Nos gustaría que al menos un día no tengamos que desayunarnos con un asunto vergonzoso para Canarias. "Las Islas confían en que otras regiones acojan a unos 500 menores", publicábamos el pasado sábado en nuestra primera página. ¿Por qué hemos llegado a esta situación? ¿Cómo es posible que haya quinientos menores inmigrantes sin papeles y sin la debida tutela de sus padres en el Archipiélago? Aunque fueran cincuenta, ya serían demasiados.
No obstante, debemos aclarar algo antes de que los perros de la ira canariones y sus secuaces en Tenerife nos acusen de lo mismo de siempre. Estas Islas nunca han sido xenófobas ni racistas. Al contrario: siempre han acogido extranjeros procedentes de todas las latitudes y longitudes. Jamás nos ha importado que tuvieran la tez rubia, cobriza u oscura. Decimos oscura y no negra, pues la santa inquisición socialista no deja de perseguirnos con tanta inquina, que constantemente sentimos su aliento en el cogote. Un acoso que se ha convertido en una orgía de los periodistas progres, algunos de ellos canariones y fracasados como profesionales. Tan grande es el desinterés de los lectores por lo que escriben, como lo son las penurias económicas de los medios que les publican sus panfletos. Abatidos por la congoja que les produce descubrir su inutilidad y aturdidos por la envidia, tratan de ocultar sus fiascos acusando de racistas y xenófobos a otros periodistas y a los medios en los que trabajan. Les corroe comprobar que otras plumas son más leídas que las suyas, y que otros medios alcanzan una difusión mucho más amplia que las de sus periódicos, habitualmente no más leídos que una simple hoja parroquial.
Entre estos periodistas envidiosos hay algún maloliente no sólo de pluma, que ya es decir, sino también pestilente en lo corporal. No se puede estar al lado de estos individuos sin mascarilla debido a sus nauseabundas emanaciones. Una carencia de aseo equiparable a su fetidez intelectual que, sin embargo, no les impide sentarse a mesas con manteles blancos para engullir manjares que rara vez pagan de su bolsillo.
Esta orgía a que nos referimos está llenando los juzgados de denuncias estúpidas -aunque peligrosas-, con lo cual la Justicia no puede ocuparse de asuntos más serios que fomenten el progreso del país. Acciones todas estas alentadas por ciertos políticos socialistas, tan fracasados como los periodistas que los entrevistan con preguntas benévolas en medios que les son afines.
Nuestras críticas se centran en determinados políticos socialistas, pero no en todos. Frente a la numerosa caterva de indeseables que pululan en el PSOE, otros realizan una labor importante para su pueblo. Es el caso del presidente del Cabildo de La Gomera, Casimiro Curbelo. Coincidimos con él en que una isla no puede estar aislada por mar, pues las comunicaciones naturales entre islas se realizan por vía marítima.
¿Por qué no le exige al Gobierno central el Cabildo de La Gomera la libertad que merece el Archipiélago para administrar bien sus bienes, entre ellos el transporte? ¿Cuándo llegará el día en que los canarios gestionemos lo que tenemos en las Islas, y no dependamos de los políticos españoles? Respecto a otro asunto que también le afecta a La Gomera, ¿por qué no le pide Casimiro Curbelo al Gobierno que le impida a Canaria falsear la historia con esa engañifa de la Casa de Colón, cuando La Gomera es la verdadera isla colombina? Sin embargo, en este aspecto Curbelo mantiene un mutismo vergonzoso y vergonzante.
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