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DESDE DENTRO RICARDO PEYTAVÍ

Indecorosos y dilapidadores

24/ene/09 07:28
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Andan ciertas plumas progres ofuscadas estos días porque el Gobierno de Canarias se ha gastado, según parece, 120.000 euros para realizar algunas reformas en la residencia oficial del presidente en Las Palmas. Concretamente, en un hotelito situado en Ciudad Jardín, destinado a que Paulino Rivero lo ocupe, en función de su cargo, cuando pernocta en la "capitá". Dilapidación agravada, según las mismas y progresistas fuentes, por el hecho de que don Paulino no se hospeda allí, sino en un lujoso hotel cuya factura se sufraga con el erario. Bueno, las doctas y progresísimas plumas que dan cuenta de la prodigalidad autonómica siempre escriben erario público, esencialmente porque la tarea de leerse los argumentarios que les envían desde Ferraz no les deja tiempo para consultar el diccionario y enterarse, de una progre y jodida vez, que erario significa en su primera -y principal- acepción hacienda pública. Aunque a la progresía, incluso a la vernácula, le encanta reiterarse.

Un afán de repetir siempre lo mismo que no les causa ningún empacho. Podemos discutir si 120.000 euros suponen una cantidad elevada para realizar reformas en un chalet. Posiblemente, sí. Aunque no un guarismo tan desmesurado, proporcionalmente hablando, como gastar 60.000 en decorar sólo un despacho con sillas de diseño a medio camino entre lo que es el mobiliario propiamente dicho y el arte escultórico. Trastos a los que su creadora, una tal Claudia Stilianopoulos, denomina con nombres tan sugerentes como sillas-escalera, mesas-órgano, divanes de rulos, sillones-archivo y otras mentecateces parecidas. ¿Y quién ha sido el genio -o la genia- de la Administración progre que ha encargado este dispendio silenciado por las plumas del régimen? Por Dios, no me digan que aún no han caído. ¿Quién podía ser la autora de la ocurrencia, salvo esa miembra indiscutible de la imbecilidad política llamada Bibiana Aído? Aunque a doña Bibiana, y también al tipo del talante que la hizo ministra, se le perdona todo.

Quizá estas situaciones grotescas acabarían para siempre si recuperásemos la dignidad como palabra de uso corriente. La dignidad, empero, no está de moda. Lo comentaba ayer a cuenta de dos dignos ciudadanos de Santa Cruz. La dignidad ha sido sustituida por la conveniencia; esa conveniencia que aconseja mirar al bolsillo antes que escuchar la voz de la conciencia. No obstante, todavía quedan personas decentes. Verbigracia, Odalys Padrón. Una ciudadana de Santa Cruz que ahora le estorba al dandy de la calle del Castillo y al doctor Guigou. Ambos se han caído del caballo no camino de Damasco, como San Pablo, sino acaso por los alrededores de Las Teresitas. "Ángel, Ángel, ¿por qué me persigues?", parece que escuchó Guimerá tras dar con sus huesos en tierra. "¿Quién eres, señor?", respondió mientras sacaba el pañuelo del bolsillo de la chaqueta para secarse el sudor agitado que le empapaba la frente. "Soy Miguel, a quien tú persigues". Y Ángel se convirtió. Parece que la fe de Guigou también le vino por el mismo camino, aunque todavía no lo he confirmado. El caso es que, ya reconvertidos y conocedores de la verdad de la vida, han decidido expulsar a Odalys del partido -¿de cuál, si sólo son ellos tres?- como quien se desprende de un pañuelo de papel, inservible una vez usado. Todo sea por Santa Cruz, aunque lo dudo.

rpeyt@yahoo.es

 

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