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COLPISA, Madrid
Es el menor de cinco hermanos y eso lo libró de un destino de emigrante. Cuando Diego David Domínguez nació, en 1970, sus padres se habían establecido en Ronda, desde donde más tarde partirían rumbo a la Marbella del desarrollismo. Siempre sorprendente, Davidelfín, como se llama ahora su marca, acaba de realizar unas rompedoras joyas para la selecta firma Suárez.
-¿Davidelfín con los joyeros Suárez? A más de uno le chocará.
-Lo sé. Pero no es la primera vez que estos joyeros trabajan con diseñadores españoles. Lo han hecho con Miguel Palacio, con Lemoniez, con Carmen March... El trabajo ha sido totalmente en equipo y estoy encantado con el resultado.
-Muñequeras de cuero con perlas australianas...
-He diseñado muñequeras y gargantillas en cuero negro que pueden recordar la estética "punk", pero con dos materiales que son casi la antítesis: el cuero grueso y la perla. Es una especie de "punk" aseñorado.
-¿Y la calavera? ¿Usted ve a las señoras bien de Madrid llevando calaveras?
-¡Pues claro que sí! Porque eso es algo muy espiritual. Me he inspirado en los rosarios tibetanos, cuyas 108 cuentas a veces tienen forma de calavera. Es una manera de pensar en el cuerpo como un vehículo, pues lo importante es el alma. Aquí hemos mezclado calaveritas de hueso con perla australiana y ónix negro. Y ha quedado muy fino.
-Así que no es un mensaje pesimista ante la crisis galopante.
-Todo lo contrario. En el momento en el que te reconoces mortal es cuando de verdad empiezas a vivir.
-¿Harto de llevar la etiqueta de transgresor?
-No sé. Todo eso me parece hasta ajeno a mí. Provocar emociones sí me gusta. Es cierto que muchas veces se espera de mí que monte el pollo. Pero en esos casos la forma que tengo de sorprender es hacer justo lo contrario. Como la colección que acabo de presentar en Nueva York. Yo digo que nada es definitivo. Vendrán muchas colecciones más y unas serán más fuertes que otras.
-¿Colmó sus expectativas Nueva York?
-Las superó. Los momentos de crisis son momentos de oportunidades. Precisamente, como Nueva York estaba algo deprimido y varios desfiles se habían anulado, a nosotros nos acogieron como la gran novedad. Por supuesto, mi intención es regresar en septiembre a Nueva York. Ha sido un sueño hecho realidad.
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