"LUCHAMOS contra los padres y ahora tenemos que luchar contra los nietos", dijo el todavía ministro de Injusticia, Fernández Bermejo, hijo del jefe local del Movimiento de Arenas de San Pedro (Ávila), convertido ahora en el símbolo de la "nueva escopeta nacional". Era de esperar, con semejante afirmación, quién iba a empuñarla mejor que los hijos de aquellos padres que abusaron de los negocios que se tejían en torno a la caza, durante el franquismo, y cuyas escenas recrearon con maestría para el cine histórico Berlanga y Sazatornil.
Pero a la chulería del ministro, que encima se jactó, en sesión parlamentaria, que pieza que apunta cae, esta vez debería responderle su jefe, Rodríguez Zapatero, cesándolo por haberse ido de gratis total a la cacería con su amigo el juez estrella Baltasar Garzón y reunirse a cenar en la finca jienense con el jefe de la Policía Judicial y la fiscal del caso que se estaba instruyendo contra una presunta trama de presuntas contrataciones ilegales en unos ayuntamientos, políticamente controlados por el PP.
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No es que el juez haya quedado contaminado para ser el juez imparcial de esa causa. Es que si hubiera un mínimo de respeto a la separación de poderes que la Constitución estableció, el Consejo General del Poder Judicial, el presidente de la Audiencia o el propio Garzón deberían declararse incompatibles con la causa iniciada. Pero no lo harán. Seguirá el proceso, en el que presuntamente quizá caiga algún chorizo de los que pululan en torno a los abrevaderos de los partidos que haya actuado delictivamente por su beneficio, y quizá el de algunos políticos del PP, ya apartados de los cargos que ejercían. Pero lo más probable, como con tantas otras causas escandalosas y mediáticas instruidas por el juez Garzón, que la instrucción se quede en nada. O en la mitad de la mitad. Pero el daño ya estará hecho y de eso se trata.
Garzón no sólo se fue de caza dejando en el calabozo a los imputados, mientras se filtraba el sumario a los amigos para alimentar a la prensa cainita durante el fin de semana cinegético, sino que Bermejo y Garzón aprovecharon la cena cinegética para dar instrucciones por dónde debían seguir la investigación. Y el mismo miércoles, el ministro mentía con descaro al Parlamento, declarando que allí fueron a hablar "de campo, de cosas cinegéticas y de lo nuestro". Claro está, ya se sabe lo que es lo nuestro. En ningún caso impartir Justicia, sino controlarla para la mayor gloria del régimen zapateril, que cada día se parece más a aquel que tanto critican quienes en él se criaron, crecieron y aprendieron a usar la escopeta. De tal palo, tal astilla.
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Y esto se hace cuando España está acosada por la mayor crisis económica de su historia, debido a la mala gestión de quienes han resucitado aquel cainismo, como hemos tenido ocasión los canarios de comprobar a lo largo del tiempo en que el canario de la Corte abandonó la cartera de Justicia, donde no había arreglado nada, y regresó al Archipiélago para hacer lo que ahora hace su sucesor y Garzón: convertir la política en un lodazal de denuncias, abriendo procesos judiciales al tiempo que se desarrollan procesos electorales. Es -como acertadamente ha dicho Rajoy- una permanente trama contra el principal adversario del Gobierno actual, el PP, no sólo para destruirlo como alternativa, sino para desviar la atención del fracaso de la gestión que Zapatero está haciendo con la crisis, en la que dice que "no dejará a nadie en la cuneta" y, en lugar de propiciar políticas que generen empleo estable, no cesa de practicar lo único que saben los regímenes políticos socialistas y totalitarios: tener subvencionados y subsidiados a cuanta más gente mejor. Darles pan para hoy y hambre para mañana, pero fidelizarlos para que no den guerra y garanticen el voto. Aunque haya que hipotecar a la nación por los siglos de los siglos; y el que venga detrás que arree.
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Pero ya se advierten algunas luces en medio de tantas tinieblas. En el debate sobre la crisis celebrado en el Congreso la semana concluida, hubo bastante coincidencia sobre la necesidad de que los políticos aparquen y aborden la salida de la crisis con medidas estructurales que permitan crear empleo estable y de calidad que incremente nuestra productividad y competitividad.
Observa que hasta Comisiones Obreras en Canarias ya empieza a hablar de movilizaciones, si no se encuentra salida negociada a la crisis. Aunque el presidente Rivero, que asistió a la sesión inaugural del reciente Congreso de CCOO, advirtió de que es hora de los pactos y no de la confrontación, como le había pedido su diputada en Madrid, Ana Oramas, a Zapatero, al advertirle que había que aparcar la pelea política y pactar cómo se hará frente a la tragedia turística que se cierne este año, especialmente sobre Canarias y Andalucía, con una bajada del turismo británico y germánico, además de un turismo peninsular que se aprieta el cinturón, porque pintan bastos para todos y ya no tienen acceso al turismo a crédito, porque bancos y agencias de viajes sólo fían a sus clientes de probada solvencia.
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La otra buena noticia de la semana es que el PSC del Archipiélago parece, finalmente, dispuesto a reunirse con Rivero y ponerse de acuerdo para instrumentar algunas de las medidas de urgencia que han propuesto los empresarios del turismo y la patronal canaria. Lo malo es que pronto aparecerá, y puede "encharcarla", el líder socialista canario que disfruta en Madrid de sus sueldos de diputado, sin ninguna iniciativa en lo que va de Legislatura, de presidente de Comisión (con coche y escolta) y lo que le quede de sueldo de exministro de la Injusticia, además de lo que ya esté disfrutando, en viajes y demás gabelas, como candidato del PSOE a las Europeas de junio. Imagínate cuando vuelva con "su escopeta cargada" lo que va a escupir por esa boquita y las náuseas, arcadas, vómitos y repugnancia que nos va a producir.
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