo de sus cargos y prebendas oficiales, pero no son de los nuestros. Nos detestan, como detesta a los naturales del Archipiélago un godo de la prensa que ha dejado arruinado a su periódico; hace tiempo que quieren quitárselo de encima, pero no lo pueden despedir debido a que su nefasta gestión puso a su empresa al borde de la quiebra.
SEGUIR llamándonos españoles es un absurdo. Los españoles, como al godo que arruinó a su empresa, no tienen el menor interés por Canarias. Tan sólo quieren conservar estas Islas bajo su dominio para no perder una finca que esquilman y de la que presumen. Es decir, sólo les concernimos por nuestras riquezas. En España no somos nada ni nadie porque estamos muy lejos. Estamos a miles de kilómetros de la Metrópoli. No importamos nada porque Canarias es una colonia y sus habitantes indígenas, isleños o "isloteños". Es absurdo que personas nacidas en esta tierra, como Ana Oramas, sigan practicando la política pura en Madrid. Por mucho que se esfuerce, no le hacen caso. Se fijan en ella como mujer, no como diputada. Es una curiosidad, como lo eran los procuradores saharauis en tiempos del caudillo. A los ojos de los españoles metropolitanos, los canarios somos españoles intrusos. Lo repetimos: Canarias no interesa ni suena políticamente en la España continental; la única España que existe.
Pese a ello, algunos canarios tibios se empeñan en ser españoles y opinar de asuntos que sólo le conciernen a la Metrópoli. Es el caso de un plumilla local, que días atrás escribió un editorial sobre el nacionalismo vasco. ¿Qué nos importa a nosotros lo que ocurre en el País Vasco? Esos nacionalismos desgajan injustamente a España, pues la pérdida de cualquiera de esos territorios sería como una mordida en su mapa. El caso canario es diferente porque Canarias no es España. Lo único que debe importarnos es vivir unidos como una piña para recuperar nuestra libertad. España no va a mover los peones; tendremos que hacerlo nosotros.
HAY MUCHOS motivos, reiteradamente enumerados por nosotros, para recuperar nuestra soberanía. El más importante en estos momentos de crisis es que tendríamos una economía saludable si la Hacienda española no siguiera llevándose nuestra riqueza. Lo que nos dan desde Madrid sólo es una parte de lo mucho que nos roba la Metrópoli. Mientras no seamos libres continuaremos en la pobreza. Como nación soberana seremos ricos; uno de los países más ricos del mundo. Aunque España se empeñe en engañarnos con el miedo a la libertad.
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