Tenerife Norte

¿Vivió Bencomo aquí?

Una moción en el Ayuntamiento de La Orotava reabre el debate sobre si la conocida como Cueva de Bencomo, junto al mirador de Humboldt, es realmente un hecho histórico o un mito oral sin base científica. Una incógnita que no sabe despejar ni la Facultad de Historia de la Universidad de La Laguna.
8/mar/09 7:35 AM
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EN ESTA ZONA de la Cuesta de la Villa se ubica la Cueva de Bencomo./ á.m.
EN ESTA ZONA de la Cuesta de la Villa se ubica la Cueva de Bencomo./ á.m.

Á. MORALES, La Orotava

Bencomo, uno de los últimos menceyes en sucumbir ante los conquistadores castellanos con Alonso Fernández de Lugo al frente y líder de la gran victoria guanche en La Matanza de Acentejo (mayo de 1494), reúne en torno a su figura mucha mitología mejor o peor usada a lo largo de la historia. Una de esas posibles leyendas que deambulan entre lo verídico y demostrable y lo puramente simbólico o inventado es si vivió en la parte más espectacular del barranco de El Pinito, en lo que hoy es el municipio de Santa Úrsula, aunque muy cerca del orotavense mirador de Humboldt, en una zona con mucha mejor panorámica del Valle (Arautápala) que desde el propio mirador, por lo que, de haberlo disfrutado entonces, habría maravillado aún más, si cabe, al célebre botánico alemán.

La incógnita nunca ha sido resuelta del todo y reapareció el pasado martes en el último pleno del Ayuntamiento orotavense. Una moción de IUC-LV que proponía la creación de un centro de interpretación de la Cueva de Bencomo en el mirador, que se reabrirá el 12 de junio, permitió al portavoz de IPO y licenciado en Historia, José Manuel Hernández, afirmar que diversos investigadores (a los que no mencionó) ponían en duda que esa cueva fuera realmente usada como concavidad habitacional por el mítico mencey guanche.

Aparte de recalcar que la cueva pertenece a Santa Úrsula, el gobierno orotavense (CC) rechazó la opción de crear el centro en el mirador por problemas de espacio y de otra índole, si bien propuso que la Comisión de Cultura local analizara la posibilidad de volver a instar al Cabildo y a otras administraciones a limpiar la cueva, actualmente con claro aspecto de abandono y usada sólo por cabreros desde hace muchas décadas, así como estudiar la posible habilitación de un museo o centro, "tal y como ha apuntado el propio presidente insular, Ricardo Melchior", según señaló el portavoz nacionalista, Juan Dóniz.

BIC desde 1986.- Esta resolución, sin embargo, dejó sin aclarar si realmente Bencomo vivió o, ni siquiera, si durmió alguna vez ante tan maravillosa vista, si bien en una zona de difícil acceso incluso en la actualidad. EL DÍA preguntó luego a Hernández por los autores a los que se refirió y mencionó un artículo del icodense Eduardo Espinosa en el que se sostiene que la cueva se sitúa más arriba de la que se le atribuye popularmente desde hace tiempo, hasta tal punto que el Gobierno canario declaró la zona Bien de Interés Cultural en 1986.

Pero Hernández también nos remitió a su compañero de partido, historiador e investigador de la etapa prehispánica Zebensuí López Trujillo, quien insiste en que nadie puede afirmar que ésa sea la cueva de Bencomo ni lo contrario. Eso sí, él prefiere posicionarse más cerca de los que creen que se trata sólo de un mito "sin casi fundamento científico". López Trujillo, que rastreó este caso, sostiene que la leyenda nace en los años 40 del siglo XX por un "mapita" que se encontraba en el portuense hotel Taoro en el que se indicaba esta zona como punto de visita turística por tratarse de la Cueva de Bencomo. No obstante, y según recalca, ni ese mapa se conserva ni existen más argumentos o pruebas científicas que refuercen y confirmen esa afirmación. A su juicio, se trató de un atractivo y reclamo turístico fomentado y promocionado en aquella primera etapa de la industria en el Norte de Tenerife en torno a los años 50. "Nunca se han hallado restos fósiles, ni ha habido excavaciones arqueológicas. Lo único que se extrajo en su momento -resalta- fueron dos pequeños trozos de cerámica de los que nunca se supo dónde fueron archivados, si es que fueron depositados en algún sitio. De la cueva nunca se ha sacado nada más. Esto lo usa Álvarez Delgado, el comisario de excavaciones del régimen franquista, y lo convierte en leyenda, para lo que se recurre a elementos románticos, como la gran vista que se tiene desde la cueva de gran parte del Valle".

Restos de cerámica.- Según este estudioso, la historia la retoma el investigador Elías Sierra, "que visita la cueva y extrae esos dos restos de cerámica, aunque no se conservan ni se sabe dónde están. Luego, Diego Cuscoy le da credibilidad a la posibilidad de que se tratara de la cueva de Bencomo y, en 1986, y entre otras cosas porque nadie le tosía a Cuscoy, el Gobierno regional declara el sitio BIC con la categoría de monumento, aunque no queda delimitada la zona a proteger y, en realidad, esa protección nunca ha existido y la cueva siempre ha sido usada por cabras, que la han llenado de excrementos".

Este investigador ha podido acceder a la cueva, que, según indica en su sitio web el Ayuntamiento de Santa Úrsula, "tiene dos salas de unos 3 metros de profundidad, 2,5 de altura y entre 6 y 8 de ancho, con un pasadizo entre ambas de 2,5 metros de largo".

Para López Trujillo, el valor real del BIC y de la cueva "es más simbólico que científico. Nadie puede afirmar que lo fuera o que no, pero hay autores, como Tejera Gaspar, que recalcan que las cuevas habitacionales eran mucho menos húmedas. En mi opinión, Bencomo no tenía por qué tener una única cueva habitacional y, de tener una única, es más probable que estuviera en Los Realejos, ya que allí se concentró el poder guanche de Taoro y se selló la paz con los conquistadores, algo que no puede ser casual, como tampoco que se levantara allí la primera iglesia. De hecho, muchos autores aluden a la llamada Cueva del Príncipe en el Campo del Rey, que nadie ha descubierto y que se supone que está a los pies de Tigaiga. De hecho, se asegura que una añepa guanche que se conserva en el Ayuntamiento orotavense viene de allí".

Facultad de Historia.- López asegura que ningún profesor de la Facultad de Historia de La Laguna puede aportar más luz sobre este supuesto mito. Su tesis la corrobora Juan Francisco Navarro, responsable del departamento de Prehistoria de la ULL, quien considera al joven investigador orotavense alguien "muy preparado, inteligente y riguroso". Este profesor confirma todas las dudas existentes y hasta se muestra casi más convencido de que es muy improbable que Bencomo eligiera "un lugar con un acceso y unas características tan difíciles, pudiendo optar por otras cuevas, como las descubiertas en el cercano barranco de La Arena".

Sea como fuera, y aunque su cueva habitacional se ubicara en otro lado, tampoco conviene olvidar el legado que, con mayor o menor mitología, dejó Bencomo con su lucha ante el conquistador: "Jamás me he sometido a otro hombre como yo; libre he nacido y así viviré siempre", rezaba la placa existente en el anterior mirador de Humboldt, donde se afirmaba que la frase la dijo el mencey en 1494. Muchos historiadores sostienen que Bencomo moriría con unos 70 años en una batalla en Aguere, pero otros dudan de si realmente fue su hermano o hermanastro Tinguaro, con lo que el mito y la verdad siguen difuminándose y mezclándose. Le sucedería como mencey de Taoro su hijo Bentor, que acabó suicidándose un mes después de la segunda batalla de Acentejo, la que originó el sitio, luego municipio, llamado La Victoria, pues la historia siempre la escriben los vencedores. Pese a tanta duda histórica, lo que sí se tiene por seguro es el valor de Bencomo como referente ante el invasor y el superior.