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DESDE DENTRO RICARDO PEYTAVÍ

¿Y de lo mío, qué?

28/ene/09 07:24
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No vi a Rodríguez Zapatero excesivamente acorralado mientras respondía a las preguntas de ciudadanos de todos los lugares, estratos sociales, ocupaciones laborales e inclinaciones ideológicas. Cierto que una vez más demostró ser un perfecto Houdini de la política, pero muchas de sus respuestas fueron, si no convincentes, sí al menos tranquilizadoras para aquellos a los que todavía les queda un gramo de fe; que no son muchos.

Más penosas me parecieron bastantes actuaciones de los participantes. Salvo en contados casos, las preguntas al presidente se redujeron al consabido "¿y de lo mío, qué?". Ahí tenemos, sin ir más lejos, la muchacha estudiante -¿debo escribir estudianta?- preocupada por el proceso de Bolonia iniciado por la UE para normalizar las titulaciones universitarias. Asunto que trae sin dormir a los alumnos patrios de enseñanzas superiores, esencialmente porque el universitario español le tiene terror a lo que no sea coger apuntes en clase -o fotocopiarlos de un compañero con buena letra- y soltarlos en un examen que no se salga mucho de lo previsible. Patética tragedia que se plasma luego en la vida profesional. El otro día publicaba un periódico que el desempleo también se ceba en los más preparados. Verbigracia, un joven con tres carreras y dos idiomas extranjeros, que se había caído de la nómina de una empresa informática y andaba dando tumbos de su casa a la oficina de empleo y viceversa. Con todo el respeto para las dolorosas situaciones personales, me gustaría conocer qué sabe hacer -qué ha aprendido a hacer- ese brillante alumno que le sea útil a un empresario para ganar dinero y pagarle un buen sueldo.

Porque de eso se trata. No en vano, otra chica quiso que el presidente le aclarase cuándo iba a conseguir un empleo de calidad. Desde luego este programa, como señalaba ayer un diario de tirada nacional, no debió llamarse "Tengo una pregunta para usted" sino "¿Tiene usted un trabajo para mí?". De haber estado en la piel de Zapatero, le hubiera preguntado a esa joven qué entiende ella por una ocupación de calidad. Pregunta baladí, por supuesto, habida cuenta de que la respuesta es de Perogrullo: un empleo de funcionario, con horario de ocho a tres, de lunes a viernes y disfrute de todos los puentes -mejor si son acueductos- que permita construir nuestro generoso calendario laboral. Esa es la aspiración suprema de la inmensa mayoría de la juventud española. Un lamentable disparate, porque así no se puede seguir. Hemos escapado durante la abundancia, pero ahora parece más difícil perpetuar la filosofía de cobrar mucho por hacer poco; y cuanto menos, mejor.

Podemos criticar a Zapatero por asegurar que nadie poseía elementos de juicio suficientes para prevenir lo que se nos venía encima. Falso. Lo sabía él y lo sabían los setenta y tantos asesores que asegura tener en La Moncloa. Y si no lo sabían, malo. Es peor ser tonto que ocultar la verdad. Sin embargo, como todo eso es agua pasada a estas alturas, prefiero quedarme con la respuesta dada por el hombre del talante a una de las preguntas: no es el momento de grandes beneficios ni de grandes salarios. Ojalá se apliquen esta máxima los banqueros; incluidos los amigos de don José Luis.

rpeyt@yahoo.es

 

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