Criterios

CARLOS ACOSTA GARCÍA

De profesión, mis ignorancias (280)

7/mar/09 07:22
Edición impresa .

Me cuesta reconocerlo, pero el número de mensajes negativos que recibo cada semana supera con creces a otros que, procedentes de distintos lugares, me hacen llegar frases como éstas:

-He leído su artículo del pasado sábado y me ha gustado mucho. Incluso lo encontré gracioso.

-Hay que ver cómo domina usted la Gramática. Parece un catedrático.

-Por favor, señora ¿no ve usted la cantidad de dudas que tengo?

Esta semana he batido todos los records negativos por culpa de mi artículo sobre Sigmund Freud y su "Interpretación de los sueños". Ni un comunicante, ni uno solo, vio con buenos ojos el contenido de mi trabajo sobre el famosísimo (en otro tiempo, al menos) neurólogo y psiquiatra. Y no digamos nada sobre la opinión de cómo aproveché el momento para referir mi caso personal que, según varios lectores, no se tiene en pie por mucho que me empeñe. Les contaré sólo un caso:

Don Santiago González Guzmán, médico cirujano jubilado, amigo de siempre y residente en Icod de los Vinos, su ciudad natal, me ha llamado para decirme con cierta decepción:

-¿Pero cómo se te ocurre, a estas alturas, leer a ese señor trasnochado, a quien no lee nadie? Te voy a aclarar una cosa: cuando estudié mi carrera, primero en Madrid y luego en Canadá, ningún profesor mencionó, ni una vez al menos, al señor Freud. Citaban nombres de filósofos, neurólogos, psiquiatras... pero nunca hubo una palabra para ese señor que estás estudiando.

-¡Hombre, Santiago! No seas tan exclusivista! Siempre es bueno conocer opiniones diversas relacionadas con el pensamiento, el sistema nervioso, el control, la coordinación de todos los movimientos del ser humano...

-Eso ya lo sé, amigo; pero hubiera sido mejor para ti dejar esa obra en su sitio; quiero decir, en la biblioteca.

Creo que mi amigo icodense teme que me contagie con el pensamiento de Freud. Puede estar tranquilo. Lo mismo me aconsejaron en su día por culpa de "El código da Vinci". Sin embargo, Dan Brown, su autor, no consiguió que yo confundiera a san Juan Evangelista, el discípulo amado, con María Magdalena, en "La última cena" de Leonardo. Y cuando, con quince años, me aseguraron que Shakespeare no era el autor de sus obras, sino que se las había escrito Christopher Marlowe y que don Guillermo se había limitado a firmarlas, no hubo manera de que yo me atreviera a creer semejante patraña.

Tal vez para quitar fuego a su opinión sobre Freud, mi amigo Santiago me aseguró que estaba de acuerdo conmigo en mi admiración por Nat King Cole. Y completó su trío de cantantes contemporáneos con los nombres de Edith Piaf y Nino Bravo. En esto estuvimos muy cerca.

Pero (lo que son las cosas), también con el cantante norteamericano tuve mis problemas. En realidad, no con él, que hasta ahí podíamos llegar, sino con su autoría sobre la canción "Ansiedad".

Uno de mis hermanos, Orlando, que residió muchos años en Venezuela, se me enfrentó así:

-¿De dónde sacaste eso de que Nat King Cole es el autor de "Ansiedad"?

-Yo no he dicho eso. Afirmé que la cantó muchas veces. Y tú sabes perfectamente que fue él quien la hizo famosa en el mundo entero. Menos en la selva amazónica, supongo.

-Pero dejaste la cosa en el aire, llena de dudas.

-Bien; aclárame la cuestión.

-"Ansiedad" es la mejor creación del compositor venezolano Chelique Sarabia.

-A quien no tengo el honor de conocer, nunca lo oí nombrar.

Con todo esto que dejo escrito quiero decir que el 21 de febrero no fue para mí un día feliz. Se ve que, como temía mi amigo Santiago, el señor Freud me hizo maldiojo.

 

 Última hora:

 Últimas galerías:

Cargando...

PUBLICIDAD
PUBLICIDAD
PUBLICIDAD

© Editorial Leoncio Rodríguez, S.A. |Aviso legal | Mapa del sitio | Publicación digital controlada por OJD

eldia.es Dirección web de la noticia: