No sabe uno si en este planeta plagado de simplezas, de estereotipos prefabricados y de derrumbes ideológicos, que ha sido la constante del último tercio del pasado siglo, no se estará acentuando aún más el embabecamiento por personajes que, sin dudar de su importancia y trascendencia, tal vez nos estamos pasando de la raya con ellos.
Se puede entender y asimilar como natural que el que nos llega con una aureola de fantástico, de no se sabe portador de tantas exquisiteces personales e intelectuales y que se ha encaramado en la cúpula del mundo no sea también un espécimen elaborado por la decadencia del imperio o si no se ha estructurado desde la desgana de la gente para apostar por lo pintoresco y diferente, sin más. Lo que corrobora la historia de ese país, EEUU, donde se pasa del cero al infinito con una celeridad pasmosa, o donde la utopía sigue siendo posible.
A muchos les habrá quedado cierta pena por no haber formado parte de esos casi tres millones de personas que, apretujadas y enarbolando la bandera de las barras y estrellas, no se cansaban de aplaudir las palabras de Obama durante esa ceremonia que costó un dineral, 160 millones de dólares, y que contó también con la asistencia de relevantes personajes de la política mundial, que, junto con el despliegue de todos los medios puesto a disposición de papanatismo, vitorearon al mandatario que va a reordenar el mundo y poner en su sitio al que se ido de las filas establecidas.
La papeleta que tiene ante sí el recién nombrado presidente no es para partirse de risa. Ha hecho un primer gesto cual es sacar de Guantánamo a los prisioneros allí confinados. Pero ahí no debe concluir esta primera intención, sino que debería terminar reintegrando ese territorio a su legítimo dueño, que es Cuba. Y está por ver el gesto ante Israel, el masacrador de Gaza, que hasta el momento sigue impune y desafiante desde su arrogancia y poderío. Qué va a pasar en Afganistán e Irak, y qué política ante el resto del mundo islámico son incógnitas que el tiempo irá desvelando ante la dificultad que encierran.
Deseamos que todo cambie y que se comience también por detectar la golfería de los banqueros y financieros que han originado el desbarajuste económico actual y que cojan el camino que deben coger, y no como ahora, ser premiados y ayudados con dinero público para sanear sus desvergüenzas escandalizantes.
Lo que sí es cierto es que estamos ante un cambio de paradigma que aún no está establecido; el mundo del capital está dejando de ser lo que ha sido y toma un rumbo diferente e incierto, de ahí que la inteligencia habrá que agudizarla y, sobre todo, tener la suerte de cara. El que nos haya llegado con todo el esplendor del artificio Obama no es para echar las campanas al vuelo porque sabemos que su poder está mediatizado y disminuido por los que han mandado en el imperio, que son los poderosos de siempre, dentro de los cuales él forma sólo una parte de ese poder. No lo olvidemos.
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