Después de la furia bélica que Israel descargó sobre la población palestina de la franja de Gaza parece que se vuelve a una situación de cierta "normalidad" con la interrupción de los bombardeos y la posibilidad de continuar dando ayuda humanitaria a las víctimas del conflicto.
Hablar de vuelta a la normalidad en Gaza después del espectáculo de genocidio que hemos presenciado no deja de ser una exageración. Si la situación en Palestina era mala antes del ataque israelí, ahora es peor tras más de mil trescientos muertos, ocho mil heridos y miles de edificios destruidos, con inclusión de escuelas, oficinas y depósitos de la ONU. La imagen de Israel como Estado despiadado se ha ampliado y la identificación de la violencia con la administración norteamericana de Bush encuentra de nuevo reconocimiento en la comunidad internacional. Los crímenes de Gaza han salpicado incluso al nuevo presidente de los Estados Unidos, que se mantuvo en silencio mientras Washington apoyaba la masacre de civiles indefensos, hombres, mujeres y niños, por el ejército de Israel, pertrechado por los norteamericanos.
No han salido tampoco bien parados los dirigentes árabes de la zona, incluida la Autoridad Nacional Palestina, presidida por Mahmud Abbás. Los pueblos árabes acusan hoy a sus dirigentes de complicidad o complacencia con la acción punitiva israelí, aunque algunos estados, como Mauritania y Qatar, hayan cortado sus relaciones diplomáticas con Tel Aviv.
La imagen de la Unión Europea en el conflicto no ha salido bien parada. Aunque el Parlamento Europeo votó en contra de un nuevo acuerdo de la Unión Europea con Israel, la Comisión no ha tomado ninguna medida que hiciera sentir a Israel las consecuencias de sus actos ilegales. Por el contrario, ha seguido reforzando la cooperación con Tel Aviv como si las violaciones de los derechos humanos más fundamentales no contaran para nada en la política exterior europea.
Ahora, tras su silencio ante la agresión, sólo queda a la Unión Europea volver a hacer el papel de buen samaritano, es decir, ayudar a la reconstrucción, una vez más, de lo que Israel destrozó. Pero la Unión Europea no podrá reconstruir los centenares de vidas humanas cercenadas, las lesiones producidas a millares de personas y el trauma ocasionado a la población palestina y, en especial, a los niños, por el despliegue de brutalidad israelí.
Tampoco podrá borrar la Unión Europea la imagen de debilidad e impotencia que ha proyectado en esta ocasión. Las instituciones políticas sólo se legitiman por el mantenimiento de principios morales. La Unión Europea, por incapacidad o por falta de voluntad política, no ha sabido responder a este episodio flagrante de violación de la legalidad internacional en la proximidad de sus fronteras exteriores. Su credibilidad ha resultado mermada en consecuencia.
La primera víctima de esta muestra de debilidad de la Unión Europea es la Unión Mediterránea, desarrollada por Sarkozy sobre la base del proceso de Barcelona que iniciara Felipe González. Por lo pronto, los países árabes han manifestado que no están dispuestos a continuar participando en este proceso conjuntamente con Israel. Hará falta mucho esfuerzo político y gran tacto diplomático por parte de la Unión Europea para volver a sentar juntos a árabes e israelíes en el proyecto europeo de Unión mediterránea.
* Diputado al Parlamento
Europeo, PSOE
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