LAMPEDUSA, al igual que Malta, es una pequeña isla situada a mitad de camino entre África y el continente europeo y, como tal, expuesta, como Canarias, a ser utilizada como trampolín por parte de los inmigrantes que tratan de llegar a Europa para disfrutar de una vida mejor. Como Canarias, y a diferencia de Malta, Lampedusa no constituye un Estado independiente, sino que forma parte de un país europeo, Italia, que dispone de recursos importantes para enfrentarse a los problemas que plantea la inmigración, tanto desde el punto de vista humanitario como de la seguridad del territorio.
La concentración de esfuerzos por parte del gobierno español y de la Unión Europea para contener la inmigración irregular por la vía marítima atlántica de Canarias ha llevado al desplazamiento de este tráfico hacia el Mediterráneo, siendo las principales regiones afectadas el sur de España, Grecia, Malta y el sur de Italia, con inclusión de la isla de Lampedusa.
Mientras que el Gobierno español ha optado, con respecto a Canarias, por la rápida devolución o traslado a la Península Ibérica de los inmigrantes irregulares a las Islas, parece que el gobierno italiano ha optado por una solución distinta, pensando en utilizar Lampedusa como dique o rompeolas para que los inmigrantes no lleguen a la península Itálica, estableciendo en la isla de Lampedusa centros de retención de inmigrantes para estancias indefinidas.
Esto ha llevado a la organización de manifestaciones de protesta en la que participan no sólo la población de la isla de Lampedusa, sino también los propios inmigrantes que escapan de los centros de retención para unirse a ellas. Se trata de una situación esperpéntica producida por la sensación de rigor que pretende dar el gobierno de derecha que preside Silvio Berlusconi. No creo que en España ni siquiera un gobierno de la derecha estuviera dispuesto a convertir una o varias de las Islas Canarias en centros de retención permanente de inmigrantes irregulares.
Es evidente que hay una falta de coordinación de los países miembros de la Unión Europea en el control de la inmigración irregular. En el momento actual, el modelo español en el control de esta actividad, que da las máximas garantías de trato humanitario a los inmigrantes irregulares, combinadas con una política de repatriaciones, parece bastante eficaz. No cabría descartar que, sobre la base de este modelo español, la Unión Europea formulase una nueva política de control de la inmigración irregular común al conjunto de la Unión, con los mínimos parámetros y garantías jurídicas que ha desarrollado España. Lampedusa sería beneficiaria neta de tal tipo de política común, al igual que el resto de las regiones fronterizas de la Unión que se ven hoy afectadas por el doloroso proceso de la inmigración irregular. Lo que no tiene sentido es transformar a las islas intermedias en grandes campos de concentración de inmigrantes irregulares.
* Diputado al Parlamento Europeo PSOE
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