HAY TEORÍAS sobre la expansión gradual de los pueblos, tribus y clanes por el planeta, aunque algunos parámetros de investigación parecen ya aceptados por la mayor parte del mundo científico y demostrados en la actualidad.
Superados los largos periodos de las grandes lluvias que se produjeron entre el 10.500 a. C. y el 9.500 a. C., la población humana empezó a reorientarse, extendiéndose masivamente y los pueblos con vinculaciones de origen fueron ocupando áreas y rincones antes nada o muy poco poblados. Aun manteniendo las prácticas ancestrales de recolección natural y caza. Los territorios vacíos o semivírgenes fueron poco a poco colonizados. Se inició la agricultura y ganadería. Se acepta que el ser humano navegó con medios más o menos desarrollados desde estas épocas y parece que a medida que empezaron a ser más comunes las rivalidades y competencias por el espacio lo fueron también las guerras.
El rastro lingüístico es una buena herramienta para conocer las derivaciones y caminos emprendidos por los distintos pueblos. Su estudio es fundamental para reconocer parte de los andares genéticos de cada población. Me refiero ahora a un trabajo, en la línea de otros muchos en la misma dirección, editado por: Complutense (Madrid 2000), titulado "Egipcios, beréberes, guanches y vascos" y en la que sus autores, Arnáiz, A. / Alonso, J., hacen una tesis de rastreo y ligazón lingüística entre diferentes idiomas emparentados entre sí:
"Las lenguas usko-mediterráneas vivas son el vasco y el bereber, esta última muy dañada por la influencia del árabe. Existen, además, idiomas que lo fueron, ligados como el ibérico-tartésico, el etrusco, el lineal A cretense, el guanche, el egipcio y otros de oriente próximo (hitita, eblita, elamita y sumerio). Genéticamente, todos los pueblos que hablaron estas lenguas están emparentados con las primeras expansiones desde el norte de África y Mediterráneo. El empuje griego -todo lo heleno-, a diferencia y por ejemplo, no lo está y representa a gentes llegadas más recientemente desde el norte asiático (después de 2000 a.C.). Los demás pueblos antes mencionados pertenecen a un sustrato más antiguo.
Los contactos mediterráneos por mar fueron frecuentes en las últimas épocas glaciares e interglaciares y el flujo genético, cultural y lingüístico fue también importante y ahora demostrable. Muchos de estos pueblos engrosaron su inicial herencia genética y cultural con otros grupos que, sin duda, emigraron desde el fértil Sahara cuando se evadían de las condiciones cada vez más áridas que se fueron dando progresivamente desde 6.000 años a.C. hasta ahora.
La extinción abrupta del idioma guanche en las Islas Canarias refleja una lamentable historia de crueldad e incomprensión por parte de los conquistadores españoles, de cuyo alcance se ha hablado poco. La traducción desde el vasco de las inscripciones y nombres guanches restablece, en parte, la identidad perdida de un pueblo con fuertes creencias religiosas y sólidas estructuras sociales. Igualmente, la cultura bereber (Imazighen), olvidada por la historia, silenciada y temida por el pan-arabismo islámico, ha sido puesta en esta obra en un contexto racional y regional, resaltando su parentesco con los mediterráneos antiguos de la orilla Norte y la Sur. Finalmente, también se ha contextualizado geográficamente el idioma y el patrimonio genético egipcio de una manera sensata. Se ha comprobado, con la ayuda de la lengua vasca, que los jeroglíficos egipcios son fórmulas religiosas y fúnebres, resumidas en no más de 500-600 palabras y se han detallado las pruebas genéticas que apoyan el origen sahariano y sudanés del faraonato".
Qué duda cabe de que parte de las conclusiones de este libro pueden calificarse de atrevidas, pero lo que parece contundente, por otros concienzudos esfuerzos académicos, es la existencia de una raíz común entre el único idioma no latino de la Península y el imazighen (bereber), tamahaq (tuareg) o awal guanche (lengua guanche). Probablemente también con los dialectos que se hablaban entre los iberos antes de la llegada de los celtas y después de los romanos, a la que llamaron Hispania.
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