ATRAVÉS DE UNA INFORMACIÓN de Nod 32, que casi transcribimos en integridad, se dice que la sexta parte del mundo habitado carece de agua.
Ismael Saralgedín, vicepresidente del Banco Mundial, afirma que dentro de quince años las empresas privadas monopolizarán el quince por ciento de este recurso, imprescindible para nuestra vida.
Se trata de otro exceso más del actual modelo económico imperante en los países desarrollados, creador de miseria y desigualdades, que no duda un instante a la hora de explotar los recursos naturales de los países a los que llama "tercermundistas", ignorando por completo las desastrosas consecuencias que su modelo de explotación y saqueo genera para la Humanidad.
Ante esta dramática situación cabe preguntarse cuál debe ser el enfoque de cualquier proyecto que aborde el tema del agua, tomando en cuenta, como dije anteriormente, que más de mil millones de personas en el mundo no tienen acceso a ella.
El Pacto Internacional de Derechos Económicos, Sociales y Culturales -ratificado por 145 países, incluida la Argentina- señala que el derecho al agua es un derecho humano fundamental.
Según el Comité de Derechos Económicos, Sociales y Culturales de la ONU, el agua es un derecho humano "indisolublemente asociado al derecho al más alto nivel posible de salud y al derecho a una vivienda y una alimentación adecuadas".
Por las razones expuestas, concluimos en que el Estado tiene la obligación legal y moral de garantizarnos una mínima cantidad de agua, esencial para poder sobrevivir.
De aquí la trascendencia e importancia de que el Primer Premio Pastor Delgado Hernández afronte el tema del agua como uno de los retos de los derechos humanos en el siglo XXI.
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