D. BARBUZANO, La Laguna
La ciudad de La Laguna ha soportado en los dos últimos meses, con comienzo en diciembre de 2008, una temperatura mínima de 7,1º, lo que ha motivado un cambio radical en su paisaje, principalmente en las calles de adoquines, en las paredes antiguas, en los elementos de piedra de fachadas de edificios nobles y en los tejados.
El Centro Meteorológico de Santa Cruz informó de que el mes de diciembre de 2008 fue muy lluvioso y frío, rematando el otoño más fresco de los 15 últimos años, siendo preciso remontarse a 1993 para encontrar un año con temperaturas inferiores a la citada.
La temperatura media del otoño de 2008, con 20,3º, estuvo 1,4º por debajo de la media a la que se había acostumbrado el ciudadano en los últimos años.
La Sección de Climatología del Centro Meteorológico de Santa Cruz de Tenerife, según destacó a EL DÍA su representante, Ricardo Sanz, detectó en su estación de Los Rodeos la referida temperatura. A pesar de ello, algunos taxistas recuerdan haber cómo los paneles informativos de la avenida de La Trinidad llegaban a registrar seis grados.
Desde Los Rodeos, la temperatura mínima más baja registrada, según Ricardo Sanz, fue de dos grados el 14 de marzo de 1994, es decir hace 15 años.
Sobre La Laguna se produjeron este año precipitaciones fuertes y tormentosas y un aire y viento muy fríos. Ello contribuyó a que la ciudad, como dicen algunos, "se haya vestido de verde".
Uno de los callejones donde la hierba ha alcanzado una altura superior a los 10 centímetros es el del convento de clausura de Santa Clara, así como los adoquinados interiores del patio de acceso al antiguo edificio del Instituto Canarias Cabrera Pinto.
El musgo, que se cortaba mucho en Navidades pasadas como si fuera un trozo de esponja, de color verde intenso, compite con los tonos claros de los edificios laguneros y hasta con el gris de la piedra de las losas chasneras y de los adoquines.
Este año sí se ha podido aplicar a la ciudad lo que hace muchos años Juan Maluquer dijo relativo a que los laguneros han tenido un invierno crudo, con frío, lluvia, humedad, viento, y noches tormentosas con el silbo del viento y el agua caída del cielo inundando a torrentes la ciudad.
Tanto Torriani como Glass dijeron lo mismo que han destacado los laguneros en los últimos meses, después de transcurridos más de 4 siglos, que "el manto vegetal ha cubierto la ciudad de La Laguna".
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