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DESDE DENTRO RICARDO PEYTAVÍ

La eterna carencia española

12/feb/09 07:37
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SUBRAYA Ricardo Melchior que ninguno de los presidentes que ha tenido este país desde que accedió a la democracia habla inglés. Ni Adolfo Suárez, ni Calvo Sotelo, ni Felipe González, ni Aznar ni Rodríguez Zapatero han sido capaces de dominar lo suficiente el idioma de Shakespeare para desenvolverse en una conversación privada con otros jefes de gobierno. Siempre han dependido de los intérpretes. A veces, empero, lo que un mandatario le quiere trasmitir a otro es suficientemente delicado para que evite la presencia de intermediarios. Eso por no mencionar ciertas confidencias que sólo son posibles cuando ha nacido una amistad, aunque sea incipiente, entre dos personas. ¿Puede alguien hacerse amigo de un extraño con un tercero ejerciendo de traductor? Difícilmente. Esta carencia cercena las opciones de todo un país en el escenario internacional. El exiguo papel de España en Europa, y también en el resto del mundo, es el mejor ejemplo de una penuria que arrastramos desde siempre sin que nadie sea capaz de ponerle fin.

La falta de habilidad en el dominio de una lengua extranjera, preferentemente el inglés, ha quedado patente en múltiples estudios sobre las cualidades y defectos de los universitarios españoles. Por ahí, nada nuevo bajo el sol. Lo sorprendente es que tal insuficiencia no se considere un inconveniente serio por parte de los empresarios a la hora de contratar titulados superiores. Eso es al menos lo que se desprende de un estudio sobre las competencias para el empleo de los titulados por la Universidad de La Laguna. Los alumnos que salen de esta institución superior están muy bien preparados en casi todo, menos en idiomas. No obstante, las empresas que contratan a sus titulados superiores apenas dan importancia, como digo, a esta faceta. Los empleadores se quejan, por ejemplo, de la falta de liderazgo de los jóvenes, pero no de que desconozcan una lengua extranjera. De hecho, los alumnos consideran más grave esta penuria idiomática que los empresarios.

Cabe preguntar si con este panorama se puede acceder a la competitividad que tanto se menciona en estos tiempos de crisis. La realidad impone que las empresas canarias busquen en el mercado internacional opciones de negocio que antes existían en las Islas, indudablemente, pero que ahora escasean. Si miramos hacia África hay que pensar en francés. Para el resto del planeta es imprescindible el inglés, aunque también el chino y hasta el ruso y el árabe. Mirarse el ombligo de la mañana a la noche está muy bien, pero sólo para ir de romería el domingo que toque. Si no accedemos a esas opciones internacionales, incluso dentro de la propia UE, serán otros quienes ocupen nuestro lugar. De hecho, las universidades europeas se están llenando de estudiantes procedentes de Asia, que no tienen ningún impedimento chauvinista para aprender los modos y usos occidentales si con ello pueden optar a un buen puesto de trabajo en el aspecto individual, o a un buen negocio en el plano empresarial. En definitiva, la época de andar por casa pasó a la historia.

¿Tan difícil es aprender inglés, francés y alemán? Indudablemente sí, porque para dominar un idioma no basta con coger apuntes en clase y soltarlos en un examen. Método, no nos engañemos, con el que muchos jóvenes consiguen licenciarse inclusive con brillantes notas.

rpeyt@yahoo.es

 

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