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DE DOMINGO A DOMINGO FRANCISCO AYALA

Los gobernadores civiles de Tenerife (IV)

15/feb/09 07:34
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CERRÉ, digamos, el capítulo anterior de esta "serie" con don Juan Pablos Abril, que también abrió el "ladrillo". O sea, que ese comentario fue, todo, para ese gobernador que lo había sido, con anterioridad en Extremadura, desde donde vino destinado a nuestra provincia. No mencioné las simpatías y las fobias de don Juan, que, repito, era una buena persona. Admiraba el gobernador al director de este periódico, Ernesto Salcedo, a quien consultaba con frecuencia. Tenía predilección por un servidor y por el fotógrafo de este diario Jorge Perdomo, quien siempre me acompañaba. Me llamaba o pedía al director que me designara para acompañarlo e informar luego de los actos en los que intervenía. Yo le hacía el gusto y me gané su confianza, en parte, porque sabía la estima y la confianza que tenía Salcedo en mi persona. Don Juan se estableció en Tenerife poco después de haberse inaugurado la Basílica de la Virgen de Candelaria y le tomó afecto al fraile dominico Padre Juan Fernández Baca, que se hacía llamar Padre Juan de Candelaria, un sacerdote entusiasta que siempre estaba organizando actos y fiestas en el entorno de la Patrona. Don Juan Pablos, prácticamente, organizó, en el Teatro Guimerá, una especie de acto de desagravio al Padre Juan de Candelaria por cierta campaña que llevaron a cabo en la Villa Mariana algunas personas que no simpatizaban con el fraile dominico. Tampoco había un entendimiento cordial entre el gobernador y el entonces delegado provincial del Ministerio de Información y Turismo, que era hermano de un político nacional influyente. Ocurrieron enfrentamientos disimulados, pero la sangre no llegó al río. Sólo que se animó el cotarro de los que asistíamos a los "encuentros" y a los actos.

Sucedió a don Juan Pablos Abril en el Gobierno Civil de la provincia un teniente coronel del Ejército, naturalmente, como un personaje civil, llamado, con dudas en el nombre, don José María Quiroga de Abarca, quien copió a don Juan Pablos en la celebración de "consejos abiertos" y siguió una trayectoria parecida. Se achaca a este "Poncio" que, en unos de los "consejos", en un pueblo que no recuerdo bien, pero me parece que fue en El Tanque, dijo a los agricultores plataneros asistentes a la reunión que no se explicaba cómo la gente del campo, en vez de conformarse con que la mata diera sólo una "piña" de plátanos, no la preparaban para que diera dos o más piñas. Por ciertas antipatías pueblerinas se empezó a hablar del posible cese del gobernador. Quiroga de Abarca viajó a Madrid y se comentó que, a su llegada a la capital, le esperaba la destitución. Regresó y, con cara triunfal, dijo a algunos de los que aseguraban su defenestración: "Cuando el caudillo me recibió, me contó que cuando le hablaron del rumor de mi cese, dijo a su ayudante: "¿Se trata de Quiroguita?, ¡a Quiroguita no me lo cesa nadie!". A los pocos días lo destituyeron.

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