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ENRIQUE GONZÁLEZ

Tengo frío

25/ene/09 07:51
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HACE MUCHO frío. Las previsiones del tiempo son alarmantes. Las temperaturas han bajado y bajarán mucho más. El tiempo es desapacible, los vientos transportan aires glaciales. El sol, acobardado, se esconde; tampoco es su estación. La neblina desciende a ras de tierra. Las nubes, que cubren todo, se revientan en vómitos acuosos. El mar se enfurece, las olas se encabritan. El aire tiene textura líquida. La tierra está empapada, rezuma agua. Charcos y lodos. Las calles desoladas, barridas y lavadas por los vientos que no cesan y las lluvias que no amainan. Los árboles, espectros invernales, que han perdido sus hojas. Las casas, habitadas de frialdades, desprenden un olor dulzón. Lo metales hieren. Los cristales repelen. Las ventanas, con sus barrotes líquidos de arriba a abajo, encarcelan. Las paredes y los techos enverdecen. Las heladas oscuridades de la noche hacen tiritar el cuerpo y deprimen el alma.

Tengo frío. Las manos están frías, los pies congelados. La nariz, también fría, destila gotas de viscosa secreción. Los ojos lloran. Las orejas se azulean. Las mejillas se enrojecen. El cuerpo se encoje. Los músculos tiemblan. La piel, engallinada, se pliega. El aire araña los bronquios. Los abrigos son insuficientes. Las mantas aplastan más que abrigan. Tengo frío.

Tengo frío por todo lo que me rodea. Por las noticias que invaden mis oídos, que martillean mis ojos. Por las guerras que no cesan, por los conflictos que no terminan. Por la crueldad que domina al mundo. Por la pobreza que se extiende por la tierra. Por la avaricia que domina. Por la humildad que desaparece. Por la estupidez que prospera. Por la incultura que predomina. Por el respeto que se desvanece. Por la indiferencia que reina.

Tengo frío por el distanciamiento entre los humanos. Por el predominio y el dominio de la corrupción. Por la falta de confianza en los que gobiernan. Por la inseguridad que produce la Seguridad. Por la injusticia que produce la Justicia. Por la mala enseñanza que reciben los jóvenes. Por la mala educación que se propaga. Por la falta de motivación para una superación personal. Por el engaño permanente.

Tengo frío por las familias que se rompen, los hijos que se desparraman y los viejos que se abandonan. Por los familiares que se han ido. Los amigos desparecidos o distanciados. Por los que destrozan la vida. Por los vecinos que no se entienden. Por los que trabajan sin premio. Por los que cogen mucho y dan poco. Por la lucha entre la verdad y la mentira, por la disputa entre la dignidad y la indignidad. Por la arbitrariedad y la desconsideración.

Tengo frío por las temperaturas que me envuelven y por la falta de energía para las combustiones del alma. Tengo frío en la intimidad más escondida y reflexiva. Siento que un helado desconsuelo, como copos de nieve, cae en mi alma. Tengo el frío irresistible del desamparo, del desencanto, de la desilusión. Tengo frío y tengo miedo al frío porque, poco a poco, lentamente, se apaga la llama interior que genera y madura los buenos y desinteresados sentimientos. Busco afanosamente en la escarcha helada de la soledad y no encuentro nada que echar al hornillo apagado de mi alma.

Tengo frío. Se extingue el horno de mi alma. Su temperatura desciende día a día y noche a noche, no soporta más los helados soplos de la indiferencia y la estupidez de los humanos. No puede ser. No me resigno, mi voluntad de vivir no se resigna. Seguro que algo queda. Algo que se resiste a las garras y a las mandíbulas de la melancolía. Antes de abandonar, busco desesperadamente en las frías cenizas y encuentro un cálido rescoldo de esperanza. Un pequeño leño que aún chispea, que aún tiene vida. Algo que resiste al frío. Queda el deseo de vivir. Queda el alma.

Tomaré un buen vaso de whisky, sin hielo y sin agua. Dicen que el whisky necesita fuego, agua y tiempo para ser agua de vida, para que las penas se disuelvan en el agua. Seguro que el frío pasará y atravesaremos el equinocio del sufrimiento. Mañana será otro día. Quizá, salga el sol, y el cuerpo se entibie y el alma se caliente. La vida empieza cada día. Un mal día lo tiene cualquiera. Vendrán los días de floración y de frutos, y atrás quedará el crudo invierno de la vida. Siempre estará el alma.

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