MAIKEL CHACÓN, El Paso
A primera hora de la mañana el silencio y la sensación de bienestar reinante en los pasillos del edificio de Nuestra Señora de Las Nieves, en la principal avenida de El Paso, se empeña en contradecir el malestar vecinal por los ruidos y vibraciones que soportan de jueves a domingo, en horario nocturno. El vacío sonoro sólo es interrumpido por unos pasos en busca de inquilinos y un timbre que avisa de la presencia de un curioso.
Tras la puerta de cada vivienda espera una cara amable. Saben a lo que venimos. Hace unos días la comunidad vecinal conformada por 14 familias remitió a EL DÍA una carta, enviada previamente a la Alcaldía pasense, en la que exigen el cierre inmediato de un local de ocio nocturno abierto hace más de un año en la planta baja del inmueble, llamado Gurugú.
Según los denunciantes, "el disco pub tiene una licencia concedida con irregularidades administrativas que no cumple ninguno de los requisitos técnicos necesarios para mantener la actividad. Además, se salta constantemente los horarios, trabajando entre semana hasta las 3:00 horas y los fines de semana a las 5:00 de la madrugada. A esas horas, el sonido y las vibraciones producidas llegan a la última planta del inmueble".
Al escuchar sus lamentaciones, entendemos que la vida de estos vecinos, gente de bien que ha trabajado duro para comprar el piso de sus sueños, se ha visto profundamente alterada. Cada fin de semana sienten la indefensión que les ha brindado la inactividad de las administraciones. Mientras, sufren una contaminación acústica que repercute de manera negativa en su quehacer diario; por eso no paran de recordar la falta de sueño y la imposibilidad de conciliarlo, que ha llegado a propiciar algunos problemas de salud.
Los más perjudicados .- Justo sobre el Gurugú se sitúan tres viviendas. Dos están vacías. Son las únicas que no tienen inquilinos (la pareja que habitaba uno de estos pisos se rindió hace tiempo). En la tercera casa viven Roberto y Carmen con sus dos hijos ya en edad laboral. Esta familia lucha desde hace años, sin muchos resultados, para que se corrijan las deficiencias que les obligan a pasar noches y noches de insomnio.
Ambos trabajan. Sus ojeras hablan por sí solas: "Las cosas no se han hecho bien. Para nosotros los fines de semana son insoportables. La música y las vibraciones llegan a todos los rincones de la casa". En sus manos, esperan ser revisados algunos partes médicos y recetas de pastillas para conciliar el sueño, pero aseguran que ni con la ayuda de los químicos son capaces de dormir: "Cuando en esas noches llega la somnolencia lo mejor es irte a dar una vuelta por la calle y esperar que a las cinco de la mañana acabe el follón".
Los ruidos de la calle.- Algo más lejos del local, al otro lado del pasillo, viven Mónica y Jesús Manuel, padres de un niño de corta edad. Las vibraciones que provoca el disco pub llegan hasta su casa: "Aquí notamos claramente el sonido, me imagino lo que está pasando la gente que vive justo encima". La madre de la familia asegura que no tiene muchos problemas para dormir pero que su marido y su hijo lo pasan mal: "Se despiertan a menudo por la noche".
Pero no sólo habla de la actividad interior del local, también de lo que ocurre fuera: "En la calle se acumulan coches con la música alta y la gente haciendo ruido", lo que añade una dosis más de indignación a las familias que soportan los malos modos de los que se divierten a costa de su sueño.
Hasta el último vibra.- Miramos a la segunda y a la tercera planta, en busca de otras opiniones. Quizás sólo sea un problema leve de insonorización que afecta a las viviendas próximas. No es así. Al contrario, surgen más quejas.
Elised y Claudio (presidente de la comunidad de vecinos) habitan en la planta superior. El mensaje no cambia: "Estamos cansados de los ruidos que genera ese local y no podemos más. Lo curioso es que protestamos y cada vez es peor, es como si subieran la música. Mientras, nuestras denuncias no reciben respuestas de las administraciones competentes".
Sólo queda por saber si también a la tercera planta, muy alejada del local del entresuelo, llegan las vibraciones. Milagros nos abre la puerta. Algo reacia a opinar, se anima al saber que otros vecinos ya han hablado. Entonces confiesa que hasta la última altura del inmueble escala el volumen del Gurugú: "Yo puedo notar las vibraciones y no entiendo por qué tienen el sonido tan alto. No es que me moleste la fiesta, todo lo contrario, yo duermo incluso con el ruido, pero comprendo que para muchos esto sea una calvario".
Un local "insonorizado".- Tras comprobar la protesta unánime, completamos el recorrido con una última parada. Volvemos a la segunda planta, allí vive el constructor del edificio y antiguo propietario del local nocturno. Pese a que nos advierten de que no hablaría, nos muestra toda su disposición a informar.
Mientras calienta la leche para un café matinal, Manuel Ángel nos explica su versión en la cocina de su casa: "Puedo asegurar que la discoteca está insonorizada, porque yo encargué un proyecto que se ejecutó, mejor que en ninguna discoteca de la Isla. ¿Qué pasa?, que se puso una cantidad concreta de decibelios permitidos y se había respetado hasta que alquilé el local a los nuevos propietarios. Y eso que dije que tuvieran cuidado".
Manuel Ángel reconoce que los vecinos tienen razón: "Es verdad que se oye mucho, yo incluso he llegado a llamar". Entonces -preguntamos- ¿es evidente que el proyecto de insonorización no funciona? "De eso nada -respondió-, se hizo para unos decibelios y los actuales propietarios no han sabido controlar ese asunto".
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