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LA MEDIA COLUMNA FRANCISCO AYALA

Sabotaje barriobajero en el Cabildo

18/feb/09 08:06
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HAY QUE EMPEZAR por decir que si todos fuéramos buenos, serios y cumplidores de las normas establecidas, sobrarían en las empresas y, en general, en los lugares de trabajo, los dispositivos que controlan la entrada, la salida, la permanencia y hasta los desplazamientos internos de los empleados, cuando ya los aparatos están más modernizados.

A muchas personas, incluido un servidor, no nos molesta ni consideramos una desconfianza un aparato controlador de esos en que se mete y se saca una tarjeta. Antes de estos dispositivos, las empresas tenían en la recepción un pliego para firmar, que era más engorroso, y a todos nos parecía una cosa normal. Los malpensados seguirían pensando mal, pero los demás suponemos que se trata de un control administrativo para saber quién está o no, en cada momento, en determinado servicio de la empresa y si se puede o no contar con ellos en determinados momentos, por ejemplo, para una gestión inesperada.

Resulta que el Cabildo Insular de Tenerife tenía instalados en sus oficinas y dependencias varios de estos aparatos y, recientemente, sustituyeron seis de esos chismes por otros más modernos que, en lugar de tarjetas, da mayores facilidades a los usuarios porque funcionan con las huellas del personal laboral, que es el que tienen que controlar.

Si yo cumplo con el deber que me exigen las normas vigentes en el Cabildo, si trabajo como funcionario en la Corporación, lo mismo me importa si registran mis huellas que si suenan los compases del himno nacional, como dicen que le ocurría al general Franco con aquel retrete en que no se podía sentar porque tenía que escuchar de pie el himno. Sin embargo, algunos empleados del Cabildo no deberían tenerlas todas consigo respecto a su cumplimiento como empleado, cuando la emprendieron con los aparatejos y se cargaron tres de los seis colocados. Cada uno de los sistemas costó la cantidad de 2.389 euros, que son un chorro de pesetas, y el mantenimiento de los mismos es de 520 euros al mes. Dicen que el coste de los aparatos no lo pagará el Cabildo porque estaban en prueba, pero el cabreo de la titular de Recursos Humanos y Defensa Jurídica del Cabildo, doña Rosa Baena, es de los grandes y no se sabe qué medidas tomará.

Uno creía que los empleados del Cabildo, que pasan por oposiciones y pruebas selectivas, tenían una formación acorde con su categoría profesional y humana. Pero los autores del sabotaje se han portado como gamberros barriobajeros.

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