Febrero nos muestra su rostro más gélido y agreste sin renunciar a sus guiños primaverales y en su desafuero casi eterno, cíclico, despuntan los primeros tonos sonrosados de la primavera que se descuelga en los almendros floridos. Las copiosas lluvias nos advierten del tránsito apresurado del invierno y nos topamos con el año nuevo de los árboles, de los primeros frutos de la temporada en ciernes. Febrerillo loco en el que los gatos se enamoran a escondidas del frío y del hielo.
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