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CARTA A PEPE IGNACIO ANTONIO ÁLVAREZ

Van a por nuestros ahorros

8/feb/09 07:35
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Después de haber dilapidado la aportación de los ciudadanos a las administraciones públicas, ahora quieren, Pepe Ignacio, echar mano de los ahorros privados de los contribuyentes, amenazando a los bancos con que los nacionalizan si no dan créditos a Pymes y familias. Tal es la aviesa intención del partido que gestiona el timón de este barco, un día llamado "Expaña", que hace agua por todos sus costados y está a punto de sepultarnos en la sima más profunda del tenebroso mar de la crisis económica más grave que está sufriendo el mundo en general y nuestra castigada nación en particular.

No les basta con dilapidar el dinero de la Seguridad Social, de las pensiones, e hipotecar el futuro de nuestros tataranietos con el ritmo de aumento de la deuda generadora de paro que incrementa cada día. Quieren más. Por eso el Gobierno ha desatado, Pepe Ignacio, una ofensiva contra los banqueros para buscar chivos expiatorios que le laven de culpas ante el electorado que lo vota, que en su conjunto, a salvo de los que tienen asegurado el sueldo como funcionarios, contratados, subvencionados o subsidiados con los presupuestos públicos, son los que más están sufriendo el azote del desempleo. Ellos son, sin embargo, quienes todavía sostienen a una clase política depredadora que malgasta en lujos, sin control alguno, el dinero público, mientras se las dan de progres de izquierdas y tratan de manipular a todos los ciudadanos con los viejos argumentos de la lucha de clases, para engañarlos de nuevo en próximos comicios.

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Los rifirrafes de la última semana con las declaraciones del propio Zapatero, de su ministro de Industria, Miguel Sebastián, y las rectificaciones de su vicepresidente económico, Pedro Solbes, y del Secretario del Partido de las tres mentiras -obrero, socialista y español-, José Blanco, no son mas que cortinas de humo, como la del esperpento del falso espionaje en la Comunidad de Madrid, para ocultar la tragedia de las cifras del paro registrado en enero. Dedicar tiempo o espacio a esas cortinas de humo que nos extiende el Gobierno es caer en la trampa con la que pretenden ocultarnos la trágica realidad de más de 6.000 parados diarios, de ellos 419 en nuestra comunidad canaria.

Los bancos, en todo caso, parecen haber aprendido la lección, y además de dedicar la liquidez que les ha asegurado el Gobierno a pagar sus deudas de la burbuja inmobiliaria, parece que ahora miran con gran lupa la solvencia de a quien dan los créditos. Por lo menos, los dos bancos más grandes aseguran que están dispuestos a garantizar el crédito. En todo caso, ZP, después de que había intentado hacer pasar por el Congreso a todos los banqueros, al final ha tenido que replegarse con las rectificaciones de Solbes a Sebastián. Pero conviene estar vigilantes sobre nuestros ahorros, aparte de exigir al Gobierno que utilice los controles del Banco de España y de la Comisión Nacional del Mercado de Valores, no para montar operaciones de márketing electoral para engatusar a sus votantes con las viejas monsergas retroprogres del trasnochado marxismo, sino para que no se vuelva a repetir el momento de pánico que se vivió en octubre, cuando hubo de acudir al rescate de la liquidez del sistema financiero, aunque a costa de engañar al Parlamento asegurando que se iban a emplear los fondos entregados para garantizar también la liquidez y crédito a empresas, pymes y familias.

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Es hora de que los electores pidan explicaciones al respecto al Gobierno, para que garantice que los bancos no vuelvan a realizar una gestión de riesgo como la que los condujo a la línea de quiebra con créditos incobrables, como ahora se está comprobando, y con retribuciones de escándalo a sus ejecutivos, a quienes han hecho ricos con "bonus" e indemnizaciones supermillonarias, hayan o no realizado una gestión productiva para los impositores y accionistas, que son para quienes, en definitiva, trabajan las entidades financieras.

Con los planes de rescate de sus activos tóxicos, los bancos han tapado sus agujeros y han "apalancado" sus cuentas y balances, pudiendo ofrecer así los más solventes, unos beneficios de 2008 que les permiten seguir en el negocio de rentabilizar el dinero de sus clientes. Que es para lo que están en primer lugar, aparte de para contribuir al funcionamiento económico-financiero del país. No para salvar de las crisis a los gobiernos de turno, especialmente cuando estos no han hecho sus deberes.

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El problema es que mientras el Gobierno negaba la existencia de la crisis, el paro se incrementaba en más de dos millones de personas por la destrucción de empresas, el cierre de pymes y autónomos, las regulaciones de empleo de la mayoría de los sectores industriales y de servicios, porque el miedo y la falta de confianza en los gestores públicos y las entidades financieras, sobre todo, a partir de que Zapatero oficializara la crisis, hizo caer el consumo y la actividad industrial y del comercio. Lo que provocó el desplome del PIB, incrementó nuestra deuda, sin que los Presupuestos para este 2009 recortaran el gasto público y la sangría que implica el país de "taifas" en que nos hemos convertido. Por el contrario, cada día aumentan más los despilfarros de los gestores públicos, especialmente en las autonomías gobernadas por el PSOE, así como los subsidios improductivos, como esos 8.000 millones destinados a unos ayuntamientos que deben más de 30.000, para gastar en unas condiciones que no van a crear los empleos previstos y que, proporcionalmente, dilapidan más en su publicidad que la ayuda que van a suponer para crear empleo estable. No es sino otro intento de maquillar las cifras de paro en los meses del próximo verano, por si en otoño ZP se ve obligado a salir del atolladero con unas elecciones generales anticipadas, y eludir el Gobierno de concentración, a la alemana, que ya le están pidiendo en algunos ámbitos de su partido, las patronales y algunos gobiernos regionales, como el nuestro de Canarias.

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Para sortear esos riesgos de compartir el poder, los "zapateristas" ahondan en la falsa crisis del espionaje en la Comunidad de Madrid, porque un supuesto gobierno de "gran coalición" sería posible con Gallardón, lo que pasa por eliminar al sector de centro-derecha que más capacidad tiene para sacarnos de la crisis, el que encabeza Esperanza Aguirre. Para cortarle a ésta el paso, las distintas facciones socialistas urden tácticas de división y fraccionamiento del centro-derecha como las que Paco Ordóñez y los democristianos emplearon para volar la UCD.

Por un lado, ZP utiliza las huestes de sindicalistas liberados y titiriteros subvencionados para agitar las viejas cantinelas de la retroprogesía: aborto y eutanasia libres, deseducación de la ciudadanía, control de la Justicia, matrimonio homosexual, neutralización de las fuerzas de seguridad y los ejércitos, ecologismo a ultranza, ataques a la Iglesia católica, cordón sanitario y arrinconamiento mediático de cualquier alternativa. Y ahora, el intento de controlar a los bancos e instituciones financieras que les han estado sosteniendo en los casi 20 años que el socialismo ha desgobernado España, de los treinta que llevamos de democracia.

En definitiva, Pepe Ignacio, que se están dilapidando nuestros ahorros, conseguidos con los esfuerzos y sacrificios de las generaciones del desarrollo, la transición y la reconversión industrial. Ahorros que fueron el colchón social que garantizó el más largo período de paz y estabilidad interior que ha conocido España. No les importan, Pepe Ignacio, los imprevisibles estallidos sociales a que puede dar lugar esta pelea por el reparto del poder que están librando entre bastidores. Juegan con fuego, Pepe Ignacio, y lo peor no es que salgan chamuscados, sino que acaben quemándonos a todos.

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