COMO la etapa de Educación Infantil no es obligatoria, ni gratuita, en el primer ciclo (niños de 0 a 3 años), algunos padres se resisten a llevar a sus hijos a la escuela infantil. Según los expertos en educación, siempre y cuando el centro escolar esté regido y llevado por personal profesional, con titulación oficial, los aspectos positivos prevalecen sobre los negativos. La experiencia de la escuela infantil es particularmente valiosa, sobre todo, para el hijo único, para el que no tiene oportunidad de relacionarse y jugar con otros niños, porque ellos necesitan estar con otros niños de su misma edad para entretenerse y aprender a entenderse con ellos; a desarrollar conductas de cooperación, autonomía, competencia, respeto de las normas y horarios establecidos y para aprender a aprender. Y así, para que los niños tengan un desarrollo correcto, es preciso que desde edades muy tempranas se potencien todas sus capacidades, tanto físicas como intelectuales, sociales, motrices, afectivas, etc. Es cierto que la familia juega un papel muy importante en esa tarea, pero la escuela infantil es la primera etapa educativa. La idea de "guardería" como un "aparcaniños" ha quedado desterrada. Por ello, hay que elegir centros que tengan una intencionalidad educativa de base desde los primeros años de vida del niño, huyendo de planteamientos meramente asistenciales o lúdicos.
La elección entre una escuela infantil u otra -me estoy refiriendo siempre a las privadas- no debe basarse, únicamente, en la proximidad al domicilio familiar, sino en otros aspectos mucho más decisivos.
Hay que tener en cuenta, por ejemplo, que cuanto más pequeños son los niños mayor es la atención que necesitan. Según la normativa legal que rige en Canarias (Decreto 201/2008. BOC nº 203), en las escuelas infantiles sólo pueden estar 8 niños por grupo cuando se trata de menores de 1 año; 13, si tienen entre 1 y 2 años, y 18, si ya tienen de 2 a 3 años. Aunque esto no es rígido porque el centro puede agrupar a niños y niñas de diferentes tramos de edad en función de sus propias características madurativas, siempre que no suponga discriminación alguna y respetando las ratios establecidas anteriormente, lo que no puede significar, claro está, un "totum revolutum", es decir, una mezcla heterogénea de niños con diferentes edades, ya que la propuesta pedagógica debe hacerse por grupos de edades homogéneas. El espacio ha de ser amplio y exclusivamente educativo con acceso independiente desde el exterior. Por cada niño debe haber dos metros cuadrados mínimos en las aulas. Para los menores de 2 años, las áreas de descanso e higiene deben estar diferenciadas. Hay que contar también con una sala de usos múltiples, por ejemplo, el comedor.
Los padres deben cerciorarse de que la escuela infantil elegida tiene las licencias oportunas para poder funcionar legalmente y que está bajo los controles municipales y/o de la Consejería de Educación, porque si no es así podemos encontrarnos con sorpresas desagradables: personal no cualificado y escaso, aulas masificadas, comidas sin controles sanitarios, menús que no responden a las necesidades nutritivas de los niños, etc. Hay que ser conscientes de que, aunque parezca mentira, hay gente sin escrúpulos que puede cometer este tipo de irregularidades por afán de lucro. Los papeles del centro han de estar al día y, algunos de ellos, a la vista. Además de esta cuestión tan importante para conocer dónde dejar a su hijo, los padres deben comprobar en manos de quien o quienes dejan a su niño. Es decir, que el personal del centro tenga la titulación requerida. Hay que preguntar por el programa educativo: objetivos pedagógicos, programa de actividades, etc., y también si les informarán por escrito sobre la evolución de su niño o niña, las actividades que ha realizado, su comportamiento, sus progresos, las incidencias con otros niños o con los educadores, si come bien o no, etc.
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