Vamos a contar mentiras, ¡tralará!
Hasta cuándo los españoles tendremos que seguir padeciendo la mala gestión de estos señores que se apoltronaron en Moncloa, a los que les da igual saber de economía, de empleo o de infraestructuras, preocupados como están por ir a programas de una cadena de televisión que pagamos todos los españoles.
Hasta cuándo los españoles no se van a dar cuenta de la cara tan dura que tiene el señor Zapatero, que ahora niega, y miente al hacerlo, que prometiese el pleno empleo en esta legislatura y se lo confirmaban después de la cantidad de respuestas que daba en ese programa.
Este Gobierno del PSOE no sabe gestionar una crisis, da palos de ciego con sus medidas, una tras otra desorientadas, y prefiere mentir a la gente, mantener a los ciudadanos engañados mientras nos quedamos sin empleo, mientras cierran las pequeñas empresas, mientras la desconfianza crece.
Por eso, ahora, el PSOE, con Zapatero a la cabeza, se apunta a la canción que cantábamos de niños: "Vamos a contar mentiras, tralará".
Fue un error o mentira su promesa del pleno empleo -hoy estamos en un nuevo récord de paro-; fue un error o una mentira que el plan de los bancos iba a inyectar confianza y liquidez en el sistema financiero -a día de hoy los españoles no han visto el crédito por ninguna parte-; fue un error o una mentira que la ayuda de los 400 euros iba a dinamizar nuestra economía -cuando sólo ha servido para vaciar las arcas públicas-; fue un error o una mentira prometer que los parados podrían retrasar el pago de su hipoteca -hasta hoy ni uno solo ha podido hacerlo y más de uno se ha quedado sin vivienda-; fue un error o una mentira asegurar que nadie quedaría desprotegido ante el desempleo -cuando ya hay un millón de parados que no reciben un solo euro-; fue error o una mentira prometer que los parados de la construcción se recolocarían rápido -a día de hoy hay cientos de miles que siguen buscando un empleo-; y fue un error o una mentira que la crisis va a finalizar en 2010, y sobre todo si se va hacer algo para que esta predicción se cumpla.
Los españoles tenemos cada día más la sensación de que nada de esto fue un error. Señores del PSOE: ni más errores ni más mentiras y empiecen a tomarse en serio las cosas, y si no son capaces de encontrar soluciones, escuchen a los que sí han demostrado que saben hacerlo con menos impuestos, más austeridad y reformas estructurales que dinamicen nuestra economía, recetas que ya han puesto en marcha en otras ocasiones y han dado un resultado satisfactorio para todos.
En tiempos de crisis no basta con un presidente del Gobierno que sonría, hace falta hablar menos y trabajar más, trabajar duro y con seriedad; algo que me recuerda a otro señor del PSOE que también se apoltronó en la alcaldía de mi pueblo, Candelaria. Porque al contrario de lo que dijo Zapatero, la economía no es un estado de ánimo, la economía en España hoy es un estado de necesidad.
Carina Dainotto
(Concejal del PP de Candelaria)
Sobre el "tortazo" del ministro Romeo Gorría
Mi amigo y admirado Pancho Ayala se ha referido estos días pasados al accidente de aviación de un DC3 del Ejército del Aire que, a principios de los años sesenta del pasado siglo, se estrelló en la zona del Roquillo del término municipal de La Esperanza. Este suceso me ha traído a la memoria una anécdota en la que participamos directamente el señor Francisco Peraza Hernández, como practicante, y el que suscribe, como médico del por aquel entonces Centro Médico Quirúrgico de La Laguna, fundación creada por el Ayuntamiento el 14 de septiembre de 1962, ubicada en los bajos del Hospital de Dolores de la calle Juan Vera, y de la que guardo muy gratos recuerdos.
Serían las once o doce de la noche de aquel nefasto día, y digo nefasto porque creo recordar hubo dos muertos; nos encontrábamos de guardia en aquel centro cuando, en el silencio de la noche lagunera oímos, como era habitual por entonces cuando ocurría un accidente, las bocinas de varios automóviles, que nos hicieron suponer una emergencia grave.
Varias personas irrumpieron en nuestras instalaciones, algunos con rastros de sangre, refiriéndonos que habían sufrido un accidente de aviación y que traían al ministro para que le prestásemos asistencia inmediata.
Se daba la circunstancia, y por aquello del multiempleo de la época, de que tanto el practicante Pancho Peraza como yo éramos también miembros del equipo médico del aeropuerto y conocíamos la particularidad de que por aquellas fechas -y no recuerdo los motivos- las pistas de Los Rodeos se cerraban a las nueve de la noche, por lo que era imposible que a esa hora se produjera ningún tipo de operación de aterrizaje o despegue.
-Chiquita trompa trae esta gente, que dicen se estrellaron con un avión cuando iban a aterrizar? y a uno lo llaman el ministro- me decía Peraza.
El revuelo que allí se armó es fácil de suponer. Unos entraban y salían, otros gritaban. Todos querían dar órdenes.
En medio de todo aquel alboroto iniciamos las curas a aquellos que aparentemente considerábamos de mayor gravedad, mientras nos repetían insistentemente que atendiéramos en primer lugar al señor ministro. Uno de ellos, tapándose con la mano un ojo, se dirigió directamente al teléfono. Se lo arrebatamos de mala manera en varias ocasiones diciéndole que no lo utilizara porque lo necesitábamos nosotros para solicitar una ambulancia y adecuar los medios de evacuación.
-Es que tengo que hacer una llamada urgente- nos decía.
-También nosotros tenemos que hacer varias llamadas urgentes- le contestábamos.
Otra de aquellas personas, más sosegada, me llevó aparte y me refirió que, efectivamente, se trataba del ministro de Trabajo, señor Romeo Gorría, y que habían sufrido un accidente de aviación, cuando regresaban de Sidi Ifni, y se disponían a aterrizar en Los Rodeos, estrellándose en un monte de La Esperanza.
La asistencia que en esa ocasión prestamos a los heridos fueron las propias disponibles en aquel pequeño centro médico dotado con escaso personal y material necesario para este tipo de accidentes.
Disipada la duda, al fin la situación quedó más tranquila. La lesión que sufría don Jesús en su ojo izquierdo era la más preocupante y requería asistencia inmediata por un oftalmólogo. Llegó una ambulancia junto a otros automóviles y procedimos al traslado de los heridos al hospital. Por supuesto me disculpé con el señor ministro de la manera más correcta que pude por quitarle el teléfono de la mano, a lo que me contestó que agradecía la asistencia prestada y que no me preocupara porque habíamos actuado con mucha profesionalidad, tal y como era nuestra obligación.
A la mañana siguiente telefoneamos al hospital interesándonos por el estado de los heridos y concretamente por la evolución del ministro de Trabajo. Ya no se hallaba en Tenerife. El primer avión de la mañana se lo había llevado a Madrid.
Francisco de Salamanca de la Peña
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