Cultura y Espectáculos
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VIERNES, 6 DE MARZO DE 2009

La compañía Silviam Brant estrena su obra "La zona del silencio"

El teatro Victoria de Santa Cruz de Tenerife acoge hoy y mañana, a las 21:00 horas, la puesta en escena del espectáculo escrito por Antonio Zúñiga.

EL DÍA, S/C de Tenerife

La compañía de teatro Silviam Brant presentará hoy y mañana, a las 21:00 horas, su último espectáculo, "La zona del silencio", en el teatro Victoria de Santa Cruz de Tenerife, que es miembro de la Red de Salas Alternativas de España. Se trata de una ficción escénica cuya acción se desarrolla en un desierto del norte de México, donde las ondas sonoras se pierden.

Escrito por el mexicano Antonio Zúñiga y producido por Silviam Brant, el montaje escénico consta de un solo acto y cuatro escenas. La dirección teatral ha corrido a cargo de Pepe Ramos Arteaga, profesor de la Facultad de Filología Hispánica de la Universidad de La Laguna, mientras que la dirección artística se debe a Marian del Castillo.

El espectáculo está interpretado por Jorge Armas, Marina Delgado, Roberto Goya y Miguel Ángel Rábade.

El dramaturgo mejicano Antonio Zúñiga propone en "La zona del silencio" varios elementos novedosos, entre los que destaca el espacio en el que se sitúa la obra, el desierto. "Un territorio fronterizo de lo humano que añade a su carga simbólica la brutal constatación de que se trata de un espacio real en México", señalan los organizadores.

Este enclave sirve como lugar en el que las personas pueden esconderse, pero también donde se hace desaparecer al periodista incómodo para el poder o a las mujeres trabajadoras de Ciudad Juárez.

Otra de las novedades que presenta esta historia son los personajes que se dan cita en ese escondrijo: un diputado, al que hay que sacar de la circulación durante un tiempo, interpretado por Roberto Goya; un policía, al servicio de las mafias, al que da vida Jorge Armas Davara; un narcotraficante de medio pelo, que es representado por Miguel Ángel Rábade, y una prostituta acabada, encarnada por Marina Delgado.

A juicio de los artífices de la obra, lo normal es que este tipo de cóctel de orígenes sociales dé como resultado diferentes momentos de confrontación entre los protagonistas, pero en este espectáculo "todos están unidos por la corrupción, por la miseria del poder en sus distintos rostros y por la falta de escrúpulos".

Por último, Zúñiga propone olvidarse de los tópicos sobre estos personajes prototípicos, ya que lo consideraría un tratamiento más adecuado para una comedia.

Lo que presenta el autor son personas corruptas, en las que la miseria de sus comportamientos no oculta su deseo de redención.

"Es esta paradoja la que permite construir unos personajes sórdidos y tiernos a la vez, unas tragedias vitales y morales que trascienden el cerrado ámbito de un cuarto de aperos en el desierto mexicano", concluyen los responsables.

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