JORGE DÁVILA, S/C de Tfe.
Una carta al amigo Eduardo Westerdahl en la que le revela que ha estado enfermo, según él, para no variar, y en la que le acaba confesando que reside "de prestado" en casa de su suegra y sin medios económicos; un permiso de periodista con el número 92 de afiliado; sus notas de Bachilletaro o unos retratos realizados por Benjamín Peret a André Breton son sólo cuatro de los recuerdos que se pueden ver estos días en la exposición-homenaje a Agustín Espinosa que estará abierta en el Instituto de Canarias Cabrera Pinto hasta el 1 de marzo.
La iniciativa, que coincide con la celebración del 70 aniversario de la muerte del escritor, nacido en el Puerto de la Cruz, echó a rodar en mayo de 2008 de forma caprichosa. La historiadora Ana María García Pérez andaba por entonces tras la pista del expediente académico del naturalista y geólogo portuense Telesforo Bravo, cuando, de repente, halló en los fondos de San Agustín un examen que llevaba la firma de Espinosa. "Se sabía que estudió en este centro de formación, pero faltaba la prueba definitiva", admite García Pérez.
Los otros dos vértices del triángulo cultural que se ha cerrado en torno al autor de "Crimen" (1934) se dibujaron a partir de la colaboración de los docentes Margarita Espinosa, del I.E.S. Mencey Bencomo de Los Reajelos, y Nicolás Rodríguez Münzeinmaier, profesor del Agustín Bethencourt y presidente del Instituto de Estudios Hispánicos del Puerto de la Cruz. Los tres son los comisarios de una muestra que ha madurado al calor de la Consejería de Educación del Gobierno de Canarias, los consistorios de La Laguna, el Puerto de la Cruz y Los Realejos, el Organismo Autónomo de Museos del Cabildo de Tenerife, el Museo de Historia y Antropología de Tenerife, la Real Sociedad Económica de Amigos del País de Tenerife, la Biblioteca de la Universidad de La Laguna, el Archivo Histórico Provincial de Santa Cruz de Tenerife y la dirección del Archivo General de la Administración de Alcalá de Henares: "La lista es larga, pero había que buscar un hueco a todos los colaboradores porque se ha trabajado con intensidad en muy poco tiempo. Posiblemente, hay cosas que no están, pero hemos logrado reflejar en una sala la personalidad del gran desconocido de la literatura canaria", avanzan los impulsores de una iniciativa que quiere exaltar a un creador "irrepetible".
"Fue un escritor maldito al que se le trató injustamente", asegura García. Para Rodríguez Münzeinmaier su pecado fue "ser demasiado raro y vanguardista para unas islas poco acostumbradas a un lenguaje moderno que, en cierta manera, era transgresor".
"De lectura obligada"
La tercera voz que se incorpora a esta información, la de Margarita Espinosa, tiene unos vínculos sanguineos con el protagonista de la muestra: su madre era prima hermana del catedrático Agustín Espinosa. "Nos gustaría que todo esto no se quedara en una simple habitación abierta al público, sino que su figura tuviera un mayor reconocimiento de las aulas poniendo su obra como materia de estudio", avanza Espinosa. "Crimen no es un libro fácil de entender o que se le pueda dar a leer a jóvenes que no tengan un grado de madurez, pero Lancelot 28º 7º sí sería un título a recomendar", matiza.
Recuerdos de una vida difícil y corta. Eso es lo que pueden encontrarse los asistentes al espacio cultural del Cabrera Pinto. Entre tantos documentos, hay uno bastante curioso. Un Expediente de Depuración datado en Vitoria -tras su ingreso en la Falange- le devolvía el 16 de abril de 1939 su cátedra para enseñar, aunque seguía inhabilitado para ocupar cargos directivos y de confianza. El indulto se firmó cuando Espinosa ya estaba enterrado en Los Realejos.
Un corto de tres minutos elaborado por Ernesto Giménez Caballero (1929), una tarjeta de visita, un aluvión de notables y sobresalientes en su cuaderno de notas y artículos en La Prensa son el alma de una exposición que va desde lo insular a lo universal.
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