Está en la naturaleza de todo ser humano hacerle poco caso a las personas cuya devoción tiene asegurada y, en contrapartida, afanarse por conseguir los favores de quienes lo desprecian o, simplemente, no lo tienen en cuenta para nada. Eso es lo que me dice un catedrático de Psicología con el que algunas veces salgo de copas, si bien se trata de una apreciación superflua. La idea está recogida en los textos más elementales de la materia.
Acaso movido por esa impronta, a Barack Obama sigue sin perdérsele nada en Madrid. Más concretamente, continúa sin saber dónde está el Palacio de la Moncloa y quizá, rizando el rizo, no sea capaz de responder, si algún periodista se lo pregunta de improviso, quién es el presidente del Gobierno español. A fin de cuentas, tampoco Bush supo decir, cuando era candidato a su primera presidencia de la nación imperial, quién era el presidente de su vecino sureño. Todo un gobernador de Texas y candidato a ocupar la Casa Blanca desconocía quien presidía México.
Leo con sorpresa -bueno, a estas alturas sin ninguna sorpresa; para qué los voy a engañar- que el señor Obama visitará el Reino Unido, Francia, Alemania y la República Checa entre el 31 de marzo y el 5 de abril, pero no España. Qué desconsuelo para la progresía ibérica. ¿Pero no era Obama un socialista nato, deseoso de que Zapatero le enseñase cómo desarrollar la Alianza de Civilizaciones y otras monsergas? ¿No tenía el presidente del Gobierno español una fórmula que era -y es- poco menos que la panacea universal contra la crisis, por lo cual su presencia resultaba imprescindible en aquel foro al que fue porque Sarkozy le prestó una silla? Qué dura es la realidad a la hora de acabar con los sueños, sobre todo si son sueños embusteros.
Mientras tanto, como desviar la atención también es algo consustancial para un buen político, Juan López, igualmente conocido como Juan Fernando López Aguilar, el hombre que estuvo en la convención demócrata que proclamó la candidatura de don Barack, incapaz de seguir presumiendo, a la vista de los hechos, de sus excelentes relaciones trasatlánticas -vete por ahí-, cambia radicalmente su discurso y le pide a la dirección de los socialistas canarios que trabajen compartidamente para las elecciones europeas. Comicios, eso también sobra recordarlo, en los que él encabeza la lista del PSOE.
Repatea un poco el interés que ponen unos y otros en las elecciones europeas. Para el hombre -y la mujer- de la calle de Canarias, de Murcia y hasta de Alsacia -región francesa cuya capital alberga la Eurocámara-, las elecciones al Parlamento Europeo son un acontecimiento lejano y difuso al que no se le presta demasiada atención. Seamos serios. Ni Rajoy se va a consolidar como líder del PP si los populares ganan en Europa, ni Juan López va a conseguir más para Canarias por la circunstancia añadida de andar dando saltos entre Las Palmas, Estrasburgo y Bruselas. No nos engañemos como se ha engañado a sí misma, y ha intentado engañar a todo el país, la izquierda española con el progresismo de Obama. Un izquierdismo el suyo sustentado en que todos los países que va a visitar expresamente en su próximo periplo europeo están gobernados por políticos conservadores. En el caso de Chequia, donde sí estará Zapatero aunque sólo como uno más entre los líderes de la UE, el primer ministro, Mirek Topolanek, es a su vez presidente del partido más fuerte de la derecha checa. Si esto es izquierdismo, indudablemente hay que redefinir el izquierdismo.
Lo que se impone en estos momentos, en España y en el resto del mundo, son soluciones apolíticas para no seguir cayendo en el abismo de la recesión. Para no seguir cayendo, porque recuperar lo que se ha perdido es otro asunto. Sobran, por lo tanto, personajes como Juan López o el propio Rajoy -aunque no son los únicos-, el uno acogido al perenne discurso insultante y peyorativo para sus adversarios, y el otro agarrado a que ganó en Galicia y tiene la llave en las Vascongadas. ¿La llave de qué, so infeliz?
rpeyt@yahoo.es
© Editorial Leoncio Rodríguez, S.A. |Aviso legal | Mapa del sitio | Publicación digital controlada por OJD