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La oportunidad de destituir a Bermejo

21/feb/09 01:56
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JUAN FERNANDO LÓPEZ AGUILAR fue incapaz de resolver uno sólo de los muchos problemas que afectan a la Justicia. Ni el enorme atasco en los juzgados, ni las disputas entre las asociaciones de la magistratura, ni la puesta en marcha de la policía judicial. Nada de nada. El propio Zapatero se dio cuenta de su incompetencia al poco tiempo de haberlo nombrado. Sin embargo, como a un amigo no se le deja en la cuneta, le buscaron la salida airosa de enviarlo a Canarias para que fuese presidente autonómico. Una posibilidad que López Aguilar contempló con horror desde el primer momento, pues sus planes de alta política no pasaban por permanecer en las Islas. Al final, tuvo la suerte de los que nacen con estrella. Ganó las elecciones pero CC y PP pactaron para gobernar. Así podía volver a Madrid como un triunfador -lo que hizo enseguida-, continuar su prometedora carrera política y reducir la presencia en su tierra a unos cuantos fines de semana. De haber presidido el Gobierno de Canarias, se hubiese producido una desgracia doble. Una para él mismo, pues se le truncaría la carrera internacional con la que siempre ha soñado; y la otra para estas Islas, pues nada obliga a pensar que su gestión al frente de la Comunidad Autónoma hubiese sido mejor que como ministro de Justicia.

La clave para entender las guerras no hay que buscarla en los pretextos, sino en las causas. El pretexto era ganar Canarias para el campo socialista, aunque no hace falta haber estudiado en Harvard -ni siquiera en la Universidad de Las Palmas- para comprender que con López Aguilar de candidato, el PSOE seguiría eternamente en la oposición; salvo que obtuviese una difícil, por no decir imposible, mayoría absoluta.

No obstante, esas cuentas poco o nada importaban en Madrid. Lo que deseaba Rodríguez Zapatero y su núcleo duro era un ministro de Justicia ciegamente feroz contra el PP. La derecha española había cometido el crimen imperdonable de desplazar a la izquierda del Poder en 1996, precisamente acusando de corruptos a muchos que pululaban en el entorno de Felipe González. La revancha estaba pendiente?, y Bermejo era la respuesta. Su gestión como ministro no ha sido mejor que la de su antecesor. Al paso que lleva, incluso está haciendo bueno al Terminator. A López Aguilar no se le pusieron en huelga los jueces; a Bermejo, sí.

Un presidente del Gobierno, en este caso Rodríguez Zapatero, puede conformar el Gabinete como mejor se le antoje. El desquite, ya sea mediante el concurso de alguien con las mandíbulas suficientemente duras para triturar los tobillos de la oposición, o reescribiendo la historia con memorias sesgadas, no parece la mejor opción. Sobre todo en tiempos de crisis, cuando el país camina hacia los cuatro millones de parados. Los ministros no están para ejecutar venganzas sino para resolver problemas. No estaría de más que el presidente aprovechase el todavía latente asunto de la montería para forzar su dimisión. Así demostraría que gobierna pensando en el bien común y no guiado por el sectarismo, si bien pedirle esto a Zapatero se me antoja tan absurdo como pedirle peras al olmo.

rpeyt@yahoo.es

 

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