G. MAESTRE, S/C de Tenerife
El caos reina en el Instituto de Medicina Legal (IML) de la provincia de Santa Cruz de Tenerife, como demuestra el hecho de que existan decenas de muestras y pruebas forenses en las neveras del centro sin que se sepa a ciencia cierta de quiénes son y cuánto tiempo llevan allí. Esta situación -que la Dirección General de Justicia niega aludiendo a que dichas pruebas se conservan por orden judicial y que, en cualquier caso están perfectamente etiquetadas-, se produce como consecuencia de la ausencia de un sistema de registro y archivo.
Según diversas fuentes del IML y de Justicia "la dirección general conoce la situación y ha salido a la luz algunas veces, pero se ha silenciado, como es el caso de las muestras de agresiones sexuales guardadas durante años en Las Palmas. Aquí estamos en la misma tesitura. Aquí si una chica denuncia una violación, desde el primer momento el forense está en la toma de muestras y se cumple la cadena de custodia, sin embargo, existen actualmente multitud de muestras sin control de ningún tipo que nadie sabe ni de quién son, ni qué hacen allí, lo que sucede es que no ha salido a la luz ningún caso grave, porque si no?.".
Estas mismas fuentes explican que "hay dos neveras completas llenas de muestras que llevan varios años allí, por lo que se le ha pedido al director, Miguel Ángel Tous, que se revise todo para ver cuáles se pueden destruir, cuáles identificar e incluso cuáles ya no están en condiciones porque muchas tienen caducidad y se encuentran en un estado deplorable. Es más, hace poco tiempo, una de las neveras empezó a funcionar mal y comenzó a soltar líquido, así que se procedió a vaciarla. Pues una vez retiradas las muestras que albergaba, se descubrió que el fondo estaba lleno de sangre".
La ley establece que todas las muestras se deben destruir una vez que se realice la autopsia, salvo que haya una orden judicial que indique lo contrario o que el forense, debido a la complejidad del caso, estime oportuno guardarlas durante un tiempo. En cualquier caso, si se guardan deben estar conservadas de la mejor manera posible y durante el menor tiempo posible.
"En el IML hay muestras almacenadas en bolsas de basuras y con un cartel que pone por fuera de cuando son. Eso ya no tiene ningún sentido que se guarde porque muchas de ellas caducan y, de trabajar con ellas, no sería fiable el resultado", señalan los expertos, que explican que "debería haber un registro que facilitara la identidad, remisión, destino, fecha y demás, pero sólo tienen un número que no se corresponde con nada".
Por si fuera poco, estas muestras deberían estar separadas unas de otras y conservarse en congeladores y no en neveras, ya que éstas sólo refrigeran, por lo que pueden terminar hasta pudriéndose.
"Es habitual que se pierda información, o que se reciban quejas por parte de los juzgados, lo que sucede es que si nadie protesta y no sale a la luz el caso, pues la cosa sigue curso", explican desde el IML, aunque al mismo tiempo apuntan a que muchos de los tubos para análisis deben ser muestras de retén que se dejan, cuando tras una autopsia, se piensa que pueden ser necesarias más adelante.
Pero si la desorganización tiene patas arriba las neveras del IML, la misma situación afecta al laboratorio de criminalística.
Se trata de una sala situada en medio de las instalaciones del instituto y en la que se han ido depositando los huesos que van apareciendo y que se remiten al IML para su análisis e identificación.
Si aparece un cadáver entero el tratamiento que recibe es el mismo que el de una persona que acaba de fallecer, aunque esté completamente corrompido, pero si lo que aparece es sólo un conjunto de huesos o uno sólo no se registra ni etiqueta de ninguna manera.
A los forenses se les asigna el análisis del caso y son ellos los que se han organizado para que haya cierto orden, hasta el punto de colocar sobre los restos carteles donde se especifica: no tocar.
Al parecer, esta medida se hizo necesaria debido a la falta de algún tipo de custodia, y al tratarse de restos óseos que están simplemente colocados encima de unas mesas, pueden producirse mezclas o manipulaciones no deseadas.
Por otra parte, cabe destacar que, debido a la ubicación de esta sala y al contenido que alberga, es frecuente que desprenda mal olor cuando se abre y que éste se extienda por el resto del edificio.
"No se respetan las normas mínimas de sanidad porque, por ejemplo, los microscopios de precisión o la lupa binocular están rodeados de huesos, aunque también es verdad que ninguno de esos aparatos se ha utilizado nunca porque este laboratorio está cerrado y fuera de uso desde que tomó posesión del cargo el actual director del IML".
Todo el proceso está desorganizado desde el comienzo, empezando porque no hay un registro de entrada. "A todo lo que entra se le pone el sello de entrada, pero eso no se apunta en ningún libro o sistema informático de registro, así que entrar entra, pero no queda constancia ni de lo que es ni a dónde va ni nada", aclaran las fuentes consultadas, que recuerdan que son los propios forenses los que se han creado archivos en word para tener controlados los casos que llevan y que, al cambiar los ordenadores del IML sin avisarles, se perdió un disco duro que contenía autopsias con sus correspondientes fotografías".
© Editorial Leoncio Rodríguez, S.A. |Aviso legal | Mapa del sitio | Publicación digital controlada por OJD