TACHI IZQUIERDO, Tenerife
Salvador García Claros se licenció en Ciencias Químicas en 1987, y su relación con Cepsa se remonta al año 1990, cuando se incorporó a la refinería de Gibraltar, momento a partir del cual ha venido desempeñando diferentes cargos de responsabilidad, hasta que en 1999 realizó el estudio de viabilidad y la ingeniería básica para el proyecto de una planta de ácido tereflático en Montreal, Canadá, país en el que ha venido dirigiendo dicha instalación hasta que en 2008 recaló en Tenerife, tras un paso previo de 3 meses por el área de refino en Madrid.
Su regreso a España, en concreto a Tenerife, "ha sido un cambio de aires muy bueno" para él y su familia, y destaca el recibimiento que le han dispensado "tanto en la planta como en la sociedad canaria".
-Una buena prueba de fuego es la parada que está protagonizando la planta en estos días, con el objeto de mejorar las instalaciones.
-La parada general siempre supone un episodio natural y necesario. A veces se hace para renovar instalaciones y otras para el mantenimiento, pues es algo que no se puede realizar durante la marcha natural. También sirve para hacer un mantenimiento preventivo, que permite estar en el interior de los equipos para verificar su mantenimiento. Por una parte, se detecta y se previene cualquier defecto y, por otra, se verifica la eficiencia de nuestras instalaciones, a las que se les aplicará un cambio tecnológico a una parte del sistema de control, con una repercusión muy importante en los aspectos medioambientales y con la reducción de la emisión de los gases de efecto invernadero.
-¿Son estos aspectos los más importantes?
-Son las actuaciones que se derivan de las conversaciones con la Consejería de Medio Ambiente, en el sentido de que hay que entender que es un objetivo común de las empresas y la administración mejorar la calidad de nuestra zona de operaciones y las zonas relacionadas.
-¿Qué refinería vamos a tener con relación a la de antes de la parada?
-Será más eficiente; con mayor fiabilidad, con menos sorpresas desde el punto de vista operativo, y entendemos que va a haber una mejora en cuanto a calidad medioambiental.
-Los niveles de emisión, siempre controvertidos y discutidos, ¿cómo han sido hasta ahora?
-Cepsa es una compañía que se siente responsable y siempre cumple con la normativa vigente, pero difícilmente podríamos ir por delante si antes de cualquier cambio en la ley y sus ajustes, no nos moviéramos en la dirección de mejorar los valores de emisión. Esta postura nos permite que cuando llega la normativa, podemos disponer de un margen de adecuación a ese marco, incluyendo parámetros de calidad en los productos, para anticiparnos a lo que se nos va a demandar. Nuestros niveles de emisión han ido disminuyendo a lo largo de la historia, y en la actualidad estamos en la mejor situación posible. Es mejorable y en esa línea estamos.
-¿Qué proporción de la inversión se destina al medio ambiente y cuánto a mejorar productos?
-Cada inversión tiene un porcentaje destinado a los aspectos ambientales, pues hay una tendencia natural que indica que la normativa medioambiental no es rentable, pero en muchos casos sí lo es, pues el mejor indicador de la reducción de gases de efecto invernadero es, posiblemente, la inversión más rentable para toda industria, puesto que se reducen los costes de energía.
-¿Qué proyecto destacaría?
-La segunda fase de la revisión de la unidad de destilación, donde se separan del crudo los distintos componentes. Esta actuación tendrá un coste de cinco millones de euros y cuenta con una parte que persigue la eficiencia de la planta y también la reducción energética.
-¿Eso implica menos consumo en la producción?
-Evidentemente. Luego tenemos otra inversión, en torno al millón de euros, que se destinará a aspectos puramente ambientales. El resto de la inversión irá a la mejora del sistema de control distribuido, que evita emisiones no controladas.
-¿Qué papel juega la Refinería en la economía y el empleo?
-Más de 900 personas trabajan a diario en estas instalaciones, entre el personal propio de Cepsa y el de contrata. Además, hay multitud de empleos indirectos y una importante contribución al movimiento portuario. Como contribuyente de las administraciones, Cepsa es muy importante, ya que más del 50% de los productos que maneja el puerto de Santa Cruz son de la Refinería. En el mercado canario representamos el 85%.
-Entonces, se podría decir que las voces que piden el traslado no cuantifican el efecto.
-Lo que querría aportar como Cepsa es que la Refinería está tan unida a Santa Cruz que desde la compañía nos gustaría que se entendiera bien lo que es la función de la planta en la sociedad. Nuestras puertas están abiertas, y nos gusta formar parte de esta sociedad y participar en su espíritu.
-Pero, ¿no tiene la sensación de que no existe ese sentimiento de conexión, a pesar de estar fusionados con la ciudad?
-La industria es, en general, la incomprendida. Sin embargo, es necesaria, porque los productos que se utilizan se derivan de una operación industrial y, por tanto, no se pueden desligar. Sin embargo, Cepsa, desde lo que es la defensa de sus intereses, quiere colaborar y estar lo más integrada posible. La comprensión de la dinámica de la Refinería es fundamental, y ejemplo de ello son las jornadas de puertas abiertas, donde después de las visitas hay un sentimiento más real de cómo se controla, qué parámetros tenemos y la profesionalidad de los que trabajamos aquí. El 25% de nuestros empleados son técnicos superiores y medios, y el resto de muy alta cualificación técnica o con más de 30 años de experiencia.
-El ayuntamiento ha solicitado el cierre si se superan los niveles mínimos de emisión.
-Nuestras obligaciones legales están cumplidas y satisfechas. Cuando se producen cambios, nuestra prioridad es anticiparnos, tanto en la calidad de los productos como en la seguridad o los aspectos industriales y medioambientales. Lo que sí puedo pedir es que se hable con la Refinería, pues tenemos profesionales y expertos que pueden clarificar los niveles de emisión y otros aspectos.
-Con los niveles actuales, ¿se atrevería a decir que no se justifica el cierre?
-En estos momentos, afirmaría claramente que con los niveles de emisión no se justificaría un cierre de la Refinería.
-¿Cuánto de futuro le queda a la Refinería en Santa Cruz?
-El dato más real son los estudios sobre el futuro de los combustibles fósiles, y no hablo de 12 años. Cuando no había instalaciones de estas en la Península, se exportaba desde aquí, y en la actualidad estamos centrados en las operaciones de Canarias. Además, hay que contemplar las posibilidades de que el Archipiélago sea una plataforma intercontinental. Las necesidades energéticas de las Islas perdurarán en el tiempo, hasta que lleguen las energías renovables y el decaimiento de los combustibles fósiles, y ese es el futuro de la Refinería.
-Se puede deducir una voluntad de permanencia.
-Efectivamente.
-Sin embargo, hay un debate recurrente que sitúa a la Refinería fuera de Santa Cruz ¿Qué hay del traslado a otra zona?
-La Refinería es una instalación industrial extraordinariamente compleja, que no sólo afecta a la unidad de proceso, sino a la logística que requiere. El traslado es imposible. La única posibilidad es una instalación nueva, pero la tendencia normal en el mercado europeo es que no hay posibilidades para refinerías nuevas, sino ampliación de las existentes.
-¿Los avances tecnológicos podrían provocar otro proceso de liberación de suelo a favor de la ciudad?
-Es muy complicado, porque la ubicación física de la Refinería ya no permite muchas posibilidades. En su momento se modificó un tercio de la superficie que ha sido ocupada por la ciudad. Esa cercanía no nos beneficia, en el sentido de que es una presión adicional, aunque estamos dispuestos a absorberla de forma positiva, intentando minimizar nuestro impacto, en colaboración con todas las instituciones.
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