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EFE, Washington
El presidente de Estados Unidos, Barack Obama, disfruta este fin de semana de la mayor victoria política desde que llegó a la Casa Blanca hace tres semanas, y prepara la promulgación de un costoso plan para sacar a Estados Unidos de su crisis financiera más grave en ocho décadas.
"Este paso histórico no es el final de lo que haremos para volver a encarrilar nuestra economía. Es el comienzo", argumentó Obama durante la tradicional alocución presidencial radiofónica de los sábados.
El portavoz de la Casa Blanca, Robert Gibbs, dijo que la legislación, aprobada el viernes en el Congreso, "no llegará al despacho del presidente" antes del lunes porque hay bastante papeleo de por medio.
El programa, que recibió el apoyo de sólo tres republicanos en el Senado, tiene un costo de 787.000 millones de dólares y llega menos de cuatro meses después de que el Congreso aprobó 700.000 millones de dólares para una ayuda financiera que, entonces, se calificó como decisivo.
La economía de Estados Unidos, que entró en recesión en diciembre de 2007, perdió el año pasado casi 2,7 millones de puestos de trabajo y continúa postrada en la incertidumbre, con cierres de empresas, quiebras de bancos, ejecuciones hipotecarias, y dos guerras prolongadas, en Irak y Afganistán.
Obama hizo diversas gestiones para ganar el apoyo de la minoría republicana en el Congreso, pero finalmente la legislación fue aprobada con los votos de 246 demócratas y la oposición de 183 republicanos en la Cámara de Representantes.
En el Senado el resultado fue de 60 a favor -57 demócratas y tres republicanos- y 38 en contra, todos ellos republicanos.
Los demócratas pronostican que el programa salvará o creará unos 3,5 millones de puestos de trabajo. El elemento más caro es una devolución de 400 dólares de impuestos para cada contribuyente -800 dólares para las parejas-, y un subsidio de 250 dólares para los jubilados, veteranos discapacitados y otras personas que no pagan impuestos sobre los sueldos.
Los republicanos, fieles a su ideología que repudia la ampliación del papel del estado y predica austeridad fiscal, sostienen que la legislación contiene demasiados gastos gubernamentales y que pocos de ellos estimularán la economía.
En los últimos ocho años de gestión republicana la deuda nacional de Estados Unidos se duplicó y el presupuesto federal, que tenía superávit cuando George W. Bush llegó a la Casa Blanca, en enero de 2001, terminará este período fiscal -el último presupuestado por la Administración republicana- con un déficit cercano al billón de dólares.
Obras de infraestructura
El programa también asigna miles de millones de dólares para la ejecución de una serie de obras de infraestructura, así como para fondos de ayuda a los gobiernos de los Estados que pagan el subsidio para desempleados.
La cifra de personas en el seguro de paro supera los 4,5 millones de personas, la más alta desde la recesión de 1982.
Otro aspecto de la legislación, que cubre más de un millar de páginas, es una restricción en los bonos que se paguen a los ejecutivos de más jerarquía y los 20 empleados de mayor rango en los bancos y compañías que reciban más de 500 millones de dólares en ayuda del gobierno.
La Administración Obama tiene, todavía, pendiente de asignar la mitad de los 700.000 millones de dólares que el Congreso aprobó en octubre.
Por su parte, el equipo de Bush indicó entonces que usaría los fondos para limpiar los balances bancarios de activos depreciados, pero luego usó el dinero para capitalizar bancos, financieras y empresas de seguros.
Han habido muchas críticas porque las instituciones así ayudadas se han dedicado a la compra de otros bancos, o han pagado jugosos dividendos a sus accionistas y bonos a sus ejecutivos, en lugar de poner el dinero a disposición para préstamos a consumidores y empresas.
La ley que Obama promulgará también limita los bonos que puedan cobrar los ejecutivos principales y los 10 funcionarios de más jerarquía en las firmas que reciban entre 250 y 500 millones de dólares del gobierno.
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