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RICARDO MELCHIOR NAVARRO *

Medio siglo de la Basílica

8/feb/09 07:35
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LA VIRGEN DE CANDELARIA ha venido alentando a las gentes de las Islas durante más de medio milenio. Desde que apareciera en las playas de Chimisay ante unos asombrados y sobrecogidos guanches hasta el presente, su Imagen ha sido una sólida referencia hacia la que elevar la plegaria en la búsqueda de esperanza y de vivificar el espíritu de esta comunidad en tiempos difíciles. También ha supuesto el destino del agradecimiento sincero por el favor obtenido y porque siempre ofrece una respuesta y se muestra decidida a interceder para que los hijos de esta tierra nuestra vean cumplidas sus demandas.

La veneración que los tinerfeños sentimos por la Morenita excede el ámbito de las creencias y va mucho más allá; su presencia se convierte en un refugio para todos y en una fuente de ánimo que nos permite continuar adelante con el afán renovado. Es, en definitiva, un soporte muy importante en nuestras vidas y, como tal, merece todo el respeto y el reconocimiento que seamos capaces de proporcionarle. Ésta es una verdad que nuestra gente ha tenido siempre presente y que en todo momento se ha preocupado de manifestar.

Eso fue precisamente lo que llevó en su momento a edificar la Basílica de Candelaria, a facilitar a la imagen de la Virgen un hogar digno que, además, pudiera acoger a los innumerables fieles que acuden a tributarle homenaje. Medio siglo ha transcurrido desde que el templo fuera oficialmente consagrado. Diseñado en origen por el reconocido arquitecto granadillero Enrique Marrero Regalado -por desgracia desaparecido antes de la efeméride- constituye desde entonces un lugar de culto hacia el que los isleños dirigen sus sentimientos.

Precisamente el pasado lunes, día de la Virgen, tuvimos la oportunidad una vez más de compartir con numerosos ciudadanos una jornada de felicidad y de ofrenda a la Patrona de todos los canarios. Cumplimos con ello una tradición secular que ha pervivido en el sentir de todos y que a todos nos enorgullece. Allí volvimos a rendir fidelidad a la Imagen y a asistir a la celebración religiosa en la Basílica, construida junto a la cueva de Achbinico, que representa uno de los tres principales pilares marianos de la comarca del Valle de Güímar.

Junto a ella figuran las propias playas de Chimisay y, asimismo, las cuevas de Chinguaro, donde los ya devotos aborígenes condujeron tras encontrarla a la Chaxiraxi, como quisieron denominarla. Ese primer santuario ha sido afortunadamente rehabilitado y consagrado y hoy en día supone un lugar de peregrinación, cuyo importante papel histórico se le reconoce debidamente. No imaginaban entonces Acaymo y los suyos la trascendencia y el valor de su gesto.

Quienes los hemos sucedido continuamos ofreciendo a la Virgen de Candelaria el mismo respeto y el amor que aquellos guanches aprendieron a profesarle. Resulta admirable comprobar cómo se conserva viva la llama que prendió en su momento y que ha contribuido a lo largo del tiempo a reforzar los lazos que nuestro pueblo mantiene con la fe. Esa unión se manifiesta cada vez que un isleño dirige su vista al cielo para buscar el apoyo de la Madre de Dios o cuando toma parte en el culto y los ritos, que es precisamente lo que hicieron Los Sabandeños este mismo día de la Virgen en la parroquia de San Nicolás de Bari, en Sevilla, al interpretar la "Misa Canaria".

No importa cómo, la Candelaria forma parte de nuestro ser como pueblo y, por tanto, siempre se hallará con nosotros.

* Presidente del Cabildo de Tenerife

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