Mientras nuestro internacional, espectacular y novelero carnaval tinerfeño está calentando motores para desplegar sus alas de color y fantasía en todo su esplendor, el santo del amor y del romance nos ha venido a visitar otro catorce de febrero, como cada año. Y es que San Valentín -San Amor, en tono cariñoso-, no ha olvidado encender una vez más la simbólica llama del querer en los corazones enamorados. En la susodicha fecha, y por exigencias del tan ajetreado guión, Cupido no para el ala; el pobre angelito se pasa revoloteando de un lado para el otro, disparando las sutiles flechas de amor a diestro y siniestro. Las dianas de este querubín alado imaginario son seguras y certeras; luego, el tiempo tendrá la última palabra. Es este último quien verá desfilar ante sí un sinfín de promesas, abrazos y besos mezclados en el aire; bajo el sino del amor.
Por supuesto que no hace falta esperar a que llegue este día en concreto para que le regalen a una, qué sé yo, un ramo de rosas o un "cucurucho" con bombones de chocolate, por ejemplo, o para que te inviten a cenar a la luz de románticas velas y te digan ¡te quiero! Cuando hay amor, hay amor y éste se tiene que demostrar cualquier día del año, ¿o no? Lo que pasa es que a nadie le amarga un dulce, y un detallito en un día que está relacionado con el amor como es el de San Valentín, sin duda, se agradece.
El dios del amor, Cupido en la mitología romana, viene representado por un niño alado armado con un arco y sus flechas. En muchas ocasiones, se le suele representar con los ojos vendados; a mí esto me hace recordar aquello de "el amor es ciego". En su reino, decorado con finos tules encarnados y un montón de corazones caprichosos, viven entre otros el cariño, la pasión y el deseo. Es aquí, entre los muros invisibles de una lluvia de emociones, donde el eterno y mágico ritual del "dulce beso" y del "te amo, mi amor" cobran vida. Romántico y sensual, como es lógico en estos casos, el día del amor llegó vestido de rojo pasión, envuelto en suaves fragancias de exóticos perfumes, con una rosa en la mano y un te quiero en los labios.
El amor, en cualquiera de sus formas, es necesario.
Amor, dulce palabra que nubla los
[sentidos,
Amor, jardín florido del alma enamorada,
Amor, latidos silenciosos pero profundos,
Amor, amanecer feliz, porque se ama.
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