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MARÍA DEL PINO FUENTES DE ARMAS*

Carme Chacón II

26/ene/09 07:31
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ESTE AÑO era la primera vez que se celebraba la tradicional Pascua Militar con una mujer como titular del Ministerio de Defensa, un motivo más que suficiente para que Carme Chacón se convirtiera en protagonista indiscutible de una jornada que, secularmente, había tenido un acento masculino. Pero ese logro pionero quedó, al igual que el contenido de su discurso, eclipsado por algo más superficial: la elección de vestuario, ya que con su puesta en escena el 6 de enero, en el Palacio Real de Madrid, la señora ministra levantó una auténtica polvareda al convertirse en titular de noticia por llevar al solemne acto castrense un traje inadecuado, de pantalón y chaqueta, tipo esmoquin, en lugar del recomendado traje largo. Incumplía, así, las normas de la etiqueta, lo que marca el protocolo para los actos en el Palacio Real. (Les remito al artículo "Una ministra con pantalones", publicado en esta misma sección el pasado 12 de enero).

En las Fuerzas Armadas la disciplina es un pilar fundamental, por tanto es razonable pedir a la titular de Defensa, aunque ésta no sea militar, que respete las normas establecidas, recordándole que por propia voluntad asumió el cargo de ministra del Gobierno de la nación, percibiendo por su trabajo unos haberes del dinero público, teniendo por ello la obligación de respetar las tradiciones inveteradas del país y ser, además, la primera en dar ejemplo, lo que se llama hacer política de gestos. Se le pide que gobierne las Fuerzas Armadas y para ello es preciso respetar el ceremonial de las mismas, la uniformidad y la disciplina que han sido y son parte intrínseca de sus valores.

Por todo ello, a tenor de lo publicado al respecto, y de las opiniones vertidas en diferentes foros -pues ya se sabe que "hay gente con clase y clase de gente"-, y que pueden prestarse a confusión, desearía puntualizar que:

-Es la Pascua Militar una ceremonia solemne de carácter nacional, dotada de especial relevancia y significación para las Fuerzas Armadas, que cuenta con la asistencia del Rey, la Familia Real, el presidente del Gobierno, ministros, autoridades civiles y representantes de todos los Ejércitos; de la Guardia Civil; de la Asamblea de las Reales y Militares Órdenes de San Fernando y San Hermenegildo y de las Hermandades de Retirados. Asiste, por tanto, la titular de Defensa como invitada, aunque en el Orden del Día esté prevista su intervención, debiendo cuidar el mensaje a transmitir, ya que no se dirige solamente a las Fuerzas Armadas, sino a todos los públicos, entre ellos los muchos consumidores de noticias en los medios de comunicación.

-Habida cuenta de la naturaleza y el carácter de la convocatoria, es el jefe del Cuarto Militar de SM el Rey el que se dirige por carta al Ministerio de Defensa para informarle de la celebración del acto, solicitando el nombramiento de un coordinador con el objeto de establecer los contactos necesarios para llevar a cabo el ceremonial. Tras los trámites pertinentes y las reuniones a que hubiera lugar se perfilan las listas de invitados, siendo la Casa Real la que invita, estableciendo la etiqueta para los militares en Uniforme de Gala, modalidad A; para los civiles el chaqué, en el caso de los caballeros, y el vestido largo en el caso de las señoras. Por tanto, la ministra iba inadecuada para la ocasión y -sin entrar en la calidad del tejido, texturas, corte o modelo- cualquier avezado en protocolo social sabe que el esmoquin sólo se permite para actos por la noche o a última hora de la tarde, y la Pascua Militar tuvo lugar a las doce del mediodía.

-Le pese a quien le pese y de acuerdo con la Constitución de 1978, la forma política del Estado español es la Monarquía Parlamentaria. Su cabeza visible es el rey don Juan Carlos I, quien cumple a la perfección las funciones que le atribuye a la Corona el Título II de la Carta Magna. El Rey es jefe del Estado, símbolo de su unidad y permanencia, árbitro y moderador del funcionamiento regular de las instituciones y máximo representante de nuestra nación en las relaciones internacionales. Funciones que han sido ejercidas desde la perspectiva de una «monarquía de todos» como base para la estabilidad institucional. Los valores y principios que sustentan la arquitectura constitucional tienen en el monarca y en la Familia Real sus principales valedores, sin que por ello renunciemos los españoles al libre juego del pluralismo político. Por ello, la Familia Real se merece el respeto de la ciudadanía y que se observe el debido decoro en el cumplimiento del ceremonial en su presencia, empezando por los miembros del Gobierno de la nación.

-En cuanto a la figura de la Reina, a la que han tachado de "mera acompañante", la Carta Magna indica claramente que: no podrá asumir funciones constitucionales, "salvo lo dispuesto para la Regencia" (1), si bien en España, desde las Partidas de Alfonso X, la mujer casada siempre tiene la condición del marido y la conserva una vez viuda mientras no vuelva a contraer matrimonio (2). En la Edad Moderna (siglos XVI y XVII), desde Isabel la Católica a Juana I, pasando por María Tudor o Ana de Austria, muchas fueron las reinas que gobernaron España. Solo dos, Isabel I (1451-1504) y su hija Juana I (1479-1555) fueron reinas propietarias, las demás lo fueron consortes. Más tarde, en la Edad Contemporánea y hasta nuestros días, solamente se ceñiría la corona de titular Isabel II, "la de los tristes destinos" (1830-1904). Por ello, no es de extrañar que las Fuerzas Armadas, en su papel de representación de la nación y en nombre de los poderes del Estado (3), y de acuerdo a lo que establece el Reglamento de Honores Militares, contemplen rendirle honores de arma presentada e himno nacional, y que a la hora de hablar de precedencias ocupe el segundo lugar en el ordenamiento de autoridades en el Estado (4).

Modestamente considero que Carme Chacón sabía lo que hacía. Era consciente de que su elección de vestuario para acudir a la Pascua Militar levantaría polémica, una manera de desviar la atención informativa y despistar a la opinión pública sobre temas sangrantes dentro del Ministerio de Defensa. Por ejemplo: la ardorosa defensa de la conciliación de la vida familiar y laboral que ha realizado la ministra mientras acunaba a su hijo, en presencia de su homóloga de Igualdad, en la comodidad de su apartamento del ministerio, nada lejos de su lugar de trabajo. Una imagen que junto a esa otra, en la que paseaba a su vástago por las terrazas del edificio, fue difundida ampliamente por los medios de comunicación, pero que no ha trasladado al Ejército, pues cuando un militar se quiere acoger a la conciliación familiar, se encuentra con una farragosa serie de requisitos formales para acreditar el ejercicio del derecho. Eso por no profundizar en el tema del apoyo a las familias de los soldados en el exterior, del continuo incumplimiento de la publicación de la ley de derechos y deberes de los militares, etc.

Aunque muchos han señalado que lo del vestuario es una cuestión meramente superficial, hay que dejar claro que la imagen es lenguaje no verbal. Por ello, esta aparición de Carme Chacón con un look de hombre -enmascarada tras un mundo de colorete, kool y gomina- se traduce en un intento de masculinizar su personalidad para poder dirigirse a los mandos de las Fuerzas Armadas. Ese mensaje, que algunas feministas tildaron de reflejo de la autoridad y fuerza de la personalidad de la ministra, se les ha vuelto en contra. A mi entender, la fuerza la perdió desde el momento en que se tuvo que poner unos pantalones para sentirse más segura, y la autoridad se esfumó cuando no acató el protocolo que la Casa Real señalaba en la invitación del acto. Lo rompedor, lo verdaderamente progresista, hubiera sido que la primera ministra de Defensa en la historia de España hubiera acudido "con faldas" a poner orden en su Ministerio. No quiero pensar que Chacón sea de las que opina que las mujeres en falda no cumplimos las tres reglas del buen político: seguridad, seriedad y cercanía.

A estas alturas del desarrollo de los acontecimientos, nadie duda del deseo de romper moldes de la ministra, de su pregón sobre la igualdad, pero se equivoca si piensa que ésta reside en ignorar la norma. Al contrario, lo valiente es ser mujer, ejercer como tal y ocupar un puesto, con faldas y todo, en la élite del poder. Nadie habla de la inteligencia como valor masculino o femenino. Ha sido una lástima que su transgresión de las formas haya eclipsado la imposición, por primera vez, en el devenir de las Fuerzas Armadas, de la Cruz de la Orden de San Hermenegildo a una mujer: la comandante del Cuerpo Militar de Sanidad Milagros Hijosa Pedregosa.

1. Artículo 58 de la Constitución de 1978.

2. Partidas IV.2.7.

3. R.D. 1368/1987 de 6 de noviembre sobre régimen de títulos, tratamientos y honores de la Familia Real.

4. R.D. 2099/1983 de precedencias del Estado Español.

* Titulada superior universitaria en

Relaciones Institucionales y Protocolo

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