DESDE los primeros días de este mes de febrero, Santa Cruz de Tenerife se encuentra en erupción permanente de alegría, y aunque este año la cosa va de miedos, no por eso dejaremos de divertirnos con las brujas, fantasmas y toda clase de esqueletos andantes, que para eso sí que tenemos imaginación los chicharreros.
El "loquillo del año", como se suele apodar a febrero, ya empezó con su cantaleta carnavalera desde su primera semana, haciendo de las suyas por plazas calles y recintos.
Esperemos que en la fiesta haya paz, como siempre. Virtud de nuestro carnaval es que la gente se divierte a diestro y siniestro sin malos rollos ni jaleos fuera de lugar. El carnaval es para pasarlo bien unos días al año y no lo empaña nada ni nadie. ¿Que hay crisis? Vale, así la olvidamos un poco, que para divertirse sanamente no hacen falta miles de euros; sabemos que hay mucha gente en paro que lo está pasando mal y que las cosas van "fuera de madre" en muchos conceptos, pero siempre hay ayudas para salir adelante, no hay que perder la esperanza. Seguro que vendrán tiempos mejores. La clave está en no perder los nervios, aunque, cuando nos falta lo necesario, es durísimo y muy amargo pasar el trago.
Escuché a un muchacho de mi barrio que pidió prestado un dinero para trasladarse a Granadilla porque se enteró de que estaban repartiendo trabajo para las obras que comenzarían la pasada semana. El pobre chico se volvió con las "castañetas encabadas" y sin nadie que le diera una explicación ni un porqué. Así perdió el viaje y el dinerillo. Claro, para este chico, y para otros como él, no tiene la fiesta el mismo sabor que para los que le tintinean los bolsillos. No obstante, aquí está el carnaval invitándonos a pasar unos ratos alegres a pesar de las retorcidas faltriqueras; recuerdo que en mi pueblo la gente se tiznaba un poco la cara, se liaba unos trapos a la cabeza y aquí paz y en el cielo gloria, ¡todo el mundo a divertirse! Incluso cuando los carnavales estaban prohibidos, la gente subía a los altos del pueblo, que, escondidos por algún sitio siempre había bailes para mover el esqueleto y pasarlo bomba.
Y aunque hay quien diga que el carnaval de hoy es día de desenfreno es porque no han leído bien su historia, antes sí que había desenfreno y lujuria, incluso ofrendas humanas, donde se sacrificaban a jóvenes de las más bellas, desde Grecia hasta las saturnales romanas. Puede que el origen del nombre, Carnaval, sea "carrus navalis", porque existió la costumbre de pasear un barco con ruedas, donde se bailaban encima de él danzas satíricas, y la mayoría de ellos iban "in púribus" (desnudos como vinieron al mundo) Aunque algunos historiadores las remontan al tiempo de los egipcios y sumerios hace unos 5.000 años. Sé que esto no es una explicación, puesto que es bastante somera, pero sí un tironcillo de orejas a unas amigas que me decían que el carnaval de antes era genial. Es la manía de afirmar que "cualquier tiempo pasado fue mejor", y tampoco es eso.
Démosle un repaso al de hoy, y sobre todo al tinerfeño. Es otra cosa, indudablemente; la fiesta se ha encaramado a una altura que ya es un referente de nuestras islas, cada pueblo la celebra a su manera, pero al fin y al cabo todo tiene el mismo fin, unos días de descanso y divertimento que no le viene mal a nadie, y el cuerpo lo agradece; que ya la vida se encarga de ponernos una zancadilla cada vez que se le antoja.
Lo de antruejo pasó a la historia, no nos conformamos con los tres días, sino que tomamos el mes que para eso es el más "chiquitillo" y lo llevamos de la mano donde nos plazca. Estos son carnavales, y no los de hace siglos. Sentí miedo cuando leí toda su trayectoria; viene derivado de un pasado bastante bochornoso, pero ha llovido mucho desde entonces, y ha llegado a nuestros días más limpio, digan lo que digan.
Nos encontramos en el punto más cálido de la fiesta, donde las murgas han dejado sus mensajes a los políticos, entre sátiras, buen humor y buen hacer; las reinas lucen ya la corona y el cetro del 2009; la lechera, Fidel Castro y la cerdita de grandes pestañas -entre otros muchos- merodean por la ciudad luciendo su palmito; la cabalgata anunciadora nos deja en la calle el gigantesco escaparate de la fiesta, y el río de gente inunda la capital buscando un careo con el miedo, entre zombies y vampiros. Que ustedes lo disfruten y que pronto haya trabajo para todos. ¡Feliz Carnaval!
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