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Continúan las escaramuzas en Gaza y aumentan los muertos pese a la tregua

El intercambio de disparos sigue. La bala en la cabeza que, a sus siete años, sumió ayer a Ahmed Hassanin en un coma profundo -un proyectil disparado a las nueve y media de la mañana del jueves, cuarto día de la tregua-, es la prueba de que en Gaza el alto el fuego es tan letal como fueron las tres semanas de ofensiva.
24/ene/09 07:28
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UN GRUPO DE PALESTINOS permanecen sentados en los escombros de una mezquita destruida por Israel./ efe
UN GRUPO DE PALESTINOS permanecen sentados en los escombros de una mezquita destruida por Israel./ efe

COLPISA, Gaza

Hay treguas que matan. Treguas de salón de negociaciones tan falsas que son casi como la misma guerra. La bala en la cabeza que, a sus siete años de edad, sumió ayer a Ahmed Hassanin en un coma profundo -un proyectil disparado a las nueve y media de la mañana del jueves, cuarto día de la tregua-, es la prueba de que en la franja de Gaza, el alto el fuego es tan letal como lo fueron las tres semanas de contienda.

En su inocencia infantil, Ahmed creyó que la tregua significaba que ya podía salir a la calle polvorienta de su barrio de Abu Reish a jugar con los otros niños, aunque la bala de un francotirador que le perforó la frente se encargó de sacarle del error. O no.

Porque, quizás, Ahmed no sobreviva para aprender que las treguas son una mentira. Y más en un barrio como el suyo al noreste de la Franja, pegado a la valla de separación con Israel, donde el intercambio de fuego sigue, aunque nadie lo quiera ver.

El neurocirujano que le operó, Usama Said Aklouk, dice que Ahmed "puede salvarse", pero que no hay forma de extraerle la bala maldita que le ha dañado el cerebro, y que podría quedar parapléjico, sin habla o sin capacidad mental siquiera para reconocer a los suyos.

Quince hermanos

Ahmed es el decimotercero de quince hermanos, hijos de Magid Hassanin, que ya habla de su pequeño en pasado. Acostado en una cama de la UCI del Hospital de Shifa, Ahmed tiene los ojos cerrados, pero inundados de lágrimas. Parece que llora en silencio, como si hubiera escuchado al internista que le cuida, Oman Ahmed, decir que está "más cerca de la muerte que de la vida".

Y más cerca de la muerte que de la vida, y "solos y desesperados" clama el doctor Nafis Abú Shalam que están todos los palestinos, cuando habla de sus pacientes de la Unidad de Quemados del mismo hospital de Shifa. Un hospital donde la misma guerra inacabada que ha segado la niñez de Ahmed sigue matando a los heridos más graves, los que no han podido ser movidos a sus casas para dejar la cama a los siguientes. Los que, -explica el médico- han llegado con inexplicables lesiones, como "amputaciones limpias sin sangre", cauterizadas, que no saben ni cómo tratar.

Como tampoco supieron qué hacer con otros que fallecieron poco después de ingresar sin daños aparentes, sin nada que pudieran detectar siquiera los Rayos X, aunque al abrirlos se encontraron con "terribles hemorragias internas", que son incapaces de explicarse.

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