... Mientras aquí, en Canarias, el debate político está en si funcionó o no el SIVE en el naufragio de la patera de Lanzarote o si la delegada del Gobierno dijo o no la verdad acerca de lo ocurrido aquel trágico 15 de febrero, en Marruecos siguen tomando el pelo al Ejecutivo de Zapatero. Tal y como informó ayer este periódico, la Gendarmería marroquí vio partir la patera de Tarfaya con 32 personas a bordo, pero no hizo nada. O mejor dicho, hizo la vista gorda una vez más. Este dramático viaje ha vuelto a poner de manifiesto que por mucho SIVE o vigilancia que se instale en las costas canarias, el fenómeno de la inmigración no hay quien lo pare, sobre todo si lo permiten los países de origen. Mientras no exista un mayor control en la salida, continuarán zarpando cayucos o pateras y se seguirán produciendo tragedias como la de Lanzarote. O peores. También ayer Dory Merino adelantaba que en Mauritania hay al menos tres cayucos nuevos esperando el momento de hacerse a la mar con un centenar de inmigrantes rumbo a las Islas. Al cierre de esta edición se desconocía cuál iba ser la respuesta del Gobierno de Canarias o de las formaciones con representación en el Parlamento a este hecho. ¿Habrá que esperar a que naufrague alguna de esas embarcaciones y pierdan la vida sus ocupantes para oír los lamentos de los políticos de este Archipiélago? Asombroso.
... Esta falta de seriedad a la hora de afrontar el problema de la inmigración se puso de manifiesto, igualmente, en la solicitud realizada por Paulino Rivero al Gobierno central para que a raíz de la tragedia de Lanzarote se celebrara una "minicumbre" en la que analizar este fenómeno. El presidente del Ejecutivo canario publicitó en varias ocasiones su petición, quizás para sacarle rédito político, pero la realidad trastocó sus planes, ya que, al final, unas declaraciones del ministro del Interior lo obligaron a efectuar una llamada telefónica a Rubalcaba para suplicar que el encuentro se llevara a cabo. Hasta la fecha se desconoce cuándo se va a celebrar la reunión, si es que tiene lugar. Aunque no hay que engañarse, pues tampoco va a servir para mucho. Aunque eso sí, queda muy bien, en plena tragedia, lanzar dicho envite. Tal vez si Paulino Rivero hubiera llamado a La Moncloa sin hacerlo público, y más en concreto a la vicepresidenta, María Teresa de la Vega, la "minicumbre" ya se habría celebrado y no hubieran gastado tanto tiempo en estas lides. Y si la cosa estaba tan complicada, siempre queda el recurso de acudir a Ana Oramas, que tiene hilo directo con Zapatero y todo su Gobierno, y a cambio de sus sabios consejos puede solicitar que le hagan caso a Rivero.
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