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DESDE DENTRO RICARDO PEYTAVÍ

El arte de no dimitir

18/feb/09 08:06
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SORPRENDE la prontitud y limpieza con que Barack Obama, el hombre que ha hecho buenos a los Estados Unidos frente a la progresía española, tan antiamericana ella y, pese a todo, tan vestida siempre de vaqueros, se ha ido desprendiendo de personas que iban a conformar su equipo de gobierno apenas ha surgido la menor duda sobre un pasado no del todo digno. Digno o decoroso en lo político, en sus relaciones con la hacienda pública y hasta en lo moral, pues Norteamérica, al menos desde Río Grande para arriba, continúa siendo un lugar muy puritano. Asunto este último que prefieren obviar los sociatas ibéricos, aunque se salga de sus esquemas, porque los socialistas de nuevo cuño -tipo Zapatero o López Aguilar; gente así- están que se salen con el nuevo inquilino de la Casa Blanca. Cierto que todavía ni siquiera les ha telefoneado -¿para qué?-, pero eso también lo disimulan.

Me conformaría, empero, con que los progres "detodalavida" y los sociatas de nuevo cuño copiasen esa práctica tan extendida en el Imperio que ellos ahora tanto adoran, consistente en el arte de dimitir. Pero no. Aquí no dimite ni Bermejo, a pesar de que lo ha pedido un compañero de partido -un socialista de verdad, impecable en su faceta de hombre público y un señor en su vida privada- como es Jerónimo Saavedra. Alguien, conviene recordarlo, que ha sido ministro en dos ocasiones y, por lo tanto, sabe como funciona un Gobierno desde dentro. Bermejo se ha limitado a decir que su cacería con Garzón fue inoportuna, a la vez que culpa de todo al PP; de forma concreta, a las luchas internas del PP. Indudablemente fue Aznar quien organizó la montería, fue Rajoy quien compró las escopetas y fue Esperanza Aguirre quien puso los ciervos a tiro para que juez y ministro, además de los otros, practicaran puntería sobre animales indefensos.

Cuenta Bermejo y su cuchipanda, la verdad sea dicha, con el apoyo incondicional de la izquierda. Ese corporativismo cargante resumido en una frase de corte legionario: con los míos, con razón o sin ella. Pierdan cuidado que ningún Carlos Sosa los denunciará por masacrar rumiantes como ha denunciado a Soria por pescar salmones. Tampoco habrá ningún Tristán Pimienta, vicario general del más rancio canarionismo escrito -todavía acude a programas de televisión con libros de Juana la loca para justificar la grandiosidad de su redonda isla; hay que joderse-, rasgándose las vestiduras por las esquinas con artículos solemnes en los que pida la dimisión del cazador; al menos con tanto ahínco como pide que lapiden en plaza pública -políticamente, claro- al vicepresidente del Gobierno de Canarias por darle a la caña en los fiordos noruegos.

Esto es un circo, señoras y señores. No les quepa la menor duda. Un espectáculo con su cuota de domadores, trapecistas, saltimbanquis y payasos; sobre todo bufones que ya cansan por su repetido espectáculo. Reconozco que de momento les va bien porque la gente todavía se traga los embustes. Un dislate comprensible, considerando que la trama esta vez está muy bien amarrada. Ocho años en la oposición por culpa de dos victorias sucesivas de la derecha, la segunda, para más afrenta, por mayoría absoluta, son demasiados años para dar la menor oportunidad a que vuelva ocurrir algo así.

rpeyt@yahoo.es

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