"LAS GRANDES resoluciones para su mejor acierto hay que tomarlas al paso y hay que cumplirlas al vuelo". La frase corresponde a don José Mª. Pemán. De todas maneras, pocos siguen la pauta formulada por el genio y polifacético literato. Ésa es la realidad pura y dura. Bien por insensibilidad, bien por desidia o bien por no tener claro qué medidas se deben tomar en determinados momentos. En este sentido, a la testarudez del Gobierno se suma el debate anodino de la oposición, que a mi juicio no acierta a dar en el clavo. Además, ninguno de los dos se "baja del burro" o, dicho de otra forma, ya no saben qué hacer con el "patriotismo" que llevan en la sangre. ¡Lástima de derroche! La crisis haciendo estragos en multitud de familias desempleadas, sin perspectivas de trabajo ni porvenir a la vista, y los "administradores del Estado de bienestar" (o los restos de éste) sin visos de ponerse de acuerdo. Cada uno va a lo suyo; qué gente lleva el barco, Dios. Ya digo, no es normal que los líderes de los partidos con mayoría parlamentaria, Zapatero y Rajoy, no aparquen sus diferencias y se pongan mano a la obra. Por ejemplo, jamás dejaré de aplaudir la decisión de Adolfo Suárez, Felipe, Fraga, Carrillo, R. Tamames, así como los representantes sindicales y asociaciones empresariales, resueltos a poner en marcha el plan base de medidas económicas elaborado por el profesor don Enrique F. Quintana, octubre de 1977, dirigido a sacar a España de la recesión. En un escenario lamentable de mucho paro, de mucha inflación, de miles de protesto de letras, de pequeñas y medianas empresas en quiebra o a punto de echar el cierre, etc., etc. Así y todo, tomaron cuerpo los Pactos de la Moncloa y, de paso, la democracia se tomó un respiro. En esta ocasión, y desde el principio al fin, no hubo personalismos ni contraofensivas tendentes a cercenar el éxito de la operación. De nuevo, a día de hoy, la situación económica precisa de una gran alianza de solidaridad para ajustar y poner orden en la confusión y caos que subyace en torno al estancamiento de la productividad y sus efectos en el tejido social.
De paso, ahora que tanto se habla de disminuir el gasto público, sería oportuno desburocratizar y/o poner freno a la nómina de dos millones de funcionarios, al exceso de asesores y altos cargos, a los desplazamientos en avión de los señores ministros, de lo cual extraemos que pueden viajar por ferrocarril; amén del uso y abuso del coche oficial a disposición de los cargos intermedios, etc., etc. Ah, y no pretendan comparar las retribuciones de sus homólogos del entorno de la UE, en general, personas que cursan altos estudios en materias de Estado, con los cursillos orientativos de andar por casa. Hasta feo estaría. A todo esto, el presidente de la Xunta de Galicia, adscrito al "partido obrero español", un personaje que pasa olímpicamente de las desgracias ajenas, acaba de adquirir un cochazo (el 4º, creo) valorado en 400.000 euros. ¡Cómo es posible esto! O cómo explican los responsables de las respectivas administraciones de las Islas, Gobierno, Cabildo y ayuntamientos, la extravagante complicidad de los sueldos; ya hablaremos de ello. Alguna explicación tendrán que dar. Y así sucesivamente en las 17 comunidades (o debo decir países) del macro Estado español. A ver quién le dice a un desempleado de larga duración, casado y con hijos a cargo, que no hay fondos disponibles. Fuerte, ¿no? Aunque según dijo ZP en el Parlamento: "Sea cual sea la cifra de parados que se alcance, la cobertura de la prestación se mantendrá e incluso aumentará". ¡Ojalá!
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