LAS OPINIONES sobre la actitud de los periodistas con la línea editorial de los medios en los que trabajan han sido múltiples. Camilo José Cela dijo que si el redactor de un periódico no se siente identificado con la postura de su empresa, debe marcharse y emplearse en otra más acorde con sus ideas. Teóricamente, perfecto. En la práctica, imposible. Conocí otra época muy distinta a la actual, en los que había no menos de cien licenciados en Ciencias de la Información para cada puesto de trabajo que, muy de tarde en tarde, ofertaba alguna agencia de noticias o negocio colateral, pues entrar en uno de los grandes periódicos, y ya no digamos en TVE -entonces sólo existía la televisión pública- resultaba algo tan directamente imposible, que nadie pensaba en ello. Cierto que las cosas han cambiado mucho en los últimos diez años. El dinero ha corrido a raudales por las administraciones públicas, y ya no hay Ayuntamiento que se precie sin su jefe de prensa. Y eso los pobres; a poco que un consistorio maneje algunos euros, contrata a todo un gabinete de periodistas que también engloban la asesoría de imagen.
En cualquier caso, ni con escasez de empleo periodístico, ni con la prodigalidad de la última década y media, ni con las nuevas vacas flacas que ya tenemos encima, le es fácil a cualquier redactor de un medio dejar su puesto de trabajo en pos de otro que se ajuste más a su norma. Es decir, la máxima de Cela suena bien, pero en la práctica, como digo, es irrealizable. En la mayoría de las ocasiones se impone una cohabitación entre la forma en que un periodista ve las cosas y el punto de vista de su empresa.
He perdido la cuenta de los textos, ensayos, manuales y otro material que he leído sobre la imparcialidad del periodista frente a la noticia que trasmite a sus lectores, oyentes o telespectadores. ¿Es exigible una imparcialidad absoluta? ¿Es, al menos, posible dicha objetividad total? Estas preguntas cabe plantearlas también respecto a la actitud de un magistrado frente a un reo, al que debe juzgar con imparcialidad sea cual sea el delito cometido. En cierta ocasión le oí decir a un juez en un proceso laboral, frente a la insistencia de uno de los abogados en que aplicase estrictamente la ley, que si una vista consistiese sólo en eso, sobraba él. Bastaría con disponer de un ordenador, al que se le facilitarían unos hechos para que acto seguido emitiese una sentencia acorde con los textos legales almacenados en su memoria. Pienso que la mayoría de nosotros prefiere que nos juzgue una persona, pese a sus posibles errores, a que lo haga una máquina. De hecho, nos desilusiona bastante cuando vamos a un banco y el director de la oficina, al que conocemos de toda la vida y nos conoce desde siempre, dice que él nos daría el crédito, pero que el ordenador se niega porque no encajamos en el perfil.
Es obvio que los voluminosos análisis sobre la imparcialidad del comportamiento humano no se pueden ni esbozar en un artículo como este. Tan sólo he realizado unos someros caracoleos sobre el tema para decir que la objetividad absoluta es una quimera, por añadidura ni siquiera soportable. Vuelvo al ejemplo del préstamo que nos concede o niega una máquina. Cada periodista, cada periódico, cada emisora de radio o televisión, tiene sus querencias, y es una decisión del público comprar esa publicación o cambiar de canal, que ahora hay muchos.
En cuanto a los medios públicos, mal que les pese a sus periodistas -cuya profesionalidad está por encima de toda duda; asunto distinto es lo que les permiten hacer, y hasta dónde-, siempre han sido controlados en mayor o menor medida por quien gobierna. Todos, sin excepción y con independencia del color político de quienes ostenten el Poder. Resulta grotesco, por lo tanto, que un tardo-troskista y trastornado, políticamente hablando -como persona es absolutamente normal y respetable-, exhiba fotocopias en un programa de televisión sobre lo que ha publicado, o dejado de publicar, un periódico editado por una empresa privada.
© Editorial Leoncio Rodríguez, S.A. |Aviso legal | Mapa del sitio | Publicación digital controlada por OJD