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V. MARTÍN, El Paso
Antonio Ricardo Pérez cayó "de pie" en la política. Sin demasiados respaldos, con los apoyos mínimos pero justos de su pueblo, aunque con la suerte de ser siempre decisivo, un protagonismo que le llena la cartera sin esfuerzo ni complejos. Un profesor que en sus ratos libres se "pasa" por el ayuntamiento.
Llegó en el momento adecuado. Pedro Martín, antes "odiado" y ahora socio de gobierno; y Jesús Manuel Rodríguez, antaño consejero con ansias de protagonismo y que acabó arrinconado en el Cabildo, se encargaron de romper el Partido Popular de El Paso. Fue aquel año en el que el CCN quería a todo lo que se dejaba y ellos, ambos, cómo no, se dejaron. Bajo la penumbra política, el PP tuvo que "armarse", con un comité local en pedazos, antes de las elecciones de 2007.
En medio de la confusión, del desasosiego, apareció la figura de Antonio Ricardo Pérez. Aquellos que lo conocen lo califican de afable en el trato, educado, dialogante, pero a la vez tímido, demasiado pensativo... "Tampoco es que por el ayuntamiento pase mucho", afirma un compañero de corporación. A sus 40 años era un desconocido de la farándula. Un técnico especialista en informática de gestión que daba clases en un instituto de Mazo. Desde el partido afirmaban que era "un hombre preparado, muy conocido en el municipio y con posibilidades de ganar". La realidad, sin embargo, dibujaba a un líder circunstancial, de perfil bajo.
Tras las elecciones municipales, Antonio Pérez se convierte en llave de gobierno. El PP sólo saca un concejal en El Paso, él y nadie más, pero los socialistas, con María Dolores Padilla a la cabeza, se quedan a un paso de la mayoría absoluta y lo llaman para negociar. El PSC ya había descartado por aquel entonces la opción del CCN, no querían ni ver a Pedro Martín, ni tampoco pensaron en un gobierno de concentración con la Coalición Canaria de Higinio Máximo.
El acuerdo soñado. A partir de aquellas conversaciones, el profesor logró cerrar el acuerdo de su vida. Se tardó poco tiempo en llegar a acuerdos políticos, programas de gobierno para dar estabilidad al municipio, asegura alguien que participó en el pacto. Antonio Pérez pensó en su sueldo y firmó por más de 43.000 euros anuales, casi lo mismo que la alcaldesa, María Dolores Padilla, que además asumió Urbanismo y Economía y Hacienda.
El gran "golpe" no lo sería tanto, ni mucho menos, si no se tuviera en cuenta que el líder popular no trabaja de forma exclusiva, ni antes ni después, para el ayuntamiento. Para hacerse "casi rico" necesitaba dar una vuelta de tuerca más a las negociaciones. 43.000 euros por los ratos libres; es decir, su principal trabajo seguiría siendo, desde aquel instante y hasta el final de la legislatura, la docencia. Los impuestos de todos le darían dos sueldos, a cual mejor. Dicho y hecho. ¿Quién dijo crisis? El PSC aceptó sus pretensiones, todo lo que sea por gobernar, y, por si para algunos sigue siendo poco, Antonio Pérez cerró para todo el grupo municipal del Partido Popular; para él y nadie más, el derecho a disponer de un personal de confianza, al que todos dicen "Rodri", que tiene un sueldo que ronda los 2.000 euros al mes.
A la "buena vida". Después de casi dos años a la "buena vida", de no alterar el pacto, quizás por su escasa presencia por los lugares de decisión, la vida en el ayuntamiento, también la suya, se alteró. Aunque siempre dirá lo contrario, el poder de Asier Antona modificó el devenir político en El Paso. Desde que el joven político palmero asumió la Presidencia popular, precisamente en la casa de la cultura de la ciudad de los almendros, se empeñó, un día sí y otro también, en lograr un acuerdo PP-CC, al que sería fácil, sencillo, unir al CCN. Lo logró.
María Dolores Padilla tuvo que abandonar la Alcaldía. CC tomó el mando, CCN se unió al poder y... Antonio Ricardo Pérez mantuvo su sueldo. Debió pensar que se puede cambiar de compañeros de viaje, pero con las mismas alforjas. Los nacionalistas, que tanto criticaron en la oposición la nómina del popular, acabaron por "tragar", todo por gobernar, en la historia más productiva, desde tiempos franquistas, que cualquier político de La Palma pueda contar.
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